Alimentación consciente: mejora tu relación con la comida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 8 agosto, 2019
Sonia Budner · 8 agosto, 2019
¿Te sientes culpable después de comer? ¿Comes siempre porque tienes hambre? Hoy hablamos de la alimentación consciente.

Tenemos ya el verano aquí, y con él, las vacaciones, los días de relax para disfrutar con amigos y familia, muchas veces alrededor de una mesa. Para muchas personas comienza también el eterno dilema de decidir entre hacer dieta o dejarse llevar. La alimentación consciente nos ayuda a manejar esto y a mejorar nuestra relación con la comida.

En muchos casos, una dieta azarosa es el resultado colateral de una vida muy ocupada que se prolonga en los periodos de descanso. En muchos casos se ha perdido completamente el sentido de relación con nuestra alimentación y nuestro cuerpo. Nos hacemos conscientes cuando aparecen problemas de sobrepeso o sensación de malestar después de las comidas.

Es entonces cuando nos planteamos si debemos dejar de comer ciertos alimentos o ponernos a dieta para reducir los kilos de más. Aparecen la culpa y los reproches internos por los alimentos que comemos… y por aquellos que no..

La alimentación consciente no se refiere tan solo a qué es lo que comemos, también a cómo lo comemos. De poco nos sirve cambiar el tipo de alimento si lo degustamos de manera demasiado rápida, sin masticar lo suficiente y sin permitir que nuestros sentidos disfruten del momento y de la experiencia de comer.

Chica comiendo ensalada

Comer más de la cuenta

Nuestro cerebro necesita alrededor de 20 minutos para recibir y analizar las señales de saciedad que emite el estómago. Al comer muy rápido, también es muy probable que terminemos comiendo más de lo necesario.

Masticar y tragar no es comer de manera consciente. El acto de comer está acompañado siempre de estados emocionales. Cuando comemos de manera consciente, el estado emocional es de satisfacción. Sin embargo, cuando comemos de manera inconsciente el estado emocional que se desarrolla suele ser incómodo, demasiado lleno, hasta letárgico.

Un estudio realizado por Langer, Warheit y Zimmerman indicaba que, después de cada comida, el 44% de los sujetos pensaban que tenían un problema de sobrepeso. Más del 45% se sentía culpable después de comer.

Las cuatro preguntas

Para comenzar a llevar la alimentación consciente a nuestras vidas, trabajaremos la atención. nos esforzaremos por crear un continuo de consciencia. Cuanto más conscientes seamos de nuestra relación con la comida, más posibilidades tendremos de mejorar en este sentido.

Hacerse consciente de lo que se quiere y se debe comer antes, durante y después del proceso de alimentación. Para ello, nos hacemos cuatro sencillas preguntas:

  • ¿Mi satisfacción con la forma en que me relaciono con la comida es alta o baja?
  • ¿El nivel de placer que me proporciona la comida durante el proceso de alimentación es alto o bajo?
  • ¿Consumo porciones normales de comida o suelo elegir una porción más grande de lo normal?
  • ¿Al terminar de comer me siento contento o incómodo?

Cuando ejercitamos nuestra atención en responder estas preguntas, empezamos el proceso de una alimentación consciente. Comprometer la consciencia y nuestra atención es dar paso a una alimentación más saludable.

Por el contrario, cuando nuestra consciencia y nuestra atención se distraen, perderemos el control sobre lo que comemos. Hay una excepción, y es que hayamos planificado muy bien qué vamos a comer y también cuánto vamos a comer.

El comer emocional

Nuestra manera de comer está muy influenciada por nuestro entorno sociocultural, pero también lo está, y de manera muy íntima, por nuestras emociones. Según cómo desarrollemos la capacidad para regular nuestras emociones puede ayudarnos mucho a regular el hábito de la alimentación consciente.

Comemos emocionalmente cuando no somos capaces de distinguir las emociones, tanto agradables como desagradables, con la sensación real de hambre. También la baja tolerancia al malestar emocional impulsa a las personas a comer injustificadamente y de forma inconsciente: lo que se conoce popularmente como asaltar la nevera.

La comida como recurso de afrontamiento para manejar emociones es una vía incorrecta y completamente alejada de la alimentación consciente. La comida no es un alivio ni un entretenimiento ni un ansiolítico ni un antidepresivo. Esta forma de utilizar la comida no es más que una vía rápida que utiliza el cerebro para obtener una disminución momentánea a algún tipo de angustia vital. El problema es que son actitudes que terminan convirtiéndose en un hábito.

Mujer comiendo pasteles que afectan su cerebro

Desarrollar consciencia, desarrollar alimentación consciente

La práctica regular de la auto observación ayuda a manejar mejor nuestras habilidades de alimentación consciente. También es la manera de evitar el autosabotaje. La solución pasa por construir nuevos hábitos alimenticios basados en la consciencia. Es fundamental empezar a preguntarnos si el hambre que sentimos es hambre física o simplemente hambre emocional. Empezar a identificar nuestras emociones y a manejarlas adecuadamente.

Ejercitarnos en posponer la comida hasta el momento de la misma y no adelantarla con justificaciones de cualquier tipo. Hacer un incremento consciente de otras actividades placenteras que no estén relacionadas con la comida.

La alimentación consciente es una habilidad que se puede adquirir y entrenar. Cuando pasamos de comer emocionalmente a comer de manera consciente también pasamos a sentirnos mejor porque nos estamos cuidando; percibimos que tenemos control sobre lo que comemos y, por lo tanto, control sobre nuestro cuerpo.

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