Visión en túnel: ¿qué es y por qué ocurre?

30 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Te ha pasado alguna vez? En una situación de elevada ansiedad, de pronto tu visión se reduce y adquiere la forma de un túnel. Solo puedes focalizarte en una cosa y todos los estímulos periféricos desaparecen. Si te es familiar te explicamos a qué se debe.

La visión en túnel es un fenómeno perceptivo. Aparece cuando estamos frente ante un estímulo amenazante. También, cuando pasamos por momentos de elevada intensidad emocional. Nuestra realidad de pronto se reduce y el campo de visión queda limitado, focalizado en una única cosa.

Lo más llamativo de estas situaciones es que a pesar de experimentar esa alteración perceptiva, nuestra voluntad se vuelve también más impulsiva. Es lo que se define literalmente como «estar cegados». Es restringir buena parte del campo de atención para fijarnos de forma exclusiva en una única parte.

Para entenderlo mejor imaginemos, por ejemplo, que salimos de trabajar por la noche y sentimos de pronto cómo alguien nos sigue. Entramos en pánico ante esa presencia amenazante, aceleramos el paso y al poco sentimos cómo nuestra visión adquiere forma de túnel: dejamos de percibir todo lo que nos rodea para ver solo nuestro coche.

El vehículo es ese lugar al que queremos llegar para sentirnos a salvo y huir. La atención selectiva que facilita este fenómeno nos ayuda a reaccionar con mayor presteza dejando de lado todo lo demás. Estamos, por tanto, ante un mecanismo de supervivencia útil y necesario.

Analícemoslo con detalle.

Ojo experimentando visión en túnel

Visión en túnel: qué es, características y cómo manejarla

La visión en túnel es un fenómeno perceptivo ocasionado por un estado emocional intenso. Generalmente, los desencadenantes son la ansiedad elevada y el estrés. Lo que sucede es que la parte periférica o extracampina de la visión se desvanece y solo podemos ver con claridad un estímulo determinado.

Así, al nublar o quitar de nuestra visión lo que no es importante, nos facilita el poder reaccionar con mayor presteza ante una amenaza externa. Es un mecanismo instintivo que busca no desperdiciar energía o visión en aspectos que no son importantes.

Ese tipo de estrés psicofisiológico puede ayudarnos, por ejemplo, a actuar de manera efectiva en caso de que nuestro hijo de tres años se escape de nuestra mano y se dirija hasta una carretera.

No solo el corazón se acelerará y el cerebro decidirá mandar más oxígeno a los músculos para que corramos más rápido. Además, activará los mecanismos neurológicos para crearnos la visión en túnel y poder percibir en exclusiva a nuestro hijo. Porque todo lo demás, todo lo que le envuelve carece de importancia en dicho instante. Lo prioritario es reaccionar con éxito.

¿Cómo ocurre?

Cuando el cerebro detecta un peligro, el foco visual cambia. Esta respuesta psicofisiológica está mediada por un neurotransmisor que actúa como hormona: la adrenalina. Las pupilas se dilatan por su efecto, por lo que el ojo no puede adaptarse a toda la luz que recibe ni percibir todos los estímulos periféricos. Es entonces cuando aparece lo que conocemos como visión en túnel.

Los expertos comparan este mecanismo con el de una cámara ajustando su objetivo hacia el elemento de interés.

¿Qué sentimos cuando experimentamos la visión en túnel?

No es una sensación agradable. No lo es, en primer lugar, porque cuando surge el fenómeno psicofisiológico de la visión en túnel lo que estamos experimentando es miedo, ansiedad e incluso pánico. Imaginemos por ejemplo que vamos en coche y de pronto perdemos el control.

Como hemos señalado, durante estas situaciones de elevado estrés, el torrente sanguíneo se inunda de adrenalina. Esa hormona genera numerosos cambios fisiológicos para que reaccionemos ante un peligro.

En ese instante, no solo el campo de visión se reduce hasta acotar un horizonte muy limitado. Lo que ocurre también es que el cerebro actúa por impulsos, no reflexiona ni tiene tiempo de valorar una situación con objetividad.

Con lo cual, al actuar por impulsos no siempre logramos reaccionar de la manera más ajustada en cada momento. Y esto es algo que se ve con frecuencia en los accidentes de tráfico.

Túnel

¿Como podemos controlarlo?

¿Es posible controlar la visión en túnel? Lo primero que debemos entender es que si el ser humano experimenta este tipo de fenómeno es por algo. Tiene una utilidad y un fin: garantiza nuestra supervivencia y nos ayuda a reaccionar ante los peligros. Imaginemos que alguien nos quiere robar, nuestra mirada se focalizará solo en esa presencia amenazante para actuar con presteza.

A veces, claro está, la visión en túnel puede dificultarnos un poco la vida. Situaciones de elevada ansiedad como es un examen, tener que hablar en público o acudir a una cita médica puede hacer que sintamos de pronto esa experiencia. En esos contextos no es útil y nos puede entorpecer.

Por tanto, lo idea es aprender a manejar las emociones y entender algo muy sencillo. Hay circunstancias en que la aparición de determinadas emociones como son el miedo o el pánico son lícitas, aceptables y hasta útiles. Pueden garantizar nuestra supervivencia.

La visión en túnel puede tener otros orígenes distintos a la ansiedad

En el caso de que experimentemos este fenómeno en situaciones en las que no sentimos ansiedad ni estrés, ni tampoco surge como efecto de una amenaza externa, lo más adecuado es consultar con un oftalmólogo. Hay diversas alteraciones y enfermedades oculares que pueden estar detrás de esta alteración en la visión:

  • Glaucoma.
  • Efecto de una conmoción cerebral.
  • Retina desprendida.
  • Nervio óptico comprimido.
  • Degermación macular relacionada con la edad.

Para concluir, siempre es adecuado conocer este tipo de conceptos y realidades relacionadas no solo con nuestro complejo universo emocional. Cualquier pequeña alteración o cambio en el equilibrio orgánico y fisiológico no puede descuidarse. Tengámoslo presente.

  • Dirkin, G. R. (1983) Cognitive Tunneling: Use of Visual Information Under Stress. Percept Mot Skills; 56(1):191-198.