Suegras tóxicas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 24 agosto, 2017
Yamila Papa · 22 abril, 2019

Hay mucho de mito en eso de que las suegras son entrometidas, chismosas, controladoras, matriarcas (sobre todo la madre del marido). Pero también es cierto que existen algunas que realmente son de temer. Pero el problema no es de las madres, de esas suegras tóxicas, sino de los hijos que no saben poner freno a su intromisión, algo que termina generando bastantes conflictos.

En realidad, el gran inconveniente no es cuando la suegra tira la primera piedra, sino cuando el hijo no defiende a su esposa. Atención, que también puede suceder a la inversa con la madre de la mujer o hasta con los padres, aunque es cierto que en este último caso se da con menor frecuencia.

Sin embargo, como se decía anteriormente, una persona hará lo que se le permita hacer. Ocurre a cualquier edad. Si desde el primer episodio se le dice, amablemente, que no se entrometa en asuntos que no le incumben, hay más posibilidades de que eso quede solo como una anécdota.

Hija hablando con su madre

“Si quieres ser buena suegra y por tu nuera alabada, ten la bolsa abierta y la boca bien cerrada”.

-Refrán popular-

¿Cómo actúan las suegras tóxicas?

Cuando en una relación entran terceras personas sin que haya un consenso al respecto, el conflicto estará a la orden del día. Puede que haya una parte de celos en la esposa, o de la suegra, una disputa por el amor del hombre, pero en definitiva, los que se terminan peleándose son los esposos. Por ello es importante saber distribuir el tiempo y dejar algunas cosas claras cuando surgen los conflictos. Una relación es de dos. Los demás pueden opinar, sin embargo, entre la opinión y la intromisión hay una fina línea que lo separa. Así pues, ¿hasta dónde debemos dejar que las suegras opinen?

Una de las claves es dejar que se expresen sin que por ello llegue a condicionar la relación. De esta forma, ellas podrán decir lo que quieran, pero el hijo o la hija podrá tener más o menos en cuenta sus palabras. Si nuestra relación está bien afianzada y el amor es sano y genuino, lo que digan las suegras nos será más indiferente. En ocasiones, incluso, si la intromisión es demasiado evidente, una conversación con estará de más. Pero, ¿qué ocurre si no ponemos freno y dejamos que influyan en la relación?

Situaciones desagradables

Las estadísticas indican que así es en la mayoría de los casos. Llevar esa carga familiar puede dar lugar a otras situaciones y hasta puede demostrar la falta de madurez de los hijos para no enfrentarse a sus padres, en especial a esas suegras tóxicas. Es por esto tan importante tener una charla cuando la opinión de la suegra se convierte en intromisión impertinente.

Desde llevarle su comida preferida a indicar cómo criar a los hijos (o sea sus nietos), pasando por querer cambiar cosas de la nuera a intentar vivir en la casa de la pareja (o pasar muchas horas allí), todo es posible. Es entonces cuando el matrimonio ha de demostrar lo fuerte y maduro que es y, sobre todo, que no se deja influir por lo que dicen los “terceros”.

Suegras tóxicas

Esto no significa que la suegra sea un demonio por querer ayudar a su hijo y a su nuera, porque todo depende de cuánto permiso se le otorga o hasta qué punto puede opinar o meterse en la vida ajena. El problema real comienza cuando el hijo no es capaz de reconocer la intromisión, el recelo o el rechazo hacia la esposa. En muchos casos, culpa a su pareja de ciertos comentarios, no sabe defender a su compañera, no se enfrenta a su madre, etc.

«No existe la madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre».

-Jill Churchill-

Reaccionar ante las suegras tóxicas

Pongamos un ejemplo. Llega a la casa de la pareja la madre de él, abre la nevera y se fija que haya todo lo que a su hijo le gusta, indica que esa comida no es saludable para él o que le va a preparar su plato preferido. La esposa le comenta la situación a su pareja. Pero, en lugar de hablar con su madre, el hombre dice que está exagerando, que “solo quiere ayudar”, que deje que opine sobre el tema de la comida, que no lo hace para molestar, que no está mal.

Hasta allí podría ser una situación normal en una pareja. Ahora bien, siguiendo con ese ejemplo, la misma suegra llega a la casa y le dice al hijo que su esposa es una desordenada, que no sabe cocinar, que no lo “atiende” como corresponde.

¿Cuál es la actitud que debería (idílicamente) tomar? De defensa de su pareja, de pedir a su madre que no se entrometa, que ya es mayor como para cuidarse solo. ¿Y si no lo hace? Entonces algo está fallando. La excusa de no herir los sentimientos no cuenta, es vital hacerse cargo de su dependencia. Son situaciones complejas. El hecho de que la esposa sea de una forma que no agrade a la suegra no es motivo para entrometerse en la relación. Si su hijo es feliz, es lo importante.

Pareja unida

«Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti y nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes».

-Jorge Bucay-

Hablando se entiende la gente

Si deseas mantener a tu pareja fuera de este problema, lo ideal es hablar sin la presencia de la suegra. Deja en claro que hay un precedente y que esto puede ir más lejos. Analiza la reacción de tu esposo para saber a qué atenerte y cómo reaccionar si la intromisión aumenta. Pero bajo ningún punto de vista, hacer que la relación madre-hijo se rompa, mucho menos delante de ella. Porque ahí sí que puede desatarse una guerra.

Lo ideal sería adquirir un equilibro en la relación de ese triángulo hijo-pareja-suegra. Saber delimitar el papel de cada uno y lo que puede ser una opinión constructiva no se convierta en una crítica malsana. Muchas madres pueden sentir celos de las nueras, y muchas nueras celos de las madres. En ese caso es fundamental hacer ve que tanto una madre como la nuera forman parte de la vida de la pareja y son amores importante, diferentes, pero amores.