Wolfang Amadeus Mozart, biografía de un genio inmortal

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 5 enero, 2019
Edith Sánchez · 5 enero, 2019
A diferencia de otros genios, Wolfang Amadeus Mozart no fue un rebelde, ni un transformador a ultranza, sino un hombre felizmente entregado a su pasión por la música y a la dicha de crear.

Wolfang Amadeus Mozart tuvo una vida con grandes contrastes, en todos los terrenos. Vivió tan solo 35 años, pero dejó más de 600 composiciones terminadas y unas 132 inconclusas. Fue toda una celebridad durante su infancia, y al final de su vida padeció la miseria y el olvido. Quedó en la historia como un genio musical que representa el fin del periodo clásico y el comienzo del romanticismo.

Del matrimonio entre Leopoldo Mozart y Ana María Pertl hubo siete hijos, pero solo sobrevivieron dos: Ana María y Wolfang Amadeus, que era el más pequeño. El padre dedicó toda su vida a la música. Había estudiado canto, órgano y composición en un colegio benedictino de Salzburgo. Luego se convirtió en violinista de la corte y en esa condición le daba clases de canto y violín a los niños de la realeza.

Ni una inteligencia sublime, ni una gran imaginación, ni las dos cosas juntas forman el genio; amor, eso es el alma del genio”.

-Wolfang Amadeus Mozart-

Ana María, a quien todos llamaban cariñosamente Nannerl, era cinco años mayor que Wolfang Amadeus. También era una excelente pianista. Sin embargo, debido al éxito de su hermano, en un momento dado tuvo que renunciar a sus aspiraciones de figuración, ya que los recursos de la familia no alcanzaban para promoverlos a los dos.

Una infancia singular

Todo comenzó cuando Wolfang Amadeus Mozart tenía 4 años. Su hermana Nannerl lo tenía sentado sobre su regazo, mientras practicaba la lección de piano diaria. De pronto, el niño se acercó al piano y repitió la melodía que su hermana estaba interpretando hacía unos segundos. Asombrada por el hecho, inmediatamente la chica le informó a su padre de semejante prodigio.

Desde ese momento, Leopoldo animó a su hijo para que aprendiera música. Se convirtió en un dedicado profesor personal y Wolfang en un alumno ejemplar. El chico adoraba la música y no necesitaba que lo presionaran para aplicarse a ella. Antes de aprender a escribir ya conocía las notas musicales y las partituras. A los 6 años hizo su primera composición, una sonata para piano y violín. Su padre no cabía de la dicha.

Leopoldo arregló presentaciones para sus dos hijos, en principio ante el Arzobispo de Salzburgo, que era la cabeza de gobierno de la región en aquella época. Luego siguieron varias giras por Europa, en las que Nannerl y Wolfang cautivaron a todos los gobernantes que los escuchaban. El padre quería, sobre todo, que sus hijos se hicieran famosos. No pensó en el dinero y por eso siempre les pagaron con bisutería de no mucho valor.

Mozart

La brillante carrera de Mozart

Los continuos viajes durante la niñez menguaron la salud de Wolfang Amadeus Mozart. Aún así, disfrutaba de su trabajo como de un juego. Se cuenta que en uno de sus conciertos, ante la emperatriz María Teresa de Austria, trastabilló y cayó. Una niña le ayudó a levantarse. En agradecimiento, Wolfang le prometió casarse con ella cuando fueran mayores. Esa niña se convirtió luego en la reina María Antonieta de Francia y, por supuesto, la promesa nunca se cumplió.

Cuando Mozart tenía 19 años ya contaba con más de 200 composiciones propias. Hizo una gira por Italia y fue allí donde comenzó a consolidarse como compositor. Más adelante, a su padre le fue prohibido salir de Salzburgo, por lo que Wolfang continuó sus giras en compañía de su madre.

La vida sentimental de Mozart fue azarosa y poco relevante. Tuvo algunos romances, principalmente con mujeres que se dedicaban a la música. Se casó con Constanza Weber en 1782. Ella, sin embargo, no fue exactamente una compañera de vida para él. Tuvieron seis hijos, de los cuales solo sobrevivieron dos.

Mozart tocando el violín

Un triste final

Aunque Mozart era muy reconocido como músico en toda Europa, sus finanzas siempre estaban por el suelo. Ni su esposa ni él eran precisamente un monumento al ahorro. Por eso siempre tuvieron grandes dificultades económicas, pese a los éxitos de obras como Las bodas de Fígaro, Don Giovanni o Pequeña serenata nocturna.

Se cuenta que cuando estaba a punto de terminar La flauta mágica, apareció un misterioso hombre que le encargó la composición de una misa para difuntos y le pagó los honorarios del caso. Mozart se dio a la tarea y trabajó sin descanso componiendo su famoso Réquiem. En ese entonces estaba ya muy enfermo. Las fiebres reumáticas no le dejaban ni siquiera tocar el piano.

El 4 de diciembre de 1791 invitó a unos amigos pianistas para que interpretaran el Réquiem que había compuesto, ya que él no podía hacerlo. Dicen que cuando llegó a la parte de la “Lacrimosa”, él mismo se echó a llorar. Sus amigos se fueron más tarde y él murió a la madrugada. El día de su sepelio hubo una fuerte tormenta y finalmente nadie lo acompañó al cementerio. Sus restos se sepultaron en una fosa común.

  • Rodríguez, A. D. (2013). Mozart. Sociología de un genio, de Norbert Elias. Revista Colombiana de Sociología, 36(2), 237-240.