¿Tienes baja tolerancia a la frustración?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 8 septiembre, 2017
Alex Bayorti · 11 enero, 2013

El nivel de tolerancia a la frustración depende de cada persona y cuando es bajo se manifiesta de muchas formas. Un ejemplo: Alicia tiene 23 años y ha ido de viaje con su familia. Antes de embarcar en el avión se da cuenta de que su documento de identidad no está en su maleta de mano, donde debería de encontrarse. Enfurecida, culpa a su madre de que le ha lavado el día anterior su ropa y de haber hecho mal su maleta.

Probablemente, si ella misma hubiese realizado estas tareas, que son suyas y no de su madre, no hubiese olvidado su documento en casa. Alicia es un ejemplo de baja tolerancia a la frustración sin saberlo, porque esta surge al gestionar negativamente los sentimientos en las situaciones de estrés. Y tú, ¿eres de los que se ahogan en un vaso de agua?

“La frustración está provocada por una sociedad que nos pide ser lo que no somos y nos culpa de ser lo que somos. Ahora mismo, todo sigue estando dirigido por hombres; la mujer está en claro desequilibrio. Para comenzar, hay que equilibrar  la igualdad de hombre y mujer”

-Alejandro Jodorowsky-

“Mis deseos son órdenes”

Prácticamente todos los niños tienen baja tolerancia a la frustración. En el proceso de aprendizaje se va desarrollando la capacidad de afrontar las situaciones en las que no se consigue todo lo que se quiere, ya sea que otro niño juegue contigo, que tu madre te compre unas gominolas o que se te haya caído el helado y no te quieran comprar otro.

Niño con baja tolerancia a la frustración

 

Sin embargo, hay algunas personas que nunca llegan a comprender que sus deseos no siempre serán satisfechos y que a sus preferencias se interpondrá el entorno, ya que existen otras personas, también con deseos propios y aspiraciones, así como inconvenientes de carácter técnico, ambiental y muchas otras.

Existen muchas modalidades. Sin embargo, la baja tolerancia a la frustración suele expresarse cuando la persona se enfrenta a una situación de estrés en cuyo caso reacciona con ira, rabia o melancolía desmedida ante situaciones que la mayoría de las personas son capaces de resolver en su interior.

En los casos más serios una baja tolerancia a la frustración puede desembocar en problemas relacionados con el consumo de drogas, la automarginación social o el suicidio.

“La frustración es un estado emocional interesante, porque tiende a sacar lo peor de quien está frustrado”

-Daniel Handler-

Resuelve tu baja tolerancia a la frustración

Hay cuatro indicativos que resultan útiles para clasificar a una persona con baja tolerancia a la frustración:

  • La persona con BTF no puede diferenciar sus deseos de sus necesidades.
  • Sus reacciones ante un deseo no satisfecho se manifiestan con una explosión de sentimientos que oscilan entre la insistencia desmedida y la cólera, llegando incluso a agredir verbalmente a la persona “encargada” de cubrir sus necesidades no satisfechas.
  • Tienen problemas para aceptar que la vida no tiene por qué ser fácil y cómoda, como ellos se afanan en creer que ha de ser. De hecho, se aferran en el “deber ser” y no aceptan que “es”.
  • Tienen un miedo atroz al fracaso y bajos niveles de paciencia.

 

La baja tolerancia a la frustración se ha definido como un importante trastorno emocional capaz de romper familias, amistades y relaciones laborales y sentimentales. Lo cierto es que las personas que la sufren pueden aprovechar aspectos de sí mismos como son la insistencia, la agresividad no verbal y su excesiva capacidad de persuasión para desarrollar estas aptitudes de manera positiva hacia su entorno al tiempo que aprenderán a relajarse.

Pareja enfadada

“No consulte a su temor, sino a sus esperanzas y sueños. No piense acerca de sus frustraciones, sino sobre su potencial”

-Juan XXIII-

No obstante, el reverso negativo de la persona que acepta su baja tolerancia a la frustración, sin querer cambiarla, puede manifestarse en numerosas enfermedades compulsivas como la tricotilomanía (tocarse y arrancarse el cabello), compras compulsivas, cleptomanía, automutilación, piromanía o desorden explosivo intermitente (explosiones de ira sin causa aparente).

Aceptación como camino

La aceptación es un proceso mediante el cual comenzamos a interiorizar que ni todo saldrá como queremos y que no podemos controlar todo lo que nos rodea. Nuestro control sobre el mundo es limitado, muy limitado, y dentro de una limitación estamos sujetos al cambio. Así que lo mejor es comenzar a integrar en nuestra forma de pensar que el control de todo es imposible.

“Si algo tiene solución, ¿por qué tanta preocupación? Si no la tiene, ¿por qué tanto desconsuelo?”

-Shantideva-

Otro aspecto fundamental es saber que existen otros puntos de vista. Nuestra opinión es eso, nuestra, de nadie más. Diez personas ante una misma situación puede reaccionar de diferente forma, ¿y quién tiene razón? ¿Por qué la tenemos nosotros? En nuestro historial de aprendizaje está escrito que siempre hemos tenido razón, por las buenas o por las malas, pero no siempre ha sido así. Por lo que abrir la mente y aceptar nuevos puntos de vista, no sólo nos va a liberar de la ira, sino que nos va a enriquecer como persona.

Todos deseamos ser felices, pero las cosas no salen siempre como nos gustaría. Ante este hecho lo mejor es ver qué ha ocurrido, analizarlo e intentar que no vuelva a ocurrir. ¿Qué ganamos montando un drama? Nada. Así que vamos a ver todo aquello de lo que realmente no tenemos control y vamos a empezar a liberarnos de ataduras innecesarias.