Tres impostores que fascinaron en su época

Edith Sánchez · 21 octubre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 21 octubre, 2019
La historia está llena de embusteros e impostores, que en muchas ocasiones crean identidades falsas sumamente creíbles. Algunos de ellos han llevado sus engaños a niveles insospechados. Estos son tres de esos impostores con vidas que parecen “increíbles”.

Los impostores siempre han generado una extraña fascinación en los demás. Suelen ser personas ingeniosas y hábiles, aunque con un evidente rasgo sociópata. Aun así, es tanta la influencia que llegan a tener sobre otros, que terminan haciendo que su propia fantasía se convierta en realidad para quienes les rodean.

Hay varios impostores que se han hecho famosos, bien sea por la perfección con la que han urdido sus engaños o bien por la magnitud de los mismos. Personas dotadas de una enorme imaginación, pero que suelen emplearla de una manera inadecuada. En ellos no solo hay interés por lograr un propósito concreto, sino que también sienten satisfacción engañando a otros.

En la vida diaria nos encontramos muchas veces con esos embusteros. Asumen sus imposturas para obtener beneficios específicos. El sociópata típico no se conforma con eso, sino que llega a construir unas ficciones dignas de una novela. Lo más llamativo es que consiguen que otros les crean. Para la muestra, estos tres impostores que hicieron historia.

… “los impostores no necesitan estudiar mucho las causas naturales, sino que les basta con servirse de la común ignorancia, estupidez y superstición de la humanidad”.

-Thomas Hobbes-

1. La famosa princesa Caraboo

La princesa Caraboo fue uno de los casos de impostores más famosos en su época, al punto en que se escribieron varias piezas de teatro para recordarlo. La historia es la de una mujer que fue hallada en la calle, vistiendo ropas poco comunes y hablando en un idioma extraño, que nadie comprendía. La llevaron ante el magistrado de Gloucestershire (Inglaterra), Samuel Worrall.

Este y su esposa quedaron muy intrigados por el caso. Sin embargo, finalmente decidieron enviarla a un hospicio. La joven no comía y no dormía, por lo que hicieron que volviera a su casa, pues la intriga subsistía. La fama de la mujer creció y un día cualquiera llegó un marino portugués al lugar. Aseguró que conocía la lengua en la que hablaba la mujer.

Así, «tradujo» lo que decía. Era una princesa, venida de lejanas tierras orientales. Había sido secuestrada por un barco pirata y finalmente se había salvado nadando. Desde entonces se le dio un trato de noble a la “Princesa Caraboo”, hasta que una mujer la reconoció.

En realidad, era la hija de un zapatero y se llamaba Mary Wilicocks. La princesa Carraboo aclaró su identidad inexistente y los benefactores creyeron que lo mejor era enviarla a América, un lugar que ella quería conocer. Volvió a Europa tiempo después y logró volver a engañar a un par de incautos. Os dejamos el relato del gran Juan Antonio Cebrián, nadie como él para narrar esta historia, y sus compañeros de tertulia.

2. David Hampton, uno de los grandes impostores

Aparentemente todo comenzó cuando David Hampton robó la agenda de un estudiante universitario. En ella, aparecían varios contactos importantes que el estudiante tenía. Con esos datos, Hampton fue a Nueva York y se hizo pasar por el hijo del famoso actor Sidney Poitier.

A Hampton se le considera uno de los impostores más hábiles. Con la agenda, llegó a establecer contacto con celebridades del cine y logró que le dieran alojamiento y una vida de rey. Todos ellos pensaban que estaban ayudando al hijo de un estimado amigo.

Hampton no solo engaño a varias celebridades, como Mellanie Griffith, sino también al presidente del canal de televisión pública de Nueva York y a un decano de la Universidad de Columbia. Fue este último quien finalmente lo descubrió. La vida de Hampton inspiró la película Seis grados de separación.

Hombre con dos máscaras

3. Kaycee Nicole Swenson, un engaño masivo

Otro de los impostores más famosos fue el de Kaycee Nicole Swenson. El escenario esta vez fue Internet, un espacio que resulta más que apto para engañar a los incautos. Todo comenzó cuando una chica de 19 años comenzó a publicar un diario online. Padecía cáncer y quería compartir los pormenores de su lucha contra esa enfermedad.

Durante dos años estuvo en línea y en ese lapso logró conquistar seguidores de todo el mundo. La mayoría de ellos se mostraban muy conmovidos por la situación de la chica y la tomaron también como fuente de inspiración. Muchos la llamaron por teléfono y le enviaron regalos. También hubo quienes le declararon su amor.

Sin embargo, un día cualquiera solo apareció la imagen de una rosa en su página. Al lado había un letrero que decía “Gracias por el amor, la alegría, las risas y las lágrimas. Siempre los amaremos”. Kaycee había muerto y esto conmocionó a muchos de sus seguidores. Algunos de ellos, sin embargo, tenían dudas e investigaron.

Así descubrieron que Kaycee nunca había existido. Era un personaje creado por la mente de Debbie Swenson, un ama de casa de 40 años. Lo hizo, según ella, para probar lo falaz que era Internet. El FBI decidió no abrir cargos, pues ella nunca pidió dinero, aunque algunos seguidores sí se lo enviaron por iniciativa propia.

Mitnick, K. D., & Simon, W. L. (2007). El arte de la intrusion: la verdadera historia de las hazañas de hackers, intrusos e impostores. 2. Alfaomega.