Las 5 emociones que acompañan una crisis personal

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 27 febrero, 2019
El análisis de todas esas emociones que acompañan una crisis personal nos da pistas para salir de este estado. El tejido de la resiliencia se conforma a menudo de una adecuada gestión de estas realidades internas.

Las emociones que acompañan una crisis personal pueden paralizarnos. Esa fractura repentina e inesperada del presente nos sume a menudo en estados para los que no siempre estamos preparados en el plano psicológico. Dolor, angustia, incertidumbre, miedo… Comprender el papel que desempeñan estas realidades internas nos puede ayudar a sortear estos instantes con mayor eficacia.

Ahora bien, pero… ¿cómo hacerlo? Si hay algo que la mayoría sabemos es que cuando estamos envueltos en una crisis personal, queda poco espacio para la reflexión y para esa claridad mental con la que tomar buenas decisiones. Cuando surge la adversidad crece el miedo, y el que esto sea así es evolutivamente normal y hasta esperable.

Pensemos que nuestro cerebro se rige todavía a base de instintos y mecanismos de defensa muy primitivos. De este modo, cuando percibe, intuye y es consciente de una amenaza o de la ruptura de nuestra homeostasis interna, aparece esa respuesta tan común: el deseo de huída. El miedo lo controla todo y apenas somos capaces de razonar con equilibrio y mesura.

Sin embargo, vale la pena detenernos un momento en lo que significa la propia palabra “crisis”. Este término procede del griego y tiene varios significados que convergen en una misma idea: decisión, juicio, resolución, discernir… Todo ello nos anima sin duda a entender un sencillo aspecto: estamos obligados a sortear al miedo, a traspasarlo para permitirnos tomar nuevas decisiones e iniciar así, una nueva etapa.

No obstante, en primer lugar es necesario comprender la propia anatomía de las crisis y saber qué tipo de emociones las integran.

“La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”.

-Bertolt Brecht-

Camino hacia el bosque simbolizando el tránsito para superar las emociones que acompañan una crisis personal

Las 5 emociones que acompañan una crisis personal

Decía Albert Einstein que sin crisis no hay méritos. Señalaba a su vez, que es en esos momentos en los que puede aflorar lo mejor de uno, porque en toda crisis el viento es como una caricia que puede alentarnos. Esto, sin duda, suena evocador y aunque estas ideas nos inspiren y motiven, queda claro que no resulta sencillo afrontar esos momentos donde surge la inestabilidad, la incertidumbre y el miedo.

Por otro lado, algo que también sabemos es que no todas las crisis son iguales. Algunas son claras amenazas a nuestro equilibrio psicológico y/o físico (Goldenberg, 1983). Otras veces, son acontecimientos repentinos que generan cambios ante los cuales, estamos obligados a emitir algún tipo de respuesta (Rosenbaun y Calhoun, 1977).

Por otro lado, el concepto de “crisis” es muy complejo y abarca muchas realidades, tal y como nos explican en un estudio los doctores Donald Coates y Katherine Eastman. Estos estados temporales de alteración y desafío tienen infinitos orígenes y afectan a cualquier cohorte de edad. Asimismo, algo que se aprecia en muchos casos es la convergencia de unas mismas realidades internas.

Estas son las emociones que acompañan una crisis personal.

1. Miedo (no estoy preparado para esto, tengo miedo)

El miedo es esa emoción regulada por nuestra amígdala cerebral. Esta centinela emocional se encarga de inducir este tipo de reacción cuando detecta algún tipo de amenaza o de evento inesperado que rompe con el equilibrio del que disponíamos.

Así, una ruptura afectiva, perder el trabajo, una amistad, a un familiar o dejar atrás algo que nos era significativo abren al instante la puerta a esa emoción arrolladora como es el miedo.

2. Enfado (¿por qué me pasa esto a mí?)

A veces más que un enfado rotundo, es indignación y desconcierto. La persona que está viviendo una crisis no deja de preguntarse “¿por qué a mí?”. El hecho de que surja esta emoción es en realidad un proceso normal. Es común vivenciar ese hecho con cierta rabia, nos negamos a aceptarlo e incluso nos sentimos incomprendidos por ello.

Poco a poco, llegará la aceptación, pero primero, transitaremos por este sendero habitado por las llamas del enfado.

3. Resistencia al cambio (siento impotencia, no puedo hacer nada)

Otra de las emociones que acompañan una crisis personal en sus inicios es la impotencia. Más allá del enfado y la incomprensión está la idea de que no vamos a poder cambiar nada de lo que ha sucedido. Si me ha dejado mi pareja el mundo se ha terminado para mí, ya no volveré a ser feliz.

Si he perdido a un familiar, el mundo se detiene y ya no hay vuelta atrás, todo ha terminado... Estas ideas son recurrentes en las primeras fases de una crisis. Lo ideal, es no aferrarnos a esas ideas ni cronificar estos estados y permitirnos recibir ayuda para generar cambios asumiendo nuevas perspectivas.

chico pensando en las emociones que acompañan una crisis personal

4. Vergüenza, incomodidad (quiero apartarme de todos y de todo)

Hay quien siente vergüenza por verse a sí mismo en determinadas situaciones. Otros sienten únicamente incomodidad y rechazo hacia todos y todo. Es común en todos los casos desear cierto aislamiento, querer apartarse de la realidad inmediata para estar solo con uno mismo.

Practicar la introspección y ese recogimiento personal es positivo durante un tiempo limitado. Ayuda a reordenar ideas y a iniciar el proceso de aceptación. No obstante, es necesario a su vez que poco a poco seamos capaces de abrirnos emocionalmente a los demás.

5. Dolor emocional (me siento herido, angustiado, paralizado…)

Es posible que nos digan en muchas ocasiones que el dolor forma parte del discurrir de la vida. Sin embargo, cuando se vive en piel propia nos damos cuenta de que es algo injusto, inesperado y demasiado grande para poder poder aceptar tanto sufrimiento.

Así, otras emociones que acompañan una crisis personal son todas aquellas que componen el propio dolor emocional. Es la tristeza, es la angustia, es la desesperanza, es una herida interna que duele a cada instante y que no sabemos cómo aliviar…

Más allá de lo que podamos pensar, aceptar y reconocer la existencia de ese dolor emocional y validarlo, nos ayudará a su vez a ir propiciando el correcto proceso del afrontamiento psicológico. Dejar que todos esos estados internos fluyan poco a poco, favorecerá el alivio del sufrimiento y la búsqueda de nuevas resoluciones.

Mano con luz simbolizando las emociones que acompañan una crisis personal

Para concluir, entender todas esas emociones que acompañan una crisis personal nos permitirá sin duda ir dando forma al músculo de la resiliencia. No es un proceso fácil ni rápido. Las crisis no se afrontan en una semana ni en un mes. Necesitamos transitar por esos senderos donde el dolor es inevitable.

No obstante, a cada paso la piel se vuelve más dura, el corazón se calma y la mente se vuelve más flexible, receptiva y creativa. Tarde o temprano no solo hallaremos el alivio, sino también nuevos y maravillosos caminos.

  • Wainrib, Rubin. Barbara (1998) Intervención en crisis y respuesta al trauma. Edesclee