Todo lo que resiste, persiste (la negación emocional)

Valeria Sabater · 15 febrero, 2015

 

Toda emoción que escondas o resistas, más persiste. ¿Has oído esta expresión alguna vez?

En ocasiones, dentro de la psicología, suele decirse que el dolor es a veces la mejor medicina. Es posible que esta afirmación te sorprenda e incluso que no la aceptes. Pero no hay realidad más evidente que la de asumir que toda emoción experimentada, conlleva un aprendizaje a asumir.

El sufrimiento, por ejemplo, suele ser el mejor cincel de nuestro conocimiento vital, él quien marca nuevos caminos y senderos en vista de los aprendizajes obtenidos a raíz de las pérdidas, de las derrotas o las desilusiones. Aunque hay quien prefiere no verlas, hay quien se inclina más por esconder ese dolor en el abismo de su ser, y simplemente, echar la llave a ese cerrojo emocional.

¿Qué es lo que ocurrirá finalmente? Que el dolor persistirá todavía más pero adquiriendo nuevas formas. Aparecerá la ira, el resentimiento… la rabia. Todo lo que resiste, persiste. Hablemos hoy sobre ello. Sobre la negación emocional.

 

La negación emocional y su obsesión

 

Pongamos un ejemplo. Mantienes una relación afectiva con una persona. La quieres, tienes una vida sólida formada junto a esa pareja. Sin embargo, algo dentro de ti te dice que las cosas ya no son igual que antes. Percibes que esa persona, ya no te quiere. ¿Cómo aceptarlo? Lo niegas. Y por la razón que sea, la otra persona no quiere dar evidencias de lo que ocurre.

Pasa el tiempo, y a pesar de saber perfectamente que lo que mantienes ya no es una relación auténtica, te niegas a asumirlo, a verlo. Las personas de tu alrededor te dan pistas incluso de lo que está ocurriendo, pero tú te defiendes. Tu negación emocional persiste y resiste cada día.

Lo que va a suceder es que, por mucho que escondas la verdad, más aflorará. Más emergerá. Lejos de dejarla a un lado y no pensar en ello, será un pensamiento constante y destructivo. Porque la mente tiene un mecanismo terrible en cuanto las emociones negativas, pueden transformarse en pensamientos casi obsesivos.

Si nos decimos a nosotros mismos aquello de “No voy a estar triste”, habitualmente, en estados de ansiedad muy elevados lo que va a suceder es lo contrario. La cuestión no está en decirme a mi mismo “no tengo que estar triste”. La auténtica realidad está en preguntarme a mí mismo “por qué estoy triste”.

Puede parecer una ironía, pero es así. La negación emocional es una entidad que tiende a persistir en el tiempo, que resiste a la lógica y al razonamiento. Se vuelve obsesiva y casi irracional.

Si yo lo niego, no existe. Evado el problema. Pero en realidad, el problema es tan grande que no puedo dejar de pensar en él.

 

Las emociones y su función adaptativa

 

Emociones como la tristeza, la rabia o el miedo, son una buena medicina. Hacemos una vez más hincapié en esta idea. Son las más difíciles de asumir, lo sabemos, pero cumplen una función adaptativa. El miedo nos obliga a correr y a escapar, y por lo tanto a sobrevivir. Es algo instintivo que hemos aprendido como especie.

Pero dentro de esta evolución que hemos hecho, también hemos aprendido que en ocasiones, la solución no es correr o escapar. Sino detenernos y conocer a ese enemigo que desea hacernos daño. Negarlo, no nos va a ayudar. La tristeza, por su parte, hay que asumirla, aceptarla, llorarla y después, afrontarla. Las emociones negativas nos permiten sobrevivir porque nos obligan a tomar, en ocasiones, el camino contrario. La senda opuesta donde reside la auténtica realidad.

La negación emocional que opta por resistir, persistirá hasta nuestra propia destrucción. Hasta que no podamos más. ¿Por qué resistir? Déjalas ir. Como suele decirse, si te resistes a un enemigo le aportas mayor fortaleza. Así que lo mejor es no ofrecer resistencia: Acepta la evidencia, el dolor, el error. Asúmelo y día a día, irá deshilachándose hasta desaparecer. Liberándote.