Tratamientos para las disfunciones sexuales femeninas

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
18 julio, 2019
Las disfunciones sexuales femeninas son una problemática invalidante y muy molesta. Así, en este artículo se presentan las distintas técnicas que se pueden utilizar para aumentar el deseo sexual, la excitación sexual, las probabilidades de tener un orgasmo y la satisfacción sexual posterior.

Las disfunciones sexuales femeninas son, por norma, disimulo y tratamiento social, más desconocidas que las masculinas. Su ignorancia no impide que sean invalidantes, molestas y limitantes. Los tratamientos para las disfunciones sexuales femeninas tratan de atajar estas problemáticas.

Las problemáticas sexuales más relevantes en mujeres están relacionadas con la falta de deseo sexual, la falta de excitación sexual, problemas para llegar al orgasmo o dolor en las relaciones sexuales. Sea como fuere, y aunque hay técnicas concretas para cada problema, lo cierto es que podemos identificar un territorio común en la mayoría de las intervenciones

Motivación para el cambio: ¿yo o mi pareja?

En los tratamientos para las disfunciones sexuales femeninas se interviene no solo sobre la disfunción persé, sino en todas las etapas de la respuesta sexual, porque están muy ligadas: si una no se da, las siguientes tampoco tendrán lugar, serán más extrañas para la persona y no estará familiarizada.

También es importante conocer la motivación que soporta la demanda de la mujer: puede ser una aumento del placer, pero también un deseo de satisfacer a la pareja. En el segundo caso, uno de los primeros puntos de la intervención será analizar, y reestructurar en determinados casos, los motivos que han llevado a la persona a consulta.

Mujer triste en la cama por anorgasmia femenina

Tangencialidad de todas las disfunciones sexuales femeninas: una buena evaluación

Para iniciar los tratamientos para las disfunciones sexuales femeninas es primordial tener información acerca de varias dimensiones de la mujer:

  • Expectativas referidas a la terapia.
  • Si existen problemas de autoimagen y autoestima.
  • Factores estresantes no sexuales (el fallecimiento de alguna persona, el nacimiento de un hijo).
  • Calidad de la relación de pareja.

Realizada la evaluación, el siguiente paso será el diseño de la intervención: en ella cabrán aquellas estrategias o medidas que se adapten mejor al caso y que en los estudios científicos se hayan mostrado como efectivas.

 ¡Hola deseo sexual! ¡Hasta la vista ansiedad!

Dentro de los tratamientos para las disfunciones sexuales femeninas, la técnica de focalización sensorial es útil para facilitar el deseo sexual de la mujer; el mismo que puede haber sido erosionado por multitud de factores. Esta técnica busca recuperar la sensibilidad perdida más allá del propio contacto genital.

Hablamos de caricias, de gestos, de formas que incitan el deseo, de entender y explotar el poder erógeno que puede tener el contacto con determinadas zonas de nuestra piel. De experimentar y probar, buscando nuevas sensaciones. Las indicaciones que se le dan a la mujer y a la pareja (en este tipo de técnicas es muy importante la participación del otro miembro) son:

  • Estimulación sensual alterna: tocar para uno mismo. En esta estimulación se busca que la mujer toque, huela y bese a su pareja con el objetivo de excitarse. Es alterna —nunca al mismo tiempo—, de manera que después el otro miembro de la pareja también habrá de hacer lo mismo. En esta exploración, y en especial en las primeras fases de la intervención, se excluyen los genitales.
  • Caricias genitales alternas: de nuevo, de manera alterna, se realizan caricias genitales en ambos miembros de la pareja. Hasta ahora el coito está prohibido. Si la pareja de la mujer es un hombre y tiene una erección, no pasa nada porque este la soporte. La premisa es no llegar al orgasmo todavía.
  • Caricias simultáneas sensuales y genitales: la premisa es que, de nuevo, sin llegar ni al coito ni al orgasmo, ambos se estimulen simultáneamente. Es importante disfrutar de lo que se le hace al otro.
  • Orgasmo extravaginal: conseguir el orgasmo sin coito.

Es significativo que esta técnica no se utilice solo para incentivar el deseo o aumentar la excitación, puesto que el objetivo es el disfrute real, pausado y mantenido en el tiempo. Más adelante se pueden combinar los orgasmos intra y extravaginales.

Los músculos de la vagina tienen algo que decirte

Para aumentar el disfrute de las relaciones sexuales, y con ello, aumentar la probabilidad de que tengan lugar, se puede realizar un entrenamiento de los músculos de la vagina. La zona más sensible de la vagina es la entrada, y por ello entrenar los músculos de esa zona es buena opción para potenciar este poder.

