Todos tenemos un faro que siempre nos guía - La Mente es Maravillosa

Todos tenemos un faro que siempre nos guía

Raquel Lemos Rodríguez 11 marzo, 2018 en Desarrollo personal 0 compartidos
mujer representando la idea del faro que siempre nos guía

¿Te has sentido perdido y hundido en alguna ocasión? A veces las situaciones pueden con nosotros. Pensamos que no seremos capaces de afrontarlas, mientras la negatividad empieza a hacerse notar fuertemente en nuestras vidas. Todo lo que hacemos está mal. Todo lo que nos pasa es horrible. Lo único que deseamos es encontrar ese faro que siempre nos guía (o eso dicen).

Ahora bien, si nos instalamos en la queja y el victimismo, la salida a nuestros problemas difícilmente se nos mostrará. No será porque no esté delante de nuestras narices, sino porque toda la negatividad que hemos abrazado se ha convertido en una niebla espesa que nos impide ver con claridad. 

Vislumbrar ese faro que siempre nos guía

¿Cómo podemos vislumbrar ese faro que siempre nos guía? Algunos psicólogos ponen en práctica un bonito ejercicio que ayuda no solo a abrir los ojos, sino también a albergar esperanzas en nuestro corazón. Incluso, cuando parece que no las hay. Veamos en qué consiste.

Se trata de cerrar los ojos, hacer una breve relajación para liberar esa tensión que inunda todo nuestro cuerpo y conseguir un estado de paz. Una vez conseguido esto, hay que visualizarnos en un barco que se encuentra a la deriva con olas que amenazan con hundirlo. Hay relámpagos y truenos ensordecedores. No dejamos de movernos. El agua no deja de entrar en el barco y de mojarnos. Nos encontramos perdidos, solos y no sabemos qué hacer.

Mujer pensando en la ideal del faro que siempre nos guía

No podemos comunicarnos con nadie. Lo único que podemos hacer es sujetarnos con fuerza al mástil del barco para no salir disparados en cualquier momento. Nos cuesta mucho. Nos duelen las manos. Hace frío, estamos cansados de aguantar esta situación y pensamos en soltarnos. Pero de repente, aparece una luz borrosa.

Cuando las situaciones nos desbordan, empezamos a ahogarnos en nuestras emociones y parece que es el final. Sin embargo, si no nos damos por vencidos y resistimos, al final lograremos vislumbrar ese faro que siempre nos guía.
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En lugar de agachar la cabeza y continuar sumergidos en nuestros pensamientos derrotistas, sentimos curiosidad por esa luz. Así que nos dirigimos hacia ella. Al menos, gracias a esto, vamos a alguna parte. A medida que nos acercamos, esa luz se torna más clara y divisamos algo más. Esa luz está sobre algo. ¡Qué bien! Nos sentimos esperanzados. Es un faro, hay tierra firme. Ya tenemos un destino al que dirigirnos.

La dicha de saber que hay esperanza

Una vez realizado este ejercicio, es importante que hagamos un trabajo con nuestras emociones. ¿Cómo nos hemos sentimos cuando estábamos en ese barco a la deriva? Probablemente, el miedo, la soledad, el abandono y la frustración nos han invadido. Incluso, puede que hayamos pensado que íbamos a morir. Sin embargo, algo cambió.

En el momento en el que vislumbramos una luz, nuestras emociones cambiaron de forma radical. En ese momento en el que nos invadió la curiosidad dejamos de pensar en lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor. Había un nuevo interés que relegó a un segundo lugar la situación negativa que estábamos viviendo. Sentimos calma, tranquilidad, alegría, alivio… Nos olvidamos de lo mal que estábamos y empezamos a sentirnos dichosos por saber que podíamos encontrarnos mejor.

Chica ante el océano representando la idea del faro que siempre nos guía

Esto es lo que suele ocurrir cuando, por ejemplo, perdemos un trabajo y durante un tiempo prolongado no encontramos nada. Sin embargo, un día recibimos una llamada y es para una entrevista de trabajo. Siempre hay un faro que nos guía, pero hay que saber verlo. Si la persona que recibe esa llamada, se niega a ver ese faro, lo que hará será pensar que no lo van a seleccionar. Ya sea porque tiene 40 años, porque lleva tiempo sin trabajar o por cualquier otro motivo que lo haga hundirse más en su negatividad.

¿Cómo evitar que cuando sucede algo negativo nuestra vida se venga abajo y no sepamos cómo seguir adelante? La clave radica en tener más de un faro. De esta forma, si uno se derrumba, podrá continuar adelante con su vida sin sentirse desgraciado.

Tener varios faros en nuestra vida

Podemos entender esos faros que hay en nuestra vida como los diferentes elementos que la componen. Por ejemplo, tenemos un faro para la relación de pareja, otro para las relaciones familiares, para el trabajo, para el desarrollo personal… La idea es cultivar y cuidar los máximos faros posibles, para que si uno se derrumba no nos vengamos abajo. Vamos a poner un ejemplo.

Cuando se derrumba uno de nuestros faros, nuestro foco tiene que irse a otro. Ahora bien, si hemos descuidado los otros faros, nos encontraremos en ese barco a la deriva. En esa situación podemos estar largo tiempo. Por eso, no podemos centrarnos en un solo faro. También los otros merecen nuestra atención, pues algún día puede que los necesitemos.
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Imaginemos que sufrimos dependencia emocional, por lo tanto, nuestra pareja es nuestra vida. ¿Qué ocurre aquí? Solo tenemos un faro que nos guía. Esa relación se rompe y el faro se derrumba. Nos sentimos perdidos, estancados y ya no sabemos disfrutar de la vida. Todas nuestras expectativas estaban dirigidas hacia un solo faro, olvidándonos de los demás. ¿Dónde está el faro de la amistad? ¿Y el del crecimiento personal? ¿Qué pasa con el faro de las metas profesionales?

Al no haber cuidado de otros faros, corremos el riesgo de no saber continuar con nuestra vida. Por eso, el ejercicio que mencionamos al principio, puede ayudarnos a descubrir que no hay solo un faro que siempre nos guía. Hay muchos más. Lo que pasa es que los hemos descuidado y hemos olvidado dónde se encuentran. No obstante, esto tiene solución.

chica rodeada de objetos pensando en el faro que siempre nos guía

En el momento en el que somos conscientes de no es solo un faro el que rige nuestra vida, sino que hay muchos más, descubriremos que aunque uno se venga abajo, hay otros que seguirán iluminando nuestro camino. Tan solo tenemos que cambiar el foco de atención y afinar la vista hacia esas luces borrosas, hacia esos faros olvidados. Entonces, nos daremos cuenta de todo lo que habíamos descuidado.

Raquel Lemos Rodríguez

Soy escritora y una apasionada de la música. Rodeada de libros desde pequeña, siento la necesidad de plasmar escribiendo aquello que me inquieta y provoca curiosidad.

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