Trabajar bajo presión, ¿habilidad o insensibilización?

Trabajar bajo presión es considerada una habilidad por la mayoría de los empleadores. Ahora, que esto sea así, ¿no es en el fondo un gran error?
Trabajar bajo presión, ¿habilidad o insensibilización?
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 27 agosto, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 27 agosto, 2021

Última actualización: 27 agosto, 2021

En los últimos años, ha ganado valor la capacidad de trabajar bajo presión. El ritmo al que evoluciona el mercado laboral es alto y muchos empleadores piensan que los puestos de trabajo que conocemos en la actualidad no van a parecerse en nada a los que tendremos dentro de unos años.

La pregunta que surge es hasta qué punto esa capacidad para trabajar bajo presión es una habilidad o más bien un efecto de la insensibilización a la misma. También se podría preguntar si este tipo de perspectivas están normalizando una situación que, a pesar de ser real y operante, no deja de ser nociva.

A todo el mundo le ha tocado trabajar bajo presión alguna vez. También resulta obvio que quienes responden mejor a esa presión parten -o terminan, mejor dicho- con ventaja. Lo que no resulta claro es hasta qué punto afecta la presión a largo plazo y lo adecuado que resulta un trabajo que exponga al empleado a esa tensión constante.

La más poderosa fuerza bajo cuya presión estamos a veces obligados a trabajar es nuestra propia conciencia”.

-Lucian Blaga-

Hombre estresado en el trabajo

Trabajar bajo presión

En alguna medida, el trabajo produce presión siempre. Demanda la realización de esfuerzos y la superación de obstáculos y problemas. Supone el gasto de energía, y por lo mismo provoca algún nivel de tensión. También está claro que hay momentos o circunstancias en las que esa tensión se eleva, así como hay otros en los que decrece.

Para cualquier persona es importante aprender a trabajar bajo presión. Esto es, aprender a sortear el estrés que nace de las dificultades, el cansancio o la presencia de muchos estímulos a la vez. Lo adecuado es que estos aspectos no desborden la capacidad del sujeto para afrontarlos.

De otro lado, cada persona tiene una tolerancia diferente al estrés. Algunos la sortean muy bien, mientras que para otros es más difícil. De la misma manera, no todas las actividades implican la misma presión. Un médico de urgencias enfrenta mucha más tensión diaria que un peluquero.

Sin embargo, en todos los casos, así como hay presión, también existe un nivel tolerable. Si este se sobrepasa, aparece un desequilibrio que podría tener consecuencias negativas. Tal nivel se puede exceder por una circunstancia específica o por efecto continuado. En esos casos, trabajar bajo presión ya no es una habilidad, sino un factor de riesgo.

Cuando se cruza el límite

Los efectos de soportar un nivel de presión que sobrepasa el margen de tolerancia de una persona pueden ser muy negativos. En primera instancia, provoca un estrés destructivo. Esto es, una condición en la cual las exigencias del entorno sobrepasan las posibilidades del individuo para responder a ellas.

El estrés tienes consecuencias que van desde afecciones de salud, como migraña o indigestión, hasta efectos en el estado de ánimo que se expresan como irritabilidad, tristeza o sentimientos de frustración. Si se mantiene por mucho tiempo, es posible que todo esto se agrave.

La sobreexigencia puede conducir a la fatiga laboral. Esta constituye un estado grave que compromete la salud física y mental de una persona. Lo más preocupante es que una vez se instala, resulta irreversible. Ese estado puede bloquear la capacidad para trabajar, de forma definitiva.

Mujer agotada trabajando

Marcar los límites saludables

En definitiva, trabajar bajo presión es una habilidad si tiene lugar dentro de unos límites razonables. Lo que se busca es realizar tareas exigentes en poco tiempo y con buenos resultados. La presión está tanto en la dificultad de la actividad, como en el tiempo limitado que se tiene para realizarla. Si se logra, hay un aumento notorio de la productividad.

Se sabe que se ha sobrepasado el límite cuando los resultados de la tarea no son los adecuados, en especial si esto ocurre con frecuencia. No significa que no se tenga la habilidad para desarrollar la labor, sino que quizás se requiere de más tiempo y, tal vez, de un método nuevo para terminar la tarea con éxito.

También es evidente que trabajar bajo presión no es una buena idea cuando esto trae como consecuencia un estado de estrés continuo, o dolencias físicas, a pesar de que se complete con éxito la labor. Cuando el trabajo afecta la salud física o mental, en definitiva, debe replantearse.

Es bueno aprender a trabajar bajo presión, pero lo indicado es no perder de vista los efectos que esto tiene en la salud y la calidad de vida. En particular, es importante no insensibilizarse frente a lo que se experimenta. De lo contrario, esto deja de ser una habilidad y se convierte en un problema.

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  • Gallegos Vargas, L., & Hurtado López, M. (2003). Psicología de la salud, ansiedad y trabajo bajo presión. Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP, 1(2), 13-24.
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