El entrenamiento se lleva a cabo en las siguientes fases:

  • Localización de los músculos: son los músculos que intervienen en la micción. Para localizarlos, tensar los músculos pubocoxígeos —no los músculos de la pierna ni del trasero— tres o cuatro veces cada vez que se va al baño.
  • Práctica de ejercicios de tensión-relajación: practicar la tensión en varias posiciones durante el día, al levantarse, tumbado… vale cualquier postura. Esto da sensación de control sobre la propia vagina.
  • Fuerza y frecuencia: una vez controlada la localización y el movimiento, se entrena la frecuencia y la fuerza de la contracción. Al tener esa capacidad la sensación placentera es mayor —uno decide cuando cerrar, abrir—. ¡Ojo! Esto no se consigue en un solo día. El entrenamiento es vital. Se recomienda hacerlo en series, como los abdominales.

¡Orgasmo, encantada de conocerte!

Para aumentar la excitación y las probabilidades de llegar al orgasmo también es recomendable un programa masturbatorio que aumente la sensación de control y el conocimiento de la mujer sobre su propio cuerpo. El programa masturbatorio sigue estas etapas:

  • Autoconocimiento del cuerpo: puede durar un período largo, puesto que la imagen corporal y las inseguridades juegan un papel esencial. Es importante que la mujer se guste.
  • Exploración de genitales: una vez conseguida cierta satisfacción con la imagen corporal, es hora de mirarse con un espejo y conocer donde se encuentran los labios, el clítoris…
  • Estimulación sexual y genital propia: sin que el objetivo sea la excitación y sin que por supuesto participe la pareja.
  • Aumento de la duración e intensidad de la masturbación y estimulación hasta llegar al orgasmo: el orgasmo se encuentra por el camino, cuando se busca se pierde.
  • Estimulación mecánica: uso de vibradores, dildos, lectura erótica… La estimulación mecánica es útil cuando la manual no funciona. Si se ha realizado bien el programa masturbatorio el punto cuatro y cinco a veces no es necesario.

En muchos casos es útil que «el programa masturbatorio» lo lleve a cabo la persona sola, sin incluir a la pareja. No obstante, en una segunda etapa, sí es recomendable introducirla, puesto que lo que buscamos también son relaciones sexuales satisfactorias en este contexto.

Mujer con ojos cerrados disfrutando

Cerrar queriendo, abrir queriendo

El vaginismo se define como la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que rodea la vagina. A veces, se contrae después de relaciones sexuales dolorosas, aunque no es necesario que haya habido dispareunia —dolor en la penetración—. El tratamiento estándar para el vaginismo sigue estas pautas:

  • Se le pide a la mujer que manipule su propia vagina, apretando y desapretando, moviéndola… exponiéndose a todo lo que le da miedo. Lo normal es que el principio se agarrote, para después ir reduciendo esa ansiedad. Poco a poco se irán introduciendo elementos de diferentes tamaños: un dedo, dos dedos, elementos más grandes (pueden incluso utilizarse verduras pequeñas, luego más grandes…).
  • Manipulación de la vagina por parte de la pareja sin llegar al coito.
  • Penetración. Si los músculos se contraen, se puede volver a la utilización de los dedos de la pareja, etc.
  • Normalización del coito: se busca desmedicalizar el coito. Se les indica que pueden mantener relaciones sexuales siempre que quieran.

Me encuentro bien, pero no me gusta

Muchas mujeres acuden a terapia sin tener ninguna disfunción sexual aparente. En ese caso, la evaluación es primordial. En ella es necesario explorar las siguientes áreas:

  • Estabilidad emocional individual: quizás existen problemáticas en el estado de ánimo —depresión, ansiedad— o con el cuerpo de uno mismo —un trastorno alimentario—.
  • Creencias, atribuciones, expectativas: hay personas no satisfechas sexualmente porque el sexo no se asemeja a las películas o al porno.
  • Relación de pareja y estabilidad emocional conjunta.
  • Desacuerdo en la frecuencia de las relaciones sexuales: se puede jugar con esto llegando a acuerdos con la pareja. No es necesario llegar al coito, pero se pueden utilizar caricias, masturbación…

La liberación sexual hizo que la mujer volviera la mirada a su propia satisfacción. De esta manera, muchas mujeres se hicieron cargo de su propio deseo sexual, aprendiendo a conocerse, a masturbarse y a quererse antes de buscar una relación con el otro. Los tratamientos para las disfunciones sexuales femeninas también ayudan en este sentido.