Adiós a las preocupaciones. Practica el "Carefree Life"!

Adiós a las preocupaciones. Practica el “Carefree Life”!

Cristina Martínez de Toda 7, Mayo 2015 en Emociones 4801 compartidos

La palabra pre-ocupación, como su propio nombre indica, significa ocuparse antes de tiempo.

Cuando vivimos pre-ocupados por el mañana, somos incapaces de disfrutar el momento, el hoy, el instante actual. Es decir, las preocupaciones paralizan el presente, y lo que es más serio, inmovilizan el aquí y el ahora.

¿Cuántas veces no nos dormimos dándole vueltas a algún problema? Este desgaste energético, de valoración de infinidad de posibilidades, nos produce un agotamiento físico y mental, que precisamente provocará en nosotros el efecto contrario que deseamos; a la hora de gestionar y ocuparnos de la situación en el momento, estaremos exhaustos, y nuestra capacidad de toma de decisiones puede estar mermada.

Y eso en el caso de que sea un problema real y práctico, porque: ¿Cuántas veces nos regodeamos en un problema imaginario?

Hay gente que cae en un bucle infinito de preocupaciones, creándose monstruos imaginarios, ideando mil y una fatalidades que les pueden ocurrir en un plazo más o menos corto de tiempo.

Y no viven el presente, el momento, puesto que están demasiado pre-ocupados en solucionar unos problemas que en el 90% de los casos no van a suceder. Qué interesantes somos los seres humanos, ¿Verdad?

A mí me fascina como nos encanta amargarnos la vida.

Y no hay que confundir despreocupación con pereza o irresponsabilidad, puesto que el despreocupado afrontará la ocupación o el problema en el momento exacto, mientras que el perezoso o irresponsable lo evitará.

Así que yo os animo a que seáis despreocupados. Practica el “carefree life” o vida sin preocupaciones:

Echa el freno

Cuando nuestra cabecita se prepara para correr una maratón de 50 problemas imaginarios, frena. Dale un respiro. Cuando vivimos atolondrados por el día a día, nuestros pensamientos también van a 100 por hora, y esta velocidad hace que nuestra mente vaya más allá de lo racional, llegando incluso a convertirnos en futurólogos. Hacemos predicciones tan fatídicas e improbables como nuestro grado de preocupación.

Se racional. Trabaja el análisis reflexivo

Ante una preocupación excesivamente recurrente, intenta caricaturizarla. Esto no significa que te burles o no la tengas en cuenta, sino que la lleves hasta el extremo, es decir, visualiza qué es lo peor de lo peor que podría ocurrirte, y verás que no es tan malo. Reflexionando, entenderás que las posibilidades de que ocurra todo eso son insignificantes.

Hay cosas que escapan a nuestro control como son la vida y la muerte, los desastres naturales o los accidentes. Y por mucho que te preocupes no te va a servir de nada. Si aprendes a vivir tu vida sin preocupaciones, estarás mucho más preparado para afrontar estas situaciones en el caso de que ocurran. Tu mente no estará exhausta de anticipaciones por lo que podrás ocuparte con pleno rendimiento de la situación.

Delega en los demás

Por mucho que te angustie, los problemas de tu pareja son eso, problemas de tu pareja. Se empático e intenta ayudarle en lo que puedas, pero aprende a no apropiarte de los dilemas de los demás. No te atormentes con problemas que no te conciernen, que bastante tienes con los tuyo ya.

Deshazte de los “Ysis”

Los “Y si…” son esos amigos imaginarios que tienen la bonita costumbre de irrumpir en tus pensamientos, provocándote mil y una dudas. Y si… ¿no estoy tomando la decisión correcta? Y si… ¿mañana me despiden del trabajo?

preocupación

Los Ysis, lejos de ayudarte, te provocan un estrés innecesario. Si la decisión no es correcta, habrás aprendido como hacer la próxima vez. Si mañana te despiden del trabajo… pues no te preocupes porque podrás trabajar como adivinador de éxito gracias a tus Ysis.

Porque con la mayoría de las personas los Ysis se equivocan más del 90% de las veces, por lo que calcula el tiempo que puedes dedicar semanalmente a valorar esa serie de predicciones, y empieza a pensar en formas más enriquecedoras de utilizarlo.

Céntrate en el momento presente

Rodeados de tantas preocupaciones, no nos ocupamos del tiempo real. Vivimos en un mañana ficticio que nos impide disfrutar de ese café con tu amigo, de ese libro que tenías tantas ganas de leer, de esa conversación, o simplemente de la maravillosa sensación de relajarte y no pensar en nada.

Aprende a despreocuparte. Sal a la calle, respira, observa, escucha, saborea y palpa ese momento. Con todos tus sentidos. El tiempo vuela, y los momentos pasados no vuelven más. Así que manda a paseo a tus “Ysis”, que tú hoy tienes planes mucho más bellos por hacer.

Cristina Martínez de Toda

Licenciada en Psicología. Máster en Neuropsicología y educación. Experta en Inteligencia emocional.

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