Zygmunt Bauman: Facebook y las trampas de las redes sociales

Zygmunt Bauman: Facebook y las trampas de las redes sociales
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 11 diciembre, 2017

Zygmunt Bauman es un sociólogo polaco que adquirió fama y reconocimiento gracias a una de sus obras, La modernidad líquida. En ella, denuncia que la postmodernidad trajo consigo el derrumbe de “lo sólido”. Ya no hay solidez en nada. Todo es temporal, pasajero y mutante.

La juventud de Zygmunt Bauman no estuvo exenta de dificultades. Tuvo que huir de su propio país, perseguido por el régimen nazi. Finalmente logró establecerse en Israel y desde los años setenta comenzó a sorprender al mundo con sus tesis. Esto le ha valido varios premios de gran relevancia, como el “Príncipe de Asturias”, en 2010.

…”whatsapp, notebook, mensajes de texto, internet… Ataduras que anulan el deseo del diálogo, de la mirada, del contacto físico y de cualquier tipo de responsabilidad comunicacional que entrañe un riesgo”.

-Jorge T Colombo-

Zygmunt Bauman ha analizado el mundo contemporáneo de forma descarnada. Uno de los temas que ha ocupado sus reflexiones más recientes es Internet y las redes sociales. No ve grandes virtudes en ellos. Más bien los define como trampas contemporáneas, en las que la gente cae y se siente feliz por ello.

Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman y Facebook

Una de las frases de Zygmunt Bauman nos llama poderosamente la atención. Dice lo siguiente: “El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg , ha ganado 50,000,000,000$ con su empresa, centrándose en nuestro miedo a la soledad, eso es Facebook”. En realidad, no solo se refiere a Facebook, sino a todas las redes sociales.

El sociólogo ha hecho hincapié en que el gran mérito de Mark Zuckerberg fue darse cuenta de hasta dónde llega el deseo humano de no estar solo. En una red social, la soledad  aparentemente no existe. Las 24 horas del día y los 7 días de la semana hay alguien “ahí”, dispuesto a leer cualquiera de nuestras inquietudes y a reforzar el hecho de que la compartamos, a dar un “like” solitario.

Las personas ahora parecen dispuestas a formar parte de conversaciones totalmente intrascendentes. Todo con tal de mantenerse “conectados”. Ya no pasan los días acompañados por personas. En su día a día, el compañero es un ordenador o un teléfono inteligente.

La ausencia de diálogo y de comunidad

La obra de este sociólogo habla de las nuevas dependencias tecnológicas. Para él fuerzas arrasadoras, a las que casi nadie puede resistir. Tienen un poder de congregación impresionante. Nunca antes en la historia había existido algo así. Y, sin embargo, Zygmunt Bauman piensa que tampoco antes se había visto tanta comunicación que no desemboca en diálogo, que no de fruto.

Dice Zygmunt Bauman que en Facebook, y redes similares, lo que hace la gente es una especie de eco. Escucha solo lo que quiere escuchar. Se lo dice solo a quienes piensan lo mismo. Las redes, entonces, son como una inmensa casa de los espejos. Propician encuentro, pero no diálogo.

Chica mirando el móvil

Establecer o eliminar un contacto en una red social es extremadamente fácil. En la vida real no lo es tanto. Hay que dar la cara por cada uno de nuestros actos. En Internet no. Hay intercambio de mensajes, pero no diálogo. Diferencias, pero no debate constructivo. De todos modos, se crea la ilusión de estar conectados con los demás.

El reino del “yo público”

Las redes sociales invitan a exponerse. A mostrar, y demostrar, quién es uno. Por supuesto, elegimos solo lo más presentable para mostrar. Formamos pequeñas comunidades que manejamos a nuestro antojo. Somos pequeños dictadores en el reino de nuestra cuenta. Decidimos quién está y quién no. Las ausencias y las presencias no terminan de afectarnos del todo.

El yo ocupa un lugar decisivo en las redes sociales. Sin darnos cuenta, nos volvemos dependientes de esa exposición pública en las redes. Queremos ser identificados y reconocidos de una forma determinada, e incluso podemos llegar a sentirnos frustrados si no lo logramos.

Zygmunt Bauman ve en las redes sociales una trampa para el ser humano. Piensa que este tipo de espacios inciden decisivamente en lo que él llama “la cultura líquida”. En ella priman los vínculos humanos precarios. Amores sin rostro y sin compromiso. Oleadas de sentimientos y de ideas que hoy están y mañana desaparecen. Gente que permanece entretenida, mientras el poder, político y económico, cada vez los controla más y mejor.

Símbolo de Facebook en grande

Para Zygmunt Bauman el panorama no es alentador. De tanta información que circula, nos estamos convirtiendo en gente desinformada. Nunca sabemos en qué creer. De tanta comunicación nos estamos quedando cada vez más en un monólogo. Hay tanta globalización que el individualismo se ha tornado cada vez más agresivo. Aparentemente tanta libertad nos ha vuelto más dóciles que nunca a las imposiciones de quienes deciden nuestros modos de vida.


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