Trastornos neurobiológicos en jóvenes sin empatía

¿Qué hay detrás de un joven insensible, violento y desafiante? El comportamiento antisocial puede explicarse por ciertas anomalías neurobiológicas que la ciencia comprende cada vez más. Las analizamos.
Trastornos neurobiológicos en jóvenes sin empatía
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 18 enero, 2023

El comportamiento antisocial tiene su inicio en la infancia. Aunque siempre pongamos la atención en esos adultos que transgreden las normas sociales y que derivan en conductas delictivas, es importante situar la mirada en la niñez. Es en los primeros años del ser humano cuando se asientan buena parte de los trastornos de la personalidad.

Una de las características más definitorias de esta condición clínica es la absoluta despreocupación por cómo sus acciones impactan en los demás. A veces, en las aulas de primaria podemos encontrarnos con alumnos con un tipo de problemática muy particular. No solo son disruptivos y problemáticos; nos puede llamar la atención su elevada impulsividad y falta de empatía.

Si bien es cierto que detrás de este tipo de perfiles y cuadros clínicos hay una familia disfuncional y una educación deficitaria, hay otra variable que cabe destacar. Hay trastornos neurobiológicos que correlacionan con la insensibilidad emocional en niños y adolescentes. Profundizamos en ello.

La conducta antisocial suele ser evidente entre los 8 y los 11 años. El desafío a la autoridad y la falta de empatía son las características más destacables.

Adolescente deprimido para simbolizar los jóvenes sin empatía
La insensibilidad emocional en niños y adolescentes puede explicarse también por diversos trastornos neurobiológicos.

Conducta antisocial en la infancia

Cerca del 3 % de la población evidencia un trastorno de la personalidad antisocial. De ese porcentaje, el 40 % ya presenta una clara conducta disocial en la infancia (Widiger & Gore, 2016). El dato es importante y resalta el hecho de que si ponemos la mirada en las edades más tempranas podríamos comprender mejor la razón del desarrollo de esta condición.

Esto es lo que ha hecho la psicología a lo largo de varias décadas. No podemos dejar de lado que los trastornos de personalidad del grupo B son los más problemáticos y los que tienen un mayor impacto a nivel social. De este modo, algo que vemos tanto en niños como en adultos es que no solo no dudan en sortear y desafiar todo lo que es ético o está sujeto a un código legal. Además, se vanaglorian de ello.

Estamos ante un perfil que tiene unas altas probabilidades de derivar en conductas delictivas desde edades tempranas. Este sector de nuestra población supone además todo un reto, puesto que no siempre sabemos cómo abordar la conducta antisocial en los niños. Familias, educadores, agentes sociales… No es fácil dar respuesta a esta realidad tan compleja.

La insensibilidad emocional y los problemas en la empatía se explicarían por una disfunción en la amígdala.

¿Cómo reconocer al niño antisocial?

La característica más llamativa de los niños antisociales es su falta de empatía. No son sensibles a las realidades emocionales ajenas. Así, aunque pueden reconocer los sentimientos de los demás, no reaccionan ante ellos. Tampoco evidencian arrepentimiento por su conducta ni les preocupa lo más mínimo el efecto de sus actos.

  • Evidencian conductas desafiantes y violentas.
  • Se pelean con frecuencia.
  • Maltratan a los animales.
  • Mienten.
  • Pueden robar y romper bienes ajenos.
  • Gusto por infringir las reglas y las normas. El absentismo escolar es la característica más frecuente en estas edades.
  • Constantes reacciones de ira, rabia, rencor, etc.
  • Incapacidad para controlar los impulsos.
  • Habilidades sociales muy deficientes.
  • Serias limitaciones para resolver problemas.

Alteraciones neurobiológicas en jóvenes sin empatía y antisociales

Uno de los factores más decisivos para la aparición de la conducta antisocial infantil es una familia disfuncional. Crecer en un entorno, hostil, frío, sin apoyo emocional y con habilidades deficientes en materia de educación y crianza tiene casi siempre un gran impacto. Ahora bien, la ciencia lleva años abordando otra hipótesis.

La etiología de los jóvenes sin empatía y antisociales reside no solo en el factor social educativo, también deben tenerse en cuenta los trastornos neurobiológicos. Los analizamos a continuación.

La amígdala y la insensibilidad emocional en niños

La doctora Mairead Dolan explica en un capítulo del libro The american journal of psychiatry cómo son los jóvenes sin empatía y con insensibilidad emocional. Gracias a estudios con resonancias magnéticas ha podido verse que puede existir una disfunción en la amígdala, es decir, hay una menor activación.

