Principales tipos de relaciones toxicas - La Mente es Maravillosa

Principales tipos de relaciones toxicas

Yamila Papa 16 noviembre, 2014 en Psicología 3365 compartidos
Amigos enfadados que muestran relaciones tóxicas por envidia

Las relaciones tóxicas son grandes “vampiros” para nuestras energías. Sin embargo, muchas veces no nos resulta fácil identificar este tipo de relaciones, bien por falta de habilidad, porque el daño es muy paulatino y está muy bien disfrazado o porque la relación que nos perjudica tanto también nos aporta otras cosas a las que no estamos dispuestos a renunciar.

Las relaciones tóxicas nos atrapan, como si fuera un pantano con arenas movedizas y cuanto más queramos librarnos, más difícil se nos hace desengancharnos de sus garras.

No se enseña mucho acerca de este tipo de relaciones y puede que esta sea la razón principal de nuestro problema de soltar lo que nos hace mal. Y si realmente recibimos enseñanza al respecto, es cuando ya hemos salido heridos. Pero como siempre decimos, los errores son los mejores maestros de nuestra vida.

Escapar de las relaciones tóxicas

Amigas enfadadas con relaciones tóxicas

Por más que consultemos, no hallaremos a nadie que haya podido despegarse de alguien tóxico de la noche a la mañana, como si fuera un poco de tierra que ha quedado en nuestros zapatos. Las relaciones tóxicas nos atrapan en una red negativa, lo mismo que ocurre con un insecto en una tela de araña. No solo hablamos de parejas, sino también existen personas tóxicas en otros ámbitos: familiares, amigos, colegas, etc.

Como primera medida, una relación tóxica nos hace mal, nos impide avanzar, manipula todo aquello que nos reconforta de nuestra existencia, destruye aquello que somos, no nos da “permiso” para pensar ni actuar como queremos… en definitiva, nos hace seres infelices. Y como dijimos antes, se hace cuesta arriba poder salir airosos al intentar desengancharnos de esa red que ahoga, reprime, lastima…

La relación tóxica se desarrolla entre dos personas, una dominante y otra sumisa, aunque puede que ninguno de los dos se de cuenta de ello.
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Existen muchos problemas de comunicación a los que se suman las mentiras, los chantajes emocionales y, sobre todo, la manipulación. Si bien ambas partes pueden sufrir, el que se lleva la peor parte es el que acata las órdenes.

Relaciones tóxicas que deberíamos evitar

Manos encadenadas que simbolizan relaciones tóxicas

Una de las relaciones tóxicas más comunes son aquellas donde una sola persona está a cargo o decide. Quiere siempre tener el control, no escucha las opiniones ajenas, no está de acuerdo en la justicia ni en la equidad. Esa persona es la única que crece, mientras que la otra cada vez se hunde más.

En segundo término, también lo son las relaciones que cumplen la función de “llenar” o “completar” un vacío existente. Debemos conseguir sentirnos plenos por nosotros mismos, sin que otro sea el encargado de suplir las carencias.

El tercer tipo que hay que evitar son las relaciones codependientes. Son aquellas en las que ambos integrantes son pasivos y dependen del otro para ser felices, no saben lo que es la individualidad y precisan de la aprobación externa para actuar, siempre priorizan las necesidades ajenas por sobre las propias.

Otros tipos de relaciones tóxicas

La idealización o las expectativas subrreales son también un tipo de relación tóxica. Estas ocurren cuando se exige una perfección imposible de alcanzar, cuando se espera todo el tiempo cambiar al otro hasta que se amolde a nuestros gustos, etc.

También son relaciones tóxicas las de esas personas que utilizan problemas pasados para justificar lo que hacen en el presente. Pueden ser unos padres muy autoritarios, una pareja celosa o un abandono en la niñez. Todo vale como excusa de los actos diarios.

Otro tipo de relación tóxica es la que está basada en mentiras continuas, donde nunca se sabe qué es cierto y qué es una falacia. También podemos incluir aquí ocultar información o todo aquello que derrumbe la confianza (que es muy difícil de recuperar). De la mano de ella, podemos señalar las relaciones donde el perdón no es un sentimiento genuino y además no hay intensiones de reparar lo que se ha dañado.

Por último, están las relaciones que se basan en la agresión-pasividad durante la comunicación. Cuando en vez de hablar abiertamente se lo hace con indirectas o prejuicios, cuando las palabras o la actitud siempre es hostil y cuando no hay atención al tratar entablar un diálogo.

Tal vez con estas explicaciones podamos estar más alerta y determinar en qué momento una relación se ha vuelto tóxica.

Yamila Papa

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