4 claves para ser más tolerantes

07 Marzo, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Ser tolerante implica abrir la mente, escuchar y respetar las opiniones ajenas incluso cuando no se comparten. Descubre cómo desarrollar esta capacidad.

La tolerancia es una virtud fundamental que todos deberíamos desarrollar dado que vivimos en sociedad y nos relacionamos a diario con otras personas. Ser más tolerantes nos ayuda, en primer lugar, a evitar discusiones y conflictos interpersonales. Pero, además, nos permite conocer otras opiniones y puntos de vista. Entonces, ¿por qué nos resulta tan complicado?

Los seres humanos vamos construyendo nuestra identidad en torno a nuestros valores, opiniones y creencias. Por ello, tratamos de protegerlos y mantenerlos invariables a lo largo del tiempo.

En realidad, sentimos que parte de quienes somos está en juego cuando nos enfrentamos a perspectivas que contradicen las nuestras; especialmente si somos personas poco flexibles y tendentes al pensamiento dicotómico tipo “blanco o negro”. No obstante, si quieres comenzar a ser más tolerante, hay varias estrategias que puedes seguir.

Claves para ser más tolerantes

Mujer hablando con su compañera

Reconocer los propios sesgos

Como hemos comentado, es normal que tratemos de mantener nuestras creencias intactas. Y, para ello, desplegamos diferentes sesgos cognitivos. Por ejemplo, tendemos a buscar y aceptar aquella información que concuerda con nuestras ideas y, del mismo modo, ignoramos o rechazamos lo que las contradice. Este proceso suele ser automático y ocurre sin que seamos plenamente conscientes. Por ello, tener en cuenta esta tendencia puede ayudarnos a abrir la mente.

Antes de invalidar una idea piensa si lo estás haciendo porque realmente no te parece cierta o adecuada, o simplemente porque va en contra de tu opinión actual. Del mismo modo, trata de informarte de los distintos puntos de vista sobre de un mismo tema, en lugar de permanecer en tu percepción inicial.

Abrirse a la diversidad

La intolerancia surge muchas veces del desconocimiento, de permanecer en círculos sociales cerrados y en entornos poco diversos. Cuando esto ocurre, recurrimos a los estereotipos para juzgar a todo un colectivo o tomamos una parte como representante del todo ante una idea que en realidad no comprendemos. Para evitarlo, nada mejor que abrirnos a lo diferente y novedoso.

Viajar, descubrir otras culturas, dialogar con personas de distintas procedencias, opiniones e intereses pueden ampliar enormemente nuestra perspectiva. Conocer otras realidades de primera mano seguramente nos llevará a tener una actitud más abierta y tolerante.

Escuchar de forma activa

Para ser más tolerantes es imprescindible que aprendamos a escuchar. Muchas de nuestras conversaciones no son más que luchas de poder en las que, realmente, no nos interesamos por lo que el otro tiene que decir; simplemente tratamos de rebatir sus argumentos (sin ni siquiera sopesarlos) e imponer nuestra opinión como la única válida.

Escuchar implica mostrar un interés genuino por el discurso del otro, atenderlo, analizarlo, reflexionar y hacer preguntas que nos ayuden a clarificar su punto de vista. Este proceso no necesariamente nos llevará a cambiar de idea, pero sí nos permitirá comprender cuáles son los motivos de la otra persona y empatizar con ellos.

Estar dispuesto a cambiar de opinión

Aunque no lo parezca, en ocasiones la intolerancia refleja un miedo a perder esas creencias en las que nos venimos sustentando desde hace tiempo. Cambiar de opinión no es sencillo porque implica reconocer que hemos estado equivocados y esto puede percibirse como una debilidad o un fracaso.

Nada más lejos de la realidad, rectificar es de sabios y no hay vergüenza en adoptar una actitud diferente ante unos hechos que antes desconocíamos. Esto refleja madurez y nos ayuda a crecer como personas.

Chico hablando con sobre datos curiosos del lenguaje corporal con su amiga

Ser más tolerantes no implica modificar quienes somos

Ante todo recuerda que ser tolerante no implica estar de acuerdo con lo que el otro opina, solo respetarlo. Todas las personas somos diferentes y nuestras preferencias, intereses y decisiones vitales no pueden concordar con las de todo el mundo; pero esto no significa que tengamos que rechazarlas.

Tal vez no compartas el estilo de vida escogido por una amistad, no estés de acuerdo con la opinión de tu pareja sobre un tema en particular o no comprendas por qué otra persona ha tomado cierta decisión. Sin embargo, la intolerancia solo te generará sufrimiento, ira y desasosiego y creará conflictos interpersonales. El respeto, la escucha y una mentalidad más flexible te ayudarán a lograr relaciones más armoniosas e incluso, tal vez, a descubrir perspectivas que antes no habías tenido en cuenta.

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  • Riso, W. (2007). El poder del pensamiento flexible: De una mente rígida a una mente libre y abierta al cambio. Editorial Norma