Vivir con resentimiento

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 septiembre, 2015
Carlos Rodríguez López · 15 diciembre, 2014

Según la Real Academia de la Lengua Española, el resentimiento es ” tener sentimiento, pesar o enojo por algo “ y “Sentir dolor o molestia en alguna parte del cuerpo, a causa de una enfermedad o dolencia pasada”. Es, sin lugar a duda, uno de los sentimientos más padecidos por la sociedad actual, aunque suele estar enmascarado tras la falsa creencia de que se trata de una respuesta natural cuando recibimos un daño; rito normal por el que hay que pasar cuando alguien nos ha herido en el pasado.

El origen del resentimiento es el daño, que, al estar unido inexorablemente al recuerdo, no hace sino incrementar el aspecto negativo del dolor. Es normal que, ante un acontecimiento que nos hizo padecer, nuestra mente se alimente de la memoria para intentar explicar las causas del hecho acontecido. Solemos analizar las causas, las consecuencias que ha tenido, y un sinfín de matices que, con el tiempo, se convierten en una obsesión.

Todo en nosotros, el cuerpo y la mente, necesita un tiempo mínimo para curar una herida. El cuerpo se sirve de distintos elementos para cicatrizar y sanar de forma endógena todo tipo de fracturas. Nuestra mente también utiliza un paliativo para este tipo de circunstancias: el olvido, la antítesis del recuerdo. El olvido es una actividad motora, involuntaria, que nuestra psique utiliza a modo de analgésico, aunque es necesario que la ayudemos.
Pongamos un ejemplo clásico de resentimiento: nuestra pareja nos abandonó hace más de un año.

Seguimos dándole vueltas al asunto desde el victimismo, aumentando el daño original que hizo que generáramos este sentimiento. Es importante que revisemos lo que ocurrió desde una perspectiva lo más objetiva posible y, desde la distancia, extraigamos la culpa que nosotros pudimos tener. También hay que considerar la posibilidad de que la personalidad de la otra persona no fuese la adecuada para nosotros y, por tanto, nos hayamos evitado un mal rato aún peor.

El resentimiento, por tanto, es una reacción natural, aunque debemos dotarle de una fecha de caducidad. Según el profesor Osvaldo Cuadro Moreno, el resentimiento es un dolor interno que nos impide avanzar como individuos y nos hace prisioneros de la persona que nos lastimó. El paso del tiempo alimenta a este sentimiento, que nos fatiga mentalmente de una forma gradual.

Cuando el odio, la duda, la inseguridad, y todo tipo de sensaciones de esta naturaleza, se adueñan de nosotros, el resultado sólo puede ser malo para nosotros y para las personas que nos rodean y nos quieren. Por eso, no seas duro contigo mismo y centra tus pensamientos, tanto negativos como positivos, sólo en las personas que te estiman y te apoyan, e intenta olvidar todo aquello que te aporte infelicidad.