Fijar límites es el verdadero arte de la asertividad

Eva Maria Rodríguez · 1 julio, 2016

La asertividad es una habilidad fundamental para manejar con diplomacia esas situaciones en las que otros se toman más libertades de la cuenta. Esta definición tan poco ortodoxa responde a una realidad a la que todos nos enfrentamos: la falta de consideración de los derechos del otro, incluso la falta de respecto. Fijar límites de forma firme y pacífica es la clave para que nadie nos pise, para que nos respeten sin perder el respeto.

Una de las ventajas de aprender a fijar límites es que, al hacerlo, estamos también reconociendo los derechos de los demás, nuestros límites respecto a los otros. Esto significa que ser asertivos siguiendo esta clave también nos convierte en personas más respetuosas.

“Atreverse a establecer límites se trata de tener el valor de amarnos a nosotros mismos, incluso cuando corremos el riesgo de decepcionar a otros”

-Brene de Brown-

Decide dónde se encuentran tus límites

¿Qué es para ti ir demasiado lejos? ¿Qué estás dispuesto a tolerar a otras personas, dependiendo del tipo de relación que tengas con ellas? Define cuales son los límites, tanto para ti como para los demás. Que se encuentren en un lugar u otro va a depender de varios factores y entre ellos tu personalidad, pero también de tus valores, de tus creencias y de tus expectativas en la vida.

Es probable que haya personas que se sientan molestas por tú determinación, pero eso no es tu problema. Tal vez esto aumente las dificultades para “encajar”, pero si el precio es traicionarte a ti mismo tal vez tengas que plantearte qué sentido tiene seguir por ese camino.

“Atreverse a establecer límites se trata de tener el valor de amarnos a nosotros mismos, incluso cuando corremos el riesgo de decepcionar a otros”

-Brene de Brown-

Mujer poniendo límites

La buena noticia es que, con el tiempo, si eres capaz de mantener tus límites de forma pacífica, diciendo las cosas bien, las personas se acostumbran y acaba respetando e incluso entendiendo las líneas rojas que has establecido. 

Da un margen, sé flexible

A pesar de que es importante marcar límites y dejarlos claros, también hay que asumir cierto margen, ser flexible. No todo el mundo compartirá tus opiniones y eso puede dar lugar a malos entendidos. No todo el mundo que traspase tu línea tendrá malas intenciones. Es más, puede que incluso lo hagan con la mejor intención del mundo.

En esos casos debes tener un extra de mano izquierda y considerar la buena intención del otro. Actúa siempre como si realmente no hubiera malicia en sus intenciones. Sí, a veces para esto hay que hacer una labor de suspensión de la incredulidad mayor que si vieras una película de Marvel, pero es mucho más saludable y fácil de llevar.

“Cuando se sabe decir que no, el sí tiene un sabor muy distinto”

-Alejandro Jodorowsky-

Demasiado perdón puede ser contraproducente

A pesar de la flexibilidad que se pueda mostrar, los límites están para respetarlos. Pero si constantemente pasas por alto el hecho de que alguien los sobrepase estarás haciendo que sea más difícil solucionar el problema. Por eso hay que dejar las cosas claras cuanto antes.

Lo bueno es que las cosas, si se dicen bien, solo hay que decirlas una vez. Pero cuanto más esperes, más complicado va a ser y más riesgo corres de que el otro se ofenda, aunque tú te dirijas al otro de buenas maneras.

Personas hablando

Por lo tanto, no olvides que, cuanto más cedas en las líneas rojas, más difícil va a ser recuperar el terreno que has entregado por las buenas y más te expones a tener un conflicto. Así, si quieres respeto tienes que empezar respetándote. Perdona, sí, pero no hagas el tonto. Una vez, dos a lo sumo, es más que suficiente.

“Digamos lo que tengamos que decir. Podemos decirlo suavemente, pero con firmeza, hablando con el corazón. No necesitamos ser críticos o no tener tacto, ni culpar o mostrarnos crueles cuando decimos nuestras verdades”

-Melody Beattie-

Claves para decir las cosas con asertividad

Para decir las cosas de forma asertiva no es suficiente con soltar la retahíla de límites que quieres dejar claro que no se pueden pasar, o decirle al otro, simplemente, “estás cruzando la línea, por favor, respeta mi espacio”. Además de tener claras las cosas y tener la capacidad para decirlas pacíficamente, también hay que saber qué decir.

Estas son las cuatro claves para decir las cosas con asertividad, de forma que los límites establecidos tengan más probabilidades de respetarse:

  • Avisa a la otra persona que tienes algo que decirle, sin mostrar una reacción emocional o un enviar un mensaje de acusación. Si estás en medio de una conversación o te ha increpado, pídele una pausa.
  • Dile cuál es el problema y por qué. Dile qué te molesta y dale tus razones.
  • Explícale cómo quieres que se comporte contigo y los beneficios que obtendréis ambos con ello.
  • Busca el acuerdo y el entendimiento. Si te dice que no lo entiende o que no le parece bien tu actitud debes reafirmarte en tus razones.

Este tipo de comunicación puede ser un poderoso correctivo para un mal comportamiento. Busca la re-educación desde la cercanía con el otro, de manera firme pero al mismo tiempo abierta, honesta y sincera. Por supuesto, siempre existe la posibilidad de que el otro no cambie de actitud, pero al menos has creado la oportunidad de un entendimiento pacífico.

En cualquier caso, evitar el enfrentamiento violento o con malas formas siempre es una buena idea. Si el otro tiene ganas de discutir no entres al juego. Así no vais a llegar a ninguna parte. Por lo tanto no merece la pena seguir. Dile con tranquilidad que mejor lo dejáis para otro momento en el que los estados de ánimo no interfieran para alcanzar un punto de encuentro.