Tres consejos para superar el mal de amores

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 1 agosto, 2017
Edith Sánchez · 3 septiembre, 2016

El mal de amores se caracteriza porque implica una tristeza profunda y una gran desesperanza, que se origina en la imposibilidad de vivir plenamente una relación de pareja con alguien que uno ama.

Puede ser que esa otra persona nunca te haya amado, o que lo haya hecho, pero que su sentimiento se terminara. Quedas entonces en una situación en la que no puedes resignarte, pero tampoco lograr lo que quieres. A esa situación se le conoce también como “despecho”.

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener”

–Gabriel García Márquez–

Las tres etapas del mal de amores

Como casi todo en la vida, el mal de amores también conlleva un proceso de reflexión, interiorización y crecimiento. Por esto, afirma el neurólogo Leonardo Palacios: “El despecho es una sensación, en general, de tristeza; y tiene tres fases: la negación, la culpa y la aceptación”.

 

Mujer con mal de amores abrazada a un hombre fictíceo

En el concepto de este experto, la negación se caracteriza por tratar de recuperar lo perdido o parte de lo perdido. La culpa, por su parte, se caracteriza por buscar algún responsable de lo ocurrido, Finalmente, la aceptación implica el consentimiento, la aprobación y el entendimiento de la ruptura afectiva.

No obstante, vale aclarar que no siempre se experimentan y se vencen satisfactoriamente estas tres fases o etapas. Esto termina entorpeciendo y obstaculizando el normal desarrollo de una persona en su vida social y afectiva.

“Sufresllorasreclamassin darte cuenta que a quien le pides caricias no tiene manos.”

-Alejandro Jodorowsky-

Cómo superar el mal de amores

A continuación, te damos tres consejos que te ayudarán a encontrar el camino para superar ese mal de amores y continuar con tu vida. 

Entender que los amores tienen un principio y un final

Quizás lo más desconcertante del amor es que, como tantos y tantos eventos de la vida misma, tiene un principio y un final. Hasta los más grandes y completos amores del mundo tienen que terminar, así sea con la muerte. Ahí se llega al fin de la historia y esto ocasiona un enorme dolor.

Total, no es necesario que medie la muerte para entender que, por lo general, y más hoy en día, los amores son efímeros y pasajeros. Quizás esto encuentra su razón de ser en el dinamismo y la misma personalidad de las generaciones contemporáneas: todo es rápido, todo pasa, nada dura… El problema es que a veces una historia que aparentemente nace para acabar pronto, termina quedándose atascada en el corazón.

No importa cuáles sean las expectativas: los amores siempre son un territorio incierto. Y, por una u otra razón, es seguro que cuando hay amor, también hay dolor en alguna medida, porque más tarde o más temprano, por “A” o “B” circunstancia, siempre termina. Es una realidad ineluctable.

Hombre con mal de amores

Un clavo no saca otro clavo

Quizás sin saber en realidad por qué, ese “afán” de estar con alguien hace que en algunos casos cambiemos de pareja como quien cambia de ropa. Y cuando una persona no vive debidamente el duelo de una ruptura afectiva anterior, en vez de solucionar un problema, va a añadir otro a su vida.

Porque “un clavo no saca a otro clavo”, como popularmente se dice. Antes bien, lo que puede hacer es hundirlo más y más y con ello, hacer más grande la herida. El problema es que podemos entrar en una cadena de nuevos amores y nuevas rupturas, que al final solo dejen una profunda sensación de vacío, cuando no depresión o ansiedad.

Rehacer la vida afectiva es absolutamente positivo. Pero para volver a amar de una forma saludable, se debe aprender de las experiencias pasadas. Sin eso, es claro lo que va a ocurrir… Como dicen: “quien no conoce la historia, está condenado a repetirla” y más, si se trata de la historia propia.

Mujer en un árbol llorando por mal de amores

Los grandes amores no se olvidan de la noche a la mañana

El mal de amores es una experiencia difícil. Pero es importante vivir ese estado o, al menos, experimentarlo en diferentes ocasiones. Esto nos permite crecer y madurar. Además, no debes olvidar que el verdadero aprendizaje no está en los libros (que ciertamente son un gran apoyo), sino en las experiencias de vida. Valga decir: bien vividas.

No podemos olvidar que el dolor es una sensación que evitamos. No digo que le cojas cariño al sufrimiento, nada más lejos, sino que seas consciente de que a veces funciona como una especie de “pedagogía” de la vida. Algo implícito en la sabiduría del universo. Una oportunidad para conocernos mejor y recordar que en la privación de algo que amamos, también hay muchas enseñanzas valiosas.

Hay que darle tiempo al tiempo. Un edificio no se construye de un día para otro y los grandes amores, o los grandes olvidos, tampoco.

Las experiencias de amor son intensas y complejas, por eso es necesario digerirlas. Y es importante controlar la angustia por el malestar que origina una pérdida, para poder encontrar las enseñanzas de esa situación.

 

No hay una receta mágica para curar el mal de amores, pero piensa que si estás pasando por ese tránsito difícil, lo mejor es que pongas empeño en ser tolerante contigo mismo, con la persona amada que ya no está y con las dinámicas profundas de la vida, que tienen sus propios tiempos y sus propias sorpresas al final del camino.