Agorafobia: el problema del miedo al miedo - La Mente es Maravillosa

Agorafobia: el problema del miedo al miedo

Julia Marquez Arrico 29 noviembre, 2017 en Psicología clínica 487 compartidos
Mujer con agorafobia

Mucho se ha escrito o hablado sobre la agorafobia. Muchas veces se entiende este trastorno equivocadamente como “miedo a los espacios abiertos o a espacios donde se reúne mucha gente”. Ello no es totalmente correcto, ya que la agorafobia se caracteriza por experimentar miedo al miedo, más que por el temor a los espacios abiertos. Según el Manual Estadístico y de Diagnóstico de los Trastornos Mentales DSM-5, la Agorafobia se caracteriza principalmente por dos criterios diagnósticos:

1. Miedo intenso a dos o más de las siguientes situaciones:

  • Uso de transporte público.
  • Estar en espacios abiertos (parques, puentes, calles).
  • Estar en sitios cerrados (teatros, cines o centros comerciales).
  • Hacer cola o estar en medio de una multitud.

2. El miedo intenso a estar en dichas situaciones (en la mayoría de los casos) gira en torno a experimentar un ataque de pánico y no poder escapar o recibir ayuda. Es por ello que la emoción problemática de base en la agorafobia es el miedo al miedo. No se trata de que la situación agorafóbica como hacer cola o estar en el cine sea el problema en sí mismo, sino que la persona teme muchísimo experimentar el miedo intenso que le provoca un ataque de pánico o crisis de ansiedad. Un ataque de ansiedad que piensa que puede aparecer en esas situaciones.

En este artículo, explicaremos brevemente el funcionamiento emocional de la agorafobia, qué la causa, qué la mantiene y además encontrarás una serie de ideas prácticos para que no te limite.

Mujer con miedo al miedo tapándose la cara

La agorafobia: algo más que el miedo a estar en espacios abiertos

Cuando una persona tiene agorafobia en realidad no tiene miedo a estar en un espacio abierto o donde haya mucha gente. Más bien lo que teme es experimentar una crisis de ansiedad o ataque de pánico en ESE sitio. Por ello, evita salir de su casa y limita los sitios a donde va.

Dicho de otro modo, la agorafobia se define por tener miedo al miedo y es por esto que la persona elabora una especie de “mapa” de los sitios en donde se siente segura o insegura. Y así solo acude a esos lugares en los que no teme que se produzca el ataque de pánico, y si la persona tiene que desplazarse más lejos y no puede evitar la situación, busca ir acompañada de alguien de confianza.

Así mismo, una persona con Agorafobia puede llegar a ser totalmente incapaz de alejarse de los lugares que ha definido como “seguros” si no la acompaña alguien de confianza. Por este motivo, el miedo al miedo casi siempre va acompañado de síntomas depresivos que son resultado de la autoimagen negativa que tiene el sujeto y de la sensación de incapacidad que experimenta en el momento de afrontar tareas cotidianas del día a día.

¿De dónde viene este miedo al miedo?

En la gran mayoría de los casos, la persona con agorafobia ha experimentado previamente un episodio de ansiedad muy intenso o un ataque de pánico. Como esta experiencia dispara su miedo más profundo y primitivo (activación intensa de la amígdala cerebral), la persona cree que se va a morir, que se desmayará inmediatamente, algunos también creen que se están “volviendo locos” o que perderán el control de los esfínteres (se harán encima).

Por ello, se comienza a sentir miedo a tener ese miedo (el de la crisis o ataque de pánico) y se toman precauciones para disminuir el nivel de exposición. Estas precauciones son conductas de evitación que lo único que consiguen es limitar la independencia práctica y emocional (empeoran la autoimagen y nos hacen sentir aún más incapaces) e incrementar el miedo, cada día un poquito más.

A pesar de que el miedo al miedo en la agorafobia está presente la mayor parte del día en diferentes situaciones, la persona en su casa se siente protegida, menos vulnerable, aunque también haya tenido ataques de pánico en su hogar. Por ello, se observa cómo las personas con agorafobia (sin darse cuenta) se autoengañan y desarrollan una serie de conductas de seguridad, en muchos casos supersticiosas y evitativas, que hacen que sientan que todo está bajo control.

Si se evitan las situaciones de “peligro” y no se tienen crisis de ansiedad o ataques de pánico, ¿por qué el miedo no desaparece?

Porque con este mapa de situaciones seguras y con la evitación de determinadas situaciones nunca se llega a experimentar que “no pasa nada” y que “nada de lo que se siente es peligroso”. La falsa seguridad que tiene una persona con agorafobia no hace más que incubar y engrandecer su miedo, cada día un poco más. Sin darse cuenta, se construye una realidad que termina asfixiando su libertad e independencia, por el miedo a volver a sentir miedo.

En este punto, nos referimos a las conductas que mantienen el problema del miedo al miedo. Es decir, la Agorafobia se mantiene por un elemento diferente del que la ha creado. La mayoría de los casos de Agorafobia se desarrollan por la experiencia previa de un ataque de pánico (en cualquiera de sus variantes) y se mantienen, no por estos ataques, sino, por las conductas de evitación y seguridad.

Hombre con miedo

¿Cómo superar el miedo al miedo?

A día de hoy, la única manera de superar un miedo en la agorafobia es afrontándolo. Se necesita tener una experiencia perceptivo-correctiva que rompa las asociaciones entre situaciones-lugares-miedo y para ello es necesario acudir a terapia.

Existen diferentes enfoques terapéuticos para superar el miedo al miedo; sin embargo, el único enfoque que ha demostrado científicamente su eficacia es la Terapia Cognitivo Conductual. Esto no significa que esta sea la única terapia que funciona, sino que es la única que lo ha demostrado con pruebas empíricas (con hechos objetivos). En cualquier caso, para superar el miedo al miedo necesitas acudir a un psicólogo que te guíe en los pasos necesarios para afrontar ese miedo.

Por otra parte, un muy buen ejercicio para empezar a tomar las riendas de tu problema es que comiences a estudiar tu caso y seas capaz de delimitar hasta dónde puedes llegar. Es decir, primero tienes que definir tus zonas de seguridad y establecer cuál es la distancia máxima en la que te puedes alejar de estas zonas. Y en segundo lugar, puedes intentar recorrer estos sitios de seguridad e intentar ir un poco más lejos cada día. Esta es una muy buena manera de comenzar a tener experiencias correctivas del miedo.

Finalmente, recuerda que el miedo es irracional y por ello requiere de experiencias correctivas para que empiece a menguar. Solo pensando o leyendo libros de auto-ayuda difícilmente superarás la agorafobia. Ya que tu mente tiene que re-aprender que aquello que tanto teme es incómodo, pero no peligroso. ¡Ánimo!

Julia Marquez Arrico

Doctora en Psicología Clínica. Psicóloga en Barcelona, especialista en terapia de adultos, parejas y adicciones. Formadora y redactora de contenidos online.

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