Los cuatro tipos de presión psicológica

Hay varios tipos de presión psicológica y cada uno de ellos tiene sus propios características. ¿Cuáles son buenas y cuáles malas? Sobre esto hablaremos enseguida.
Los cuatro tipos de presión psicológica
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 03 septiembre, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 03 septiembre, 2021

Última actualización: 03 septiembre, 2021

La presión psicológica es una sensación psíquica, producto de dos fuerzas mentales que tiran en sentidos opuestos. Estas fuerzas pueden tener naturalezas muy distintas, como deseos u obligaciones contraídas. Hablamos de una situación que provoca malestar. Así, en principio, podría pensarse que se trata de algo negativo y, sin embargo, no siempre lo es.

Todos hemos vivido alguna vez una situación de presión psicológica. Además, también todos hemos tenido la sensación de que era necesaria para que diéramos un paso necesario al que nos resistíamos en alguna ocasión. Otras veces, esa presión no aportó nada. El caso es que, como vemos, hay varios tipos de presión psicológica como lo expondremos enseguida.

Al igual que el estrés, un grado de presión aumenta la eficiencia, pero luego la relación se invierte y a mayor presión comienza una disminución de la eficiencia”.

-Alicia Montero-

1. Positiva, uno de los tipos de presión psicológica

La presión psicológica positiva es aquella que nos aporta iniciativa. La forma más típica de esta es el “tú puedes, hazlo”. Tiene lugar cuando las dudas o el miedo hacen de freno y es necesaria una dosis extra de energía para actuar.

La principal característica de la presión positiva es que favorece la ejecución o el rendimiento. Se trata de situaciones que una persona debe superar para estar mejor y la función de la presión es motivarla para que lo logre.

Hombre subiendo una escalera roja

2. Negativa

Hay presión psicológica negativa cuando se intenta persuadir u obligar a alguien para que actúe de una forma que puede ser destructiva para sí misma. Lo usual es que quien presiona se pase en su insistencia, llegando a saturar al receptor.

La presión negativa también puede ser ejercida por una circunstancia. Por ejemplo, cuando alguien se ve obligado a vender su casa para pagar deudas pendientes. O cuando el desempleo es muy alto y esto obliga a conformarse con salarios más bajos. En estos casos, lo más adecuado es resistir de forma activa o buscar un camino rápido por el que esta presión se pueda diluir.

3. Interior

La presión psicológica interior es aquella que nace de la propia persona que la experimenta. Por lo general, tiene que ver con el sentido del deber. Sin embargo, también puede estar dictada por la angustia, el miedo, la ira y otras emociones o estados de ánimo. En este caso, su característica esencial es el hecho de que surge en la mente de quien la sufre.

La presión interior puede ser positiva o negativa. Es positiva cuando nace de la conciencia personal. En ese caso, la persona ve la realidad con cierta objetividad y sabe que es conveniente exigirse para lograr algo que desea, o mantener algo que valora. Así las cosas, no hay incompatibilidad entre la presión y el deseo.

Este tipo de presión psicológica se torna negativa cuando nace a partir de un deseo neurótico o un estado de ánimo exacerbado. Por ejemplo, cuando una persona se presiona para ser perfecta o alcanzar logros que en realidad no desea, pero que pueden satisfacer a otros. El resultado de ejercer esa presión es un conflicto interno.

Hombre estresado en la oficina

4. Exterior

Al igual que ocurre con la interior, la presión exterior también puede ser positiva o negativa. Todo depende del contexto en el que se produzca y del horizonte hacia el cual se dirija. Uno de los rasgos básicos de este tipo de presión es que la persona que la recibe también tiene el poder de darle significado.

Una situación común que ilustra esto se produce cuando a alguien se le exige que entregue un trabajo determinado día o a determinada hora. El reloj y el calendario no tienen nada que ver con cómo viva o actúe esa persona. Son estímulos neutros y es el individuo quien los convierte en un elemento constructivo o destructivo.

Hay quienes convierten la presión externa en una limitante absoluta. Otros la asimilan y la incorporan, de tal modo que no genere efectos negativos. Como se ve, todo depende de cómo se gestiona y no de la presión en sí misma.

La presión psicológica está presente en el día a día de muchos de nosotros. Es conveniente aprender a identificar de qué tipo es y cómo se puede abordar. De este modo, podemos hacer que juegue a nuestro favor.

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