Acoso sexual en el trabajo, ¿qué hacer?

Edith Sánchez·
17 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
17 Noviembre, 2020
El acoso sexual en el trabajo genera angustia, dudas y miedo. En la mayoría de los casos, callar y dejar que el tiempo pase hace que el acoso escale en intensidad y frecuencia. Por eso, este tipo de situaciones demandan una afrontamiento activo.

El concepto de acoso sexual nació durante los años setenta, en el marco del movimiento feminista. En principio se asoció de forma global con las conductas de los hombres, en los espacios laborales, que aparentemente tenían un contenido solamente sexual, pero que en el fondo constituían un ejercicio de poder.

Después de una serie de escándalos de acoso sexual en los Estados Unidos, durante los años ochenta, el tema ganó páginas en los medios y poco a poco fue ocupando un lugar en el marco legal. Pasó de ser una conducta inapropiada para convertirse en un abuso y, finalmente, un delito.

Pese a todo, en el mundo actual, siguen existiendo casos de acoso sexual en el trabajo. Situaciones en los que la persona que los sufre está en una situación de gran vulnerabilidad, sintiendo que puede perder mucho si denuncia la situación. Así mismo, es necesario decir que este tipo de acoso a veces recae sobre los hombres y que se han presentado casos de mujeres que han utilizado esta figura para hacer reclamaciones falsas.

Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”.

-Elie Wiesel-

Jefe acosando a una empleada

Identificar el acoso sexual en el trabajo

No siempre es fácil identificar el acoso sexual en el trabajo, en especial en los entornos en los que hay relaciones de mucha proximidad y confianza. A veces, no se logra reconocer con nitidez la línea que separa la camaradería, la broma o el coqueteo del acoso mismo. De manera general, se puede hablar de acoso cuando existen estas premisas:

  • No hay correspondencia. Una de las personas involucradas manifiesta interés sexual por otra, pero esa otra no tiene el mismo sentimiento y no desea ser objeto de esas manifestaciones.
  • Hay una transgresión simbólica o directa. Ocurre cuando una persona es instrumentalizada por otra, bien sea a través de palabras, acciones, dibujos, bromas, etc. Se le ubica en un plano sexual, cuando no ha dado pie para ello.
  • La respuesta del afectado determina conductas. El acosador toma decisiones con base en la aceptación o la renuencia de su víctima. A veces puede ser un despido, pero también puede ser ostracismo, rechazo, o privilegios y estabilidad.
  • Se presentan conductas intimidatorias. No necesariamente son amenazas, pero sí demostraciones de fuerza o poder, bien sea físico o jerárquico. La víctima se siente amenazada en uno o varios aspectos.

Principales tipos de acoso sexual en el trabajo

El acoso sexual puede ser principalmente de dos tipos: ambiental o de chantaje. Los dos son formas de presión indebida sobre otra persona para que acceda a los requerimientos sexuales de un superior o de un compañero o compañera de actividad. Veamos en qué consiste cada tipo:

  • Acoso ambiental. Corresponde a los comportamiento hostiles, humillantes o amenazantes que alguien despliega sobre otro. Pueden ser conductas verbales, físicas o simbólicas y ser ofensas leves o graves, pero siempre sistemáticas.
  • Chantaje sexual. Ocurre cuando abiertamente se le solicita a la víctima dejarse utilizar sexualmente a cambio de algo, que puede ser el mantenimiento de su trabajo, el aumento del salario, la mejora de las condiciones, etc.

Un estudio llevado a cabo por Inmark, Estudios y Estrategias S.A. en 2014, señala que en casi el 60 % de los casos de acoso laboral en el trabajo el victimario es un compañero de trabajo. En el 14,3 % el agresor es un cliente; en el 2 % un directivo y en el 1,3 % un subordinado. Sin embargo, el 50 % de los casos graves los realizan los superiores jerárquicos.

Empleada con miedo por la intimidación de su jefe

¿Cómo parar al acosador?

Es muy habitual que las víctimas de acoso sexual intenten minimizar la gravedad de lo que les ocurre. De esta manera intentan justificarse para ellas mismas el hecho de no haber denunciado la situación. A ellas no les ocurre nada importante, así que, ¿por qué armar un escándalo?

Por muy grande que sea la esperanza de que el acoso termine de manera natural, lo cierto es que estás situaciones suelen cronificarse. Lo mejor es confrontar directamente al acosador, con actitud tranquila, pero firme. Ponerle palabras a lo que está ocurriendo. El hecho de identificar con precisión lo que el otro está haciendo y las consecuencias que puede tener ya es capaz de frenar a muchos abusadores.

Si el acoso pasa de ser una amenaza o una insinuación a materializarse, lo que sigue es denunciar. Si la organización en la que se trabaja tiene una instancia definida para este tipo de casos, mucho mejor. Si no, lo adecuado es acudir a un superior e implicarle en lo que está ocurriendo. Es mejor hacerlo por escrito, señalando de manera detallada cómo se está produciendo el acoso.

Es conveniente, hasta donde sea posible, recabar pruebas y testigos. Si la organización ignora la denuncia, lo indicado es acudir a las autoridades. Actualmente, en la mayoría de los países occidentales la legislación protege a las víctimas de este delito. Callar no es una opción.

Acevedo, D., Biaggii, Y., & Borges, G. (2009). Violencia de género en el trabajo: acoso sexual y hostigamiento laboral. Revista venezolana de estudios de la mujer, 14(32), 163-182.