5 hábitos para ser más agradable con los demás

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 1 mayo, 2016
Eva Maria Rodríguez · 1 mayo, 2016

Hay mucha gente que está convencida de que no necesita ser agradable. Seguro que alguna vez has dicho para ti la frase: “qué le costará a este o esta ser más agradable”. Lo cierto es que incluso el más introvertido necesita ser apreciado por los demás y actuar como si no se necesitara nada de nadie solo trae consecuencias negativas.

Ser más agradable con los demás facilita las relaciones, la integración en el grupo, reduce los niveles de estrés e incluso ayuda a tener un ambiente más agradable para todos, incluido uno mismo. Incluso si estás para pocas fiestas, el hecho de ser agradable te ayuda a mejorar tu estado de ánimo y a sentirte mejor.

Es increíble lo que se puede conseguir con una sonrisa o un gesto amable, incluso con quien se esfuerza en mostrarse antipático, arisco y desagradable. Pruébalo y verás.

Por qué deberías ser más agradable

La gente agradable está siempre rodeada de otra gente agradable, tiene un vida social y familiar activa y su opinión y forma de es recordada siempre que hay que celebrar algo u organizar alguna cosa interesante. Sus habilidades sociales le permiten tener relaciones saludables y poder contar siempre con otros cuando los necesita.

Amigos paseando felices

En el terreno profesional, las personas agradables son las que mejores relaciones tienen con los compañeros y clientes o usuarios y los que mayores oportunidades tienen de ampliar sus expectativas profesionales. También son los que más disfrutan de su trabajo y, por lo tanto, los que menos estrés acumulan y más satisfechos se sienten consigo mismos.

En general, ser más agradable mejora la autoestima y la motivación, ayuda gestionar el estrés y a simplificar las situaciones y aumenta las posibilidades de tener éxito personal y profesionalmente.

Cómo ser más agradable con los demás

Todos podemos ser siempre un poco más agradables. Incorporar determinados hábitos en tu forma de actuar te ayudará a ser más agradable y a mejorar tus relaciones con los demás.

No te comportes como un sabelotodo

Los sabelotodos suelen ser personas muy desagradables. A nadie le gustan las personas que hablan sabiendo todo de todo, como si estuvieran en posesión de la verdad absoluta. Y, aunque sea así, si quieres ser agradable debes moderarte a la hora de hablar. Si te preguntan responde, por supuesto, pero con la intención de dar la respuesta que te solicitan no con la de demostrar tu sabiduría.

En este sentido, evita meterte en las conversaciones de otros sentenciando verdades y dictando consejos. Si crees que puedes ayudar, incorpórate discretamente a la conversación, haz las preguntas adecuadas y haz sugerencias para ayudar a que los demás te pregunten.

En todas las situaciones, si realmente quieres decir que lo que sabes o lo que piensas, hazlo de forma que los demás se sientan bien consigo mismos, sin hacerlos quedar mal y mostrándote dispuesto a ayudar a quien lo necesite.

No dejes salir tus resentimientos

Muchas personas dejan salir a la luz argumentos o situaciones completamente intrascendentes en una conversación, cosas que no vienen a cuento o que están fuera de lugar en un momento determinado. Si no quieres parecer desagradable, no saques a relucir tus resentimientos. Una conversación no es una excusa para dejar mal a nadie.

La gente agradable no se gana la admiración de los demás por recriminar a otros o por dejar aflorar sus problemas o sentimientos negativos. La gente agradable es reclamada por los demás precisamente porque con ellos el famoso dicho “donde hay confianza da asco” no tiene lugar.

No conviertas a los demás en la diana de tus desahogos ni saques a relucir cuestiones personales que te afectan emocionalmente, ni siquiera cuando tengan que ver con la conversación, mucho menos si no tienen una relación directa.

Sé paciente y escucha a los demás

Aunque la conversación no te guste o lo que la gente está diciendo te parezca aburrido o superficial, sé paciente y déjales hablar. No des a entender que la situación te desagrada ni te muestres aburrido.

Amigas sonriendo

Muchas personas consideran que otra tiene una conversación agradable simplemente porque les dejan hablar y se limitan a hacer preguntas que, además de mostrar su interés, les animan a seguir hablando. No hay manera de quedar bien sin apenas esfuerzo mejor que esta.

Esto no quiere decir que tengas que aguantarlo todo. Al contrario. Puedes aprovechar cualquier disculpa para retirarte sutilmente y, en el futuro, intentar evitar esas situaciones. La clave está en que no se note que huyes. Nadie dijo que ser agradable fuera siempre fácil.

Haz cumplidos y observa las cosas buenas de los demás

A la gente le gustan las personas que se fijan en los detalles y que son generosos con los cumplidos. Sonreír a la gente cuanto la ves, saludar efusivamente, preguntar por algo que sabes que le importa o destacar algún detalle de su aspecto son siempre buenos recursos para caer bien.

Cuando te fijas y haces comentarios positivos sobre ellos, las personas tienen a recordar de forma inconsciente que dijiste algo positivo sobre ellos, aunque no se acuerden de qué, lo que te hace parecer más agradable.

Por otra parte, cuando sistemáticamente sonríes de manera genuina a las personas, estas se hacen a la idea de que eres una persona agradable, aunque no te conozcan bien o solo hayan escuchado hablar de ti.

Sé generoso

Hay muchas maneras de ser generoso. Es más, la generosidad no siempre implica una cuestión económica. En cualquier caso, la generosidad muestra un interés genuino por los demás y una implicación clara en la situación.

Mano dando una flor a otra

Siempre que puedas, ofrece más de lo que te han pedido. Si se trata de una relación comercial, puedes regalar un poco más de producto, un poco más de tiempo, ser menos estricto con las condiciones de las ofertas o hacer algún tipo de regalo de tipo propagandístico. Sé especialmente generoso con los niños. Cualquier pequeño detalle es siempre bien recibido por los adultos.

Pide, pedir con moderación también nos hace agradables porque hacemos que los demás se sientan útiles. Además, cuando alguien evalúa si hacer algo o no por nosotros, para mantener su coherencia cognitiva, necesita pensar que nos lo merecemos.

Que somos lo suficientemente buenos como para merecérnoslo. Es una forma indirecta de ganar valor para otras personas, siempre que lo hagamos claro, con moderación. Porque si termina por dejar de hacernos favores, conseguiremos justo lo contrario, que su pensamiento tienda a pensar que somos malos para justificar le hecho de no ayudarnos.