Vivir con epilepsia: trastornos psicológicos asociados

La epilepsia tiene una causa física y se asocia a otros trastornos que juegan un papel muy importante en su intervención. En este artículo, profundizaremos en el tema y contestaremos a algunas de las preguntas más frecuentes.
Vivir con epilepsia: trastornos psicológicos asociados
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 01 febrero, 2022

La epilepsia no se considera una enfermedad mental. Desde mediados del siglo XX, fue reconocida como un trastorno neurológico caracterizado por una alteración de la actividad eléctrica cerebral. Sin embargo, pese a que la causa sea física, aspectos como el comportamiento o los estados afectivos también se ven afectados. Así, vivir con epilepsia es una experiencia mucho más amplia y compleja que la mera aparición de convulsiones.

En primer lugar es necesario recalcar que no todas las personas con epilepsia presentan trastornos psicológicos asociados. Ni siquiera está claro que la incidencia de este tipo de trastornos sea mayor en pacientes epilépticos que en la población general.

No obstante, el mero hecho de vivir con epilepsia impone una serie de retos a nivel psicológico y social que no obtienen la suficiente atención por parte de los profesionales de la salud. Por ello, algunos pacientes pueden sentirse desamparados al respecto.

Cerebro con ondas de crisis epilépticas

Principales trastornos psicológicos asociados a vivir con epilepsia

Las alteraciones psicológicas asociadas a la epilepsia pueden presentarse antes de una crisis, durante la misma o en el periodo entre crisis; siendo este último punto es el más relevante. En este sentido, los síntomas intercríticos (entre crisis) son relativamente estables y pueden afectar tanto a la personalidad, como a las emociones y las conductas de la persona.

Sin embargo, son muchos los factores relacionados con la aparición de estas alteraciones psicológicas. En primer lugar, el tipo de epilepsia y las regiones cerebrales a las que afecta. Además, aspectos como la edad, la toma de medicamentos y las condiciones socioculturales propias de cada persona juegan un papel importante.

En base a estas variables, pueden surgir trastornos asociados como los que presentamos a continuación.

Trastornos afectivos

La depresión es la alteración psicológica más asociada a la epilepsia, tanto que un 80 % de pacientes epilépticos muestras síntomas depresivos. En la mayor parte de los casos se trata de depresiones reactivas; es decir, que responden a las dificultades para aceptar la enfermedad y las consecuencias derivadas de la misma. Al fin y al cabo, aprender a vivir con epilepsia es un proceso que requiere tiempo y en el que se involucran numerosas emociones.

No obstante, un importante porcentaje de pacientes presenta depresiones endógenas (más relacionadas a factores internos que a vivencias externas). Y, además, existe una elevada y preocupante tasa de suicido entre quienes padecen epilepsia.

Alteraciones psicóticas

Entre un 2 % y un 9 % de los pacientes epilépticos presentan psicosis de algún tipo. Se trata principalmente de una pérdida de conciencia o de contacto con la realidad que genera percepciones y pensamientos anormales. Estas alteraciones psicóticas pueden aparecen de manera episódica o crónica y en muchos casos comparten síntomas con la esquizofrenia pese a ser afecciones diferentes. Sin embargo, aún se necesita mayor investigación al respecto.

Ansiedad

La ansiedad es otra de las consecuencias más comunes de vivir con epilepsia, afectando a cerca del 23 % de pacientes. Esta suele venir generada por el miedo a padecer una nueva crisis, a que esta ocurra en público o a ser rechazado o estigmatizado debido a la enfermedad. Esto puede generar problemas de autoestima, aislamiento social y una baja calidad de vida entre otras consecuencias.

Mujer con ansiedad por miedo a tener crisis epiléptica

Vivir con epilepsia: una realidad poco comprendida

Además de los anteriores trastornos, también es común que aparezcan problemas de conducta como agresividad, déficit de atención e incluso desórdenes de personalidad. Sin embargo, una gran parte de ellos se deben al estigma y el rechazo social que aún padecen quienes sufren epilepsia. Las dificultades para acceder al mundo laboral o para establecer relaciones llevan a que, muchas veces, la enfermedad sea ocultada, aumentando así el nivel de ansiedad.

Por otro lado, asumir la enfermedad y sus limitaciones no es sencillo. Los pacientes con epilepsia dependen de otras personas para muchas actividades cotidianas, lo que en ocasiones hace que sean sobreprotegidas por el entorno familiar al tiempo que se aíslan del resto de la esfera social. Así, por desgracia, lo más frecuente en que tengan un círculo social periférico muy reducido.

Para paliar las consecuencias de estas situaciones es imprescindible el acceso a una atención psicológica de calidad. Una que acompañe el proceso de aceptación y ofrezca al paciente herramientas para gestionar su nueva realidad.

Sin embargo, los aspectos sociales y psicológicos de la epilepsia suelen quedar desatendidos, ya que el énfasis principal se enfoca al aspecto médico y orgánico. Una atención más integral puede mejorar significativamente la calidad de quienes conviven con esta enfermedad.


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