¿Es verdad que te enamoras de tu psicoterapeuta? - La Mente es Maravillosa

¿Es verdad que te enamoras de tu psicoterapeuta?

Edith Sánchez 2, Septiembre 2016 en Emociones 475 compartidos
Paciente con psicóloga

A veces el psicoterapeuta es la primera persona que trata con respeto y consideración a alguien. No creas que se trata de una exageración. Son muchos quienes han crecido en medio de una total indiferencia por parte de quienes los rodean, cuando no de maltrato, de rechazo y abandono. Esto aplica no solo para quienes han pasado sus primeros años en un hospicio, sino también para quienes aparentemente tienen un hogar o han sido supuestamente mimados.

Con el psicoterapeuta se establece un vínculo complejo. Puede llegar a ser la persona en quien más confías, quien mejor te conoce, quien más te comprende y te acepta. Pero aún así, no es alguien que forme parte de tu vida y el encuentro que tienes con esta persona está sustentado en la necesidad de un tratamiento profesional para tu malestar o sufrimiento.

Lo usual es que tu psicoterapeuta despierte en ti una multitud de afectos. Entre ellos, por supuesto, un aparente enamoramiento, que, desde algunos enfoques, es una parte importante de la cura. También se da el caso contrario, especialmente entre psicólogos poco entrenados: se enamoran o desarrollan diversos sentimientos hacia sus pacientes.

El psicoterapeuta, una figura enigmática

El vínculo de un paciente con su psicoterapeuta no es simétrico. Esto quiere decir que no se da en igualdad de condiciones. Tú vas a consultarlo porque necesitas poner sobre la mesa tus sufrimientos y malestares más íntimos. En cambio él debe restringir la información que da sobre sí mismo y mantenerse en una posición de cierta neutralidad frente a lo que tú le confías.

psicoterapeuta

Esta asimetría garantiza que el vínculo terapéutico se mantenga, pero, a la vez, suscita una serie de fantasías en los consultantes. Nunca terminas de saber quién es tu psicoterapeuta, así que puedes adjudicarle las mayores virtudes del mundo.

Quien está contigo en una sesión no es realmente la persona, sino el profesional. Pero fácilmente lo olvidas. Así que puede parecerte el sujeto más espabilado que hay sobre el planeta tierra y quien responde a tus expectativas a la perfección.

Dejas de tomar en cuenta que, en gran medida, el éxito de tu terapia depende de que el psicoterapeuta no reaccione a tus palabras o tus actitudes. Quizás, en la vida corriente, sí lo haría. Pero en el espacio terapéutico él asume una posición diferente, de escucha en algunos enfoques, o de orientación, en otros, pero siempre tratando de actuar como profesional, no como un par tuyo.

El psicoterapeuta también puede inspirarte odio, conmiseración, miedo, rechazo, desconfianza, sorpresa… En fin, todo tipo de sensaciones o emociones. Pero eso depende más de lo que tú llevas dentro, que de lo que haga o diga el profesional.

El enamoramiento, una sensación difusa

Uno de los primeros en detectar esa especie de enamoramiento de los pacientes hacia la figura del psicoterapeuta fue Sigmund Freud. El padre del psicoanálisis notó que después de un tiempo de tratamiento, sus pacientes empezaban a dar muestras de atracción romántica hacia él.

También se dio cuenta de que esto no solamente ocurría en su propia experiencia, sino que a sus colegas les sucedía lo mismo. Profundizó en este fenómeno y diseñó un concepto nuevo para entenderlo; lo llamó: “amor de transferencia”.

miedo a la psicoterapia

Como el nombre lo indica, se trata de un fenómeno a través del cual el paciente transfiere los afectos que siente por otras personas, a la figura del psicoterapeuta. En palabras más sencillas, el paciente vuelve a experimentar los afectos que le despierta o despertaba su madre, su padre u otras figuras relevantes, pero esta vez enfoca esos afectos hacia el psicoterapeuta. No es consciente de ello, simplemente, sucede.

El profesional puede estar callado y quieto y, a raíz de ello, un paciente lo acusa de indolencia, mientras que otro le agradece su silencio. Al primero, la pasividad del profesional le recuerda a una madre distante y en el proceso terapéutico este conflicto se hace presente.

El segundo, en cambio, transfiere inconscientemente hacia su psicoterapeuta la angustia que le generaba un padre que jamás lo dejaba hablar. Son apenas dos ejemplos, pero tienen en común el hecho de que la figura del psicoterapeuta se convierte en un objeto hacia el cual se dirigen los conflictos no resueltos de los pacientes.

A grandes rasgos, esa es la razón por la cual es frecuente que haya una idealización y el consecuente enamoramiento del psicoterapeuta. Es un asunto que se debe tratar durante las sesiones, de manera directa y sin adornos. Así mismo, todo paciente debe saber que si se enamora de su psicoterapeuta y este le corresponde, lo que triunfó probablemente no fue la fuerza del amor, sino la enfermedad o el malestar que suscitó la consulta.

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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