Violencia digital: ¿de dónde procede?

La violencia digital es ejercer la delincuencia común bajo el anonimato que da internet. Normalmente, se ceba con los colectivos más vulnerables y marginados de la sociedad.
Violencia digital: ¿de dónde procede?
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 14 abril, 2022

La violencia digital tiene mucho que ver con el discurso de odio que tiene lugar en internet. Se está extendiendo rápidamente y cambiando a medida que surgen nuevas tecnologías, perpetrado por diferentes iniciativas individuales y organizaciones.

También se puede cometer con anonimato y relativa impunidad. Las leyes y las políticas todavía tienen que ponerse al día; sin embargo, una buena divulgación sobre el tema puede mejorar la conciencia pública y presionar a los gobiernos para que actúen.

Este fenómeno se puede definir como un acto de violencia perpetrado por una o más personas que tiene sus raíces en la desigualdad de género y que es cometido, asistido, agravado y amplificado en parte o en su totalidad por el uso de las tecnologías de la información y la comunicación o los medios digitales.

Hasta dónde llega la violencia digital

La violencia digital engloba muchas formas de abuso, desde el acoso en línea, el discurso de odio, el doxing, el acoso cibernético y el abuso basado en imágenes. También la desinformación de género, el chantaje, la explotación y el material de abuso infantil.

Esta práctica tiene consecuencias psicológicas de calado, pudiendo derivar en violencia en el mundo real, como acoso callejero, agresión física y sexual e incluso feminicidios y asesinatos.

Los supervivientes de la violencia digital han perdido trabajos, reputación y privacidad. Pensemos que el objetivo de estos ataques es excluir a las personas en una posición de vulnerabilidad, como aquellas que pertenecen a colectivos minoritarios. Cuando esto sucede, sociedades enteras salen perdiendo y la igualdad de género se ve amenazada.

Mujer con miedo por violencia digital
La violencia digital causa daños a la dignidad, la integridad y la seguridad.

¿Por qué es un problema de género?

Las mujeres y las niñas parecen ser víctimas más frecuentes de violencia digital, siendo probable que la violencia sea de naturaleza sexual y amenazante. Además, es más probable que las personas que realizan manifestaciones violentas pongan en su particular diana a personas de color, personas LGBTQI+ y de otros grupos minoritarios. Las tasas de abuso aumentan sobre aquellos con identidades marginales múltiples que se entrecruzan.

La violencia digital a menudo se deriva de la misoginia, el racismo y la homofobia y, como tal, puede constituir un crimen de odio.

El impacto de la violencia digital en mujeres y niñas a menudo implica sufrir estigma, reputación dañada, productividad reducida, efectos negativos en la salud mental y el bienestar psicológico, aislamiento en línea y fuera de línea, etc. Esto contribuye a la reducción de la participación de las mujeres y las niñas en los lugares de trabajo, las escuelas y los puestos de liderazgo.

La teoría de las ventanas rotas para explicar la violencia digital

Si se rompe el cristal de una ventana en una casa en cierto vecindario y sigue así, es habitual ver que las ventanas también se rompen gradualmente en otras casas y que todo el vecindario se está derrumbando lentamente.

Esta es la teoría de las ventanas rotas de la sociología, que también parece estar calando en internet. Se cruza cierto límite en un punto y si no hay una reacción negativa, el comportamiento continúa.

Un hombre publica una foto obscena y no hay reacción. Eso significa para el remitente: mi comportamiento está bien. Luego la primera amenaza de violación. Tampoco tiene respuesta. Así que eso también parece estar bien. Sigue una amenaza de muerte, sin respuesta, por lo que también parece estar bien.

Los perpetradores siguen traspasando fronteras y mirando qué está permitido en este nuevo espacio que internet ha puesto a nuestra disposición.

Los villanos anónimos

Cuanto más anónimos nos sentimos, más dispuestos estamos a hacer cosas que normalmente no haríamos. Desindividuación es el nombre del fenómeno que no solo supone un problema en lo que se refiere al ciberacoso, sino también al desarrollo de la cultura del debate.

En el anonimato estamos dispuestos a comportarnos de manera inmoral porque olvidamos que, a pesar de nuestra identidad difícil de identificar, seguimos siendo responsables de nuestras acciones y sus consecuencias.

Philip Zimbardo y su investigación de la prisión de Stanford es uno de los experimentos más conocidos sobre desvinculación. En su modelo clásico, el anonimato y el tamaño del grupo son variables que tienen un peso importante en la autopercepción y la pérdida de la sensación de responsabilidad individual.

La desindividualización no se produce solo bajo el disfraz del monstruo de las galletas, con un uniforme, una camiseta deportiva o en medio de una multitud, sino también con especial claridad en la cultura anónima de internet. De manera especial en estos tiempos, en los que el instinto gana la partida al razonamiento.

Una de las ideas aleccionadoras de nuestra era digital es que internet no solo elimina viejos resentimientos, sino que crea otros completamente nuevos. Al menos eso es lo que afirma el autor británico-estadounidense Andrew Keen, uno de los críticos más duros de Internet.

La necesidad de leyes específicas

El libre intercambio y acceso a la información no equivale a violencia no regulada. Aunque el acceso a internet suele ser facilitado por entidades privadas, es crucial considerar este espacio como espacio público. Después de todo, millones de usuarios acceden a alguno de ellos.

Es cierto que los intermediarios no son ni pueden ser responsables del acto inicial de violencia, a saber, el de publicar el material infractor en línea. Sin embargo, la accesibilidad continua o la difusión de estos materiales significa que la víctima/sobreviviente está continuamente sujeta a la violencia.

Se requieren leyes específicas sobre violencia en línea, así como mecanismos especializados con personal capacitado y calificado requeridos para enfrentar y eliminar la violencia en línea. La criminalización de la violencia en línea no proporciona necesariamente el remedio requerido por las víctimas de este tipo de violencia.

La experiencia ha demostrado que el acceso de las mujeres a la justicia debe ser una combinación de procesos penales, civiles y administrativos. Debe incluir las áreas en la prevención de la violencia en línea, protección de víctimas/sobrevivientes, enjuiciamiento y el castigo de los perpetradores y la provisión de compensación y reparación para las víctimas/sobrevivientes.

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