Un final es solo otro principio

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 18 noviembre, 2017
Cristina Calle Guisado · 18 noviembre, 2017

Siempre me han gustado los finales abiertos en cine, televisión y literatura. Esos finales que suponen un estímulo para imaginar cómo continuará la historia, que permiten entender que esa historia no ha terminado del todo. Simplemente se ha escrito un capítulo más, cerrando una etapa para poder iniciar otra. Finales para comprender que un final es solo otro principio.

Nuestra vida está llena de ciclos, que comienzan y terminan. De manera que viviremos numerosos principios y finales. Algunos los viviremos en primera persona, serán etapas de nuestra propia vida; otros en cambio los viviremos a través de las historias de otras personas, sean estás historias reales o no.

En primera persona viviremos: nuestros amores y desamores, nuestros aprobados y suspensos en ciencias o matemáticas, las caídas al aprender a caminar o al ir en bicicleta, los amigos que haremos en el camino y algunos que perderemos… De otras personas de nuestro entorno aprenderemos a través del relato de sus propias experiencias y finalmente tendremos ocasión de aprender de los personajes de cine, televisión o literatura.

“Tenemos que tener muchos finales, para tener muchos principios”.

-Laura Chica-

Mujer leyendo un libro

El final de un libro

Una vez más, cierro sus tapas y voy del final al principio, de la contraportada a la portada. Para redescubrir el título, mirar con atención la ilustración que lo acompaña, para sostener ese libro entres mis brazos y estar unos minutos en silencio… mientras mi mente viaja de nuevo por sus palabras, por sus páginas, por su historia. Pero tengo que volver a la realidad, me guste o no; ya llegó su final, ese final que siempre sabe agridulce cuando te has enganchado a una historia y de manera silenciosa su transcurrir se ha entremezclado con el tuyo.

Da igual que esas historias las cuenten películas, libros o series de televisión. Historias largas o cortas, que pueden durar horas, días, meses o incluso años. Sea como sea, todas ellas llegan a su fin, a su temido, y al mismo tiempo esperado, final.

A veces un final abierto, que da alas a tu imaginación para continuar con la historia cuando ya no quedan escenas o palabras escritas en letras formales. Otras veces, simplemente un final repentino debido a la huelga de guionistas en series televisivas o a un escritor que deseaba hacer más de un libro, pero no lo llega satisfacer nunca. O incluso un final de esos que no sabe a final, porque después de una historia fantástica, la persona que movía los hilos ha sabido cómo acabar.

“No todos los finales son felices. Pero sí todos los finales son nuevos principios con nuevas oportunidades para ser feliz”.

-Albert Ureña-

Finales tristes o felices, finales que ni siquiera se pueden definir, pero finales al fin y al cabo. Finales que no marcan más que nuevos principios. Llegó la hora de despertar, de despedir a esa historia que se mantendrá en mi memoria y en mi corazón, y embarcarme en nuevas aventuras. 

Cuando un libro se cierra, cuando una película se termina, cuando una serie no tiene más temporadas, es momento de conocer nuevas historias y dejar que sean otros personajes los que nos enseñen a soñar y a vivir. Como cualquier final, un final es solo otro principio, una oportunidad de abrirse a lo nuevo, a lo desconocido.

Despedirnos nunca es fácil, pero es necesario.

Vela de la que se desprende una mariposa

Un final es solo otro principio

Enfrentarse al final de una historia que nos apasiona nunca es fácil. Ni siquiera resulta fácil cuando hablamos de historias de ficción, donde sus personajes nos han llegado al corazón. Por lo tanto más difícil es cuando debemos aceptar que la vida es cíclica, y que cada etapa tiene su momento. Que cuando algo llega a su fin, no nos queda otra que aceptar el punto que no tiene continuación y abrirnos a las nuevas oportunidades.

Todo comienza y acaba, incluso la vida. Todo ser vivo nace y muere. Y durante su vida se enfrenta a numerosas etapas de crecimiento y evolución. Como seres humanos, desde el momento en que somos concebidos y nuestra madre se queda embarazada, comenzamos a crecer.

Para poder nacer, unos nueve meses más tarde, el embarazo llegará a su fin. Abriremos los ojos al mundo como bebés y seguiremos creciendo y evolucionando para llegar a ser niños, de niños a adolescentes, por fin adultos y finalmente nos encontrará la vejez. Cada inicio de una nueva etapa va ligada al fin de la anterior. Un final es solo otro principio. Nada más… y al mismo tiempo, todo eso.

“Cada vez que algo se va, deja lugar a lo que sigue”.

-Jorge Bucay-