Tres consejos para perdonarse a uno mismo

Iván Martín · 18 octubre, 2013

Perdonarse a uno mismo no siempre es fácil. La vida nos lleva, en muchas ocasiones, a situaciones en las que no vemos, no actuamos con claridad o simplemente nos equivocamos. Cada día nos ponemos a prueba para mostrar nuestras emociones, compartirlas o sufrirlas. O, por el contrario, para no darles pábulo y sobrevivir en una burbuja de acero.

Errar es humano, de hecho, cometer errores es parte fundamental en el aprendizaje emocional. No existe quien no comete fallos y hay que aprender a perdonar, pero también a perdonarse a uno mismo.

Muchas veces decisiones desacertadas, mala comunicación o momentos que se tuercen acaban dentro de nosotros en forma de puntos negros, formando parte de nuestra alma. Si estas sensaciones de malestar, de enfado con uno mismo, no son atacadas desde dentro corremos el riesgo de añadir un centímetro más de grosor a nuestra coraza emocional.

Pedir perdón a nuestro entorno, verdadero perdón, es difícil pero muy satisfactorio a la larga. Sacamos brillo a la honestidad y la humildad, conceptos que contribuyen al conocimiento personal máximo objetivo para una salud emocional óptima. Pero cuando hay que perdonarse a uno mismo ¿Qué es lo que ocurre? 

“El perdón es la llave a la acción y libertad.”

-Hannah Arendt-

Algunas pautas para perdonarse a uno mismo

Cuando hay que perdonarse a uno mismo todo cambia, estamos solos, no nos dirigimos a terceras personas. Es un proceso estrictamente interno en el que no hay que dar explicaciones ni justificarse ante nadie. A continuación, enumero tres simples consejos para ayudar a superar este comprometedor y a veces difícil diálogo con nuestra alma.

Mujer triste al atardecer

Identificar las emociones que han llevado al origen del sentimiento

Podemos engañarnos muchas veces. Sin embargo, si reflexionamos, aunque sea cinco minutos, visualizaremos ciertas emociones responsables de esa culpabilidad. El miedo, la inseguridad o la envidia, entre otras, deben de dibujar la “hoja de ruta” para conocer el porqué de nuestro comportamiento. Sin realizar este paso correctamente no será posible conseguir el perdón.

“Comprenderlo todo es perdonarlo todo.”

-León Tolstoi-

Asumir las propias responsabilidades

Tener en cuenta que nuestros actos siempre conllevan consecuencias es vital. Responsabilizarnos de nuestras acciones implica un esfuerzo sincero por nuestra parte. Reconocer los errores cometidos libera nuestra madurez y nos hace fuertes frente a la realidad. Obtenemos satisfacciones al incidir en este trascendental punto.

Saber perdonarse a uno mismo

Romper cadenas para perdonarse a uno mismo
El momento ha llegado y debemos afrontarlo. Apoyándonos en los resultados de los puntos citados anteriormente debemos darnos la oportunidad de ser lo que somos. Debemos aceptar que convivimos con miedos, inseguridades y emociones que modifican nuestros caminos.

Es fundamental entender que es lícito fallar, que equivocarse está permitido. Aprender de la experiencia interior vivida es el ejercicio que se debe realizar para que nuestra alma conviva con esas sensaciones. También para saber gestionarlas y enfrentarnos a ellas correctamente.

“¿Quién puede vanagloriarse de no tener defectos? Examinando los suyos, aprenda cada uno a perdonar los de los demás.”

-Pietro Metastasio-

Estas simples ideas pueden ayudarnos y servir como una guía inicial para vivir con la culpabilidad y la falta de perdón. Si poco a poco vamos dejando al alma empaparse de todo este tipo de agrias sensaciones, con el paso del tiempo se convertirán en “problemas” emocionales con solución y respuesta.

La vida se encargará de enfrentarnos a situaciones nuevas o anteriormente conocidas. Pero si hemos sabido enfrentarnos a nuestros errores nuestro yo sabrá reaccionar de un modo sano y natural. Y esa nueva actitud frente a la vida y a lo que nos depara acabará repercutiendo positivamente en nuestro estado emocional.

Aunque a veces sea complicado conseguirlo, perdonarse a uno mismo siempre es liberador. El perdón ayuda a retomar el control de la propia vida, a conocerse mejor y, en definitiva, a ser algo más feliz.