Una fantástica historia de amor en Auschwitz

Edith Sánchez·
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
Nadie creería que hubiera sido posible vivir una historia de amor en Auschwitz, pero David Wisnia y Helen Spitzer probaron que sí. En medio de la muerte los dos se encontraron y se aferraron el uno al otro para sobrevivir.
 

Esta es una fantástica historia de amor en Auschwitz que solo fue revelada al mundo muchos años después. En realidad, toda historia de amor tiene algo de mágico, pero algunas, como esta, muestran que en verdad este sentimiento es capaz de salvar al ser humano, incluso literalmente hablando.

Los protagonistas de esta historia de amor en Auschwitz fueron un polaco de nombre David Wisnia y una húngara llamada Helen Spitzer. Ella había sido la primera en llegar al campo de concentración y venía desde Eslovaquia, donde acababa de terminar su carrera universitaria. Era el año de 1942 y su condición de judía la convirtió en una de las 2.000 mujeres solteras que fueron confinadas.

La condición de Helen era lamentable. Al principio, la pusieron a trabajar en la demolición de algunos edificios menores. En poco tiempo, estaba desnutrida, contrajo tifus y luego malaria, pero aun así debía trabajar diariamente. Para colmo, una vieja chimenea se derrumbó sobre ella y le destrozó la espalda. Esto hizo que ya no pudiera trabajar más en ese oficio.

Lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal”.

-Friedrich Nietzsche-

 

Auschwitz

Helen Spitzer y el deseo de sobrevivir

Los nazis notaron que Helen era una mujer educada y, a raíz del accidente, pensaron que tal vez podrían sacarle mayor provecho en otros oficios. Al fin y al cabo, era una chica con carrera universitaria, hablaba alemán y además tenía bases sólidas de diseño gráfico. Gracias a esto y a un golpe de suerte, fue a parar a un trabajo de oficina.

Al principio, solo se le encomendó preparar la pintura roja con la que se dibujaba una línea en el uniforme de las mujeres que llegaban a Auschwitz. Después, se fue ganando la confianza de sus vigilantes y entonces fue encargada de registrar el arribo de cada mujer que entraba al campo.

Más adelante, se le encomendó organizar el papeleo de los nazis y hacer reportes mensuales sobre los trabajadores del campo de concentración. La suya era una posición de privilegio y por eso podía bañarse con frecuencia, además de vestir ropas decentes.

Aun así, Helen nunca colaboró con los nazis. De hecho, aprovechó su cargo para traspapelar condenas a muerte o traslados miserables.

 

David Wisnia y una sorpresa de amor

La historia de David Wisnia era diferente. Llegó a Auschwitz a comienzos de 1943 y se le encomendó la labor de recoger los cadáveres de prisioneros que morían electrocutados en las cercas del campo.

Al poco tiempo, corrió la voz de que era un cantante estupendo y los nazis se interesaron en él. De este modo, se le obligó a cantar para ellos en sus reuniones privadas.

Al mismo tiempo, se le dio un mejor cargo dentro del campo. Tenía que desinfectar las ropas de los recién llegados en un lugar que todos conocían como “el Sauna”. Estando allí vio por primera vez a Helen, una mujer que no se parecía a ninguna otra judía del campo. Olía bien y siempre estaba arreglada.

También era claro que Helen se movía como pez en el agua por todas partes y que los nazis confiaban en ella. Así que David simplemente la veía como alguien lejano. Sin embargo, una tarde ella pasaba por “el Sauna” y apenas sin que David se diera cuenta, de pronto estaban solos. Así comenzó esta historia de amor en Auschwitz.

 

Corazones

La historia de amor en Auschwitz

En aquel primer encuentro, conversaron. Sin embargo, quedaron en encontrarse de nuevo una semana después. La cita sería en un pequeño espacio entre dos crematorios; los dos cumplieron y Helen le pagó con comida a otros prisioneros para que avisaran si alguien venía. Este encuentro se repitió una y otra vez durante los siguientes meses. Así se consolidó la historia de amor en Auschwitz.

Aunque hablaban poco y apenas tenían tiempo de amarse, los dos se prometieron encontrarse en Varsovia tras la guerra. Algunos meses después, David fue trasladado a otro campo, pero logró escapar.

Lo mismo hizo Helen, unas semanas más tarde. Pero mientras David encontró a los soldados norteamericanos y se fue con ellos, Helen fue a Varsovia y le esperó en vano.

Ambos terminaron casándose con otras personas y haciendo una vida independiente. David tuvo dos hijos y varios nietos, mientras que Helen no tuvo hijos. Al final, por casualidad, ambos acabaron viviendo en Estados Unidos. Un amigo común intentó reunirlos alguna vez, pero ella se negó. David quería verla y por eso insistió en el encuentro.

 

Finalmente se reencontraron 72 años después de su despedida. Ella estaba en una cama, enferma y ya viuda, y él todavía cantaba. De hecho, durante el encuentro, David le cantó una canción en húngaro.

También quería que ella le absolviera una duda: ¿quizás los nazis alguna vez habían querido matarlo y ella había intervenido para impedirlo? Helen sonrió. Levantó una mano y le mostró sus dedos: “Cinco veces”, le contestó.

Paci, F. (2017). Un amor en Auschwitz: una historia real. Aguilar.