Esto se traduce en una limitación a la hora de procesar las expresiones faciales y de comprender las emociones ajenas. Ahora bien, hay más problemas neurobiológicos que vale la pena destacar. En otro trabajo de investigación de la Universidad Central del Sur se apreció otro detalle.

Ese desprecio por las obligaciones sociales y esa insensibilidad emocional también pueden explicarse por unas anomalías en la conectividad funcional del cerebro. Las bandas de frecuencia en la conectividad neuronal de los niños y adultos con una conducta antisocial están alteradas.

Un cerebro con menores cargos de conciencia

Los jóvenes sin empatía e insensibles emocionalmente no suelen demostrar sentimientos de culpa. Rara vez piensan en el efecto de su conducta. No les preocupa causar daños a los demás. Estas características son muy llamativas si ya las empezamos a apreciar desde la infancia.

La neuroimagen funcional es ahora mismo el mecanismo que más se está utilizando para comprender los correlatos neuronales de la conducta antisocial en los jóvenes. De este modo, algo que apreciamos es una clara alteración en todas las áreas prefrontales relacionadas con la autoconciencia y la reflexión. 

Asimismo, los déficits funcionales antes señalados en la amígdala se relacionan con otro hecho. Estos niños y adolescentes apenas procesan la emoción del miedo. Algo así no solo provoca que sean más impulsivos y que se involucren en conductas de riesgo; además, no experimentan temor a posibles castigos por su conducta agresiva o delictiva. Esto justifica que reincidan en acciones por las que suelen ser reprendidos.

El sistema límbico y la corteza prefrontal explican la frialdad emocional

Los jóvenes sin empatía son todo un reto desde un punto de vista psicológico y social. La neurociencia aporta cada vez más literatura científica que nos demuestra cómo diversos trastornos neurobiológicos conforman la conducta antisocial en muchos casos. Así, un aspecto que ya queda sobradamente demostrado es cómo dicha condición es más frecuente en el género masculino que en el femenino.

Asimismo, esa insensibilidad emocional es el resultado de diversas y complejas disfunciones cerebrales que orbitan entre las regiones emocionales y la corteza prefrontal. Si hablábamos antes de la amígdala, también debemos destacar el sistema límbico, relacionado también con el procesamiento y la memoria emocional.

Una investigación realizada en el departamento de psiquiatría infantil y adolescente de la Universidad de Basilea menciona otra alteración. Hay una disfunción en los tractos de fibra de materia blanca que conectan el sistema límbico con la corteza prefrontal. Esto explica la incapacidad para procesar, controlar y entender las emociones.

Adolescentes
A la hora de comprender la conducta antisocial de los niños y adolescentes, debemos poner la mirada en el contexto psicosocial de los pequeños y también en los factores neurobiológicos.

La influencia de la crianza

Llegados a este punto podemos hacernos una pregunta. Los jóvenes sin empatía, insensibles emocionalmente y que desafían la autoridad, ¿son así debido a factores educativos o a variables neurobiológicas? Bien, algo que conviene tener presente es que la conducta antisocial tiene un fuerte componente genético. Es muy probable que algún familiar presente esta característica.

Por otro lado, hay un aspecto muy interesante en lo referente a los trastornos de personalidad. Muchos de nosotros podemos tener unas bases neurológicas que nos inclinen al desarrollo de un trastorno antisocial o una psicopatía y no llegar a desarrollar dichas condiciones. El simple hecho de ser educados en un entorno familiar afectivo, seguro y de tener una infancia feliz reduce ese riesgo.

Es lo que le sucedió al neurólogo James Fallon. Tras realizarse una resonancia magnética descubrió que su cerebro tenía las mismas similitudes que los reclusos con psicopatía o trastorno antisocial que estudiaba a diario. De hecho, una de sus antepasadas fue Lizzie Borden, la asesina del hacha. Sin embargo, haber crecido y educado con amor, hizo que no se activara dicho gen.

Aunque lo neurológico nos puede condicionar, es la crianza lo que nos determina casi por completo.

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  • Dolan M. Neurobiological disturbances in callous-unemotional youths. Am J Psychiatry. 2008 Jun;165(6):668-70. doi: 10.1176/appi.ajp.2008.08030393. PMID: 18519530.
  • Tang, Y., Long, J., Wang, W. et al. Aberrant functional brain connectome in people with antisocial personality disorder. Sci Rep 6, 26209 (2016). https://doi.org/10.1038/srep26209
  • Waller R, Dotterer HL, Murray L, Maxwell AM, Hyde LW. White-matter tract abnormalities and antisocial behavior: A systematic review of diffusion tensor imaging studies across development. Neuroimage Clin. 2017 Jan 16;14:201-215. doi: 10.1016/j.nicl.2017.01.014. PMID: 28180079; PMCID: PMC5280002.

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