Alimentación y cerebro: cómo la comida influye en nuestro funcionamiento

16 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Paula Rojas
La alimentación es fundamental para el funcionamiento de nuestro cuerpo, incluyendo el cerebro. Pero ¿cuáles son los mejores alimentos para su funcionamiento? ¡Dentro artículo!

La alimentación es fundamental para el cuerpo: la necesitamos para tener energía. Pero, te has preguntado ¿qué relación tiene la alimentación y cerebro? Hemos escuchado que algunos alimentos nos ayudan a mejorar el funcionamiento de las neuronas y otros, por el contrario, afectan su funcionamiento.

En este artículo, intentaremos mostrar algunos de los componentes que favorecen el funcionamiento cerebral. Asimismo, mostraremos el papel que juega el cerebro en la dieta; por ejemplo, para que determinados alimentos nos causen placer. Así, lector curioso, te invitamos a que sigas leyendo este artículo.

Cerebro

Relación entre la nutrición y el cerebro

Investigaciones recientes han evidenciado la conexión que tiene la alimentación con el rendimiento adecuado del cerebro. Dentro de los primeros hallazgos, se ha encontrado que, al igual que el cuerpo, un cerebro bien nutrido desarrolla mucho mejor sus capacidades. Asimismo, se observó que el cerebro consume aproximadamente el 20 % de la energía que obtenemos con los alimentos.

Del consumo de los alimentos adecuados se obtienen las sustancias neuroquímicas correctas. Estas sustancias contribuyen al fortalecimiento de las capacidades mentales. Entre las principales funciones implicadas, encontramos: la capacidad para concentrarnos, llevar a cabo actividades sensoriomotoras, poder memorizar información y mantenernos motivados. De igual manera, pueden desactivar algunas sustancias nocivas para el estrés y pueden ayudan a prevenir el envejecimiento patológico.

Dentro de las sustancias principales encontramos que los aminoácidos son precursores de los neuromediadores o los neurotransmisores. Asimismo, es necesaria la presencia de algunas enzimas, las cuales permiten la síntesis de algunos nutrientes. Estos a su vez, se relacionan con la disponibilidad de macronutrientes, oligoelementos y vitaminas.

Por otro lado, los ácidos grasos son primordiales para la integridad de las neuronas. También, son necesarios los antioxidantes. El uso de todas estas sustancias son una prueba más de la relación existente en alimentación y cerebro.

De igual manera, se puede entender que la carencia de algunas de las sustancias puede ser un lastre para el funcionamiento del sistema de neurotransmisores. Como resultado, se verá afectado el funcionamiento cognitivo, emocional y comportamental.

Alimentación y cerebro: ¿ómo ayudan algunas sustancias?

Comenzaremos hablando de uno de los neurotransmisores más estudiados en la actualidad, la serotonina. Este ayuda en el ajuste del estado de ánimo y el nivel de energía. Esta sustancia se ve influencia por la dieta. Esto se debe especialmente por la dependencia de la absorción e ingesta del aminoácido triptófano.

Un aminoácido que se obtiene por medio de los hidratos de carbono complejos, como los que encontramos en la pasta. El consumo de estas sustancias contribuye a que existan unos niveles de serotonina adecuados, reflejando así la importancia de la alimentación y cerebro.

Por otro lado, tenemos los antioxidantes. Nos ayudan a ralentizar el proceso de degenerativo de las neuronas, encargándose de combatir los radicales libres. Esto últimos hacen que la producción de energía sea lenta, que las dendritas se encojan y la sinapsis se debiliten. Como resultado, se produce una reducción en la capacidad de la célula para comunicarse en ellas. De allí, se encuentra la necesidad de consumir los vegetales, ya que tiene una gran presencia de antioxidantes.

Asimismo, está la vitamina B12. Entre sus funciones se incluye el metabolismo de proteínas, formación de glóbulos rojas y al mantenimiento del sistema nervioso central y el funcionamiento adecuado del cerebro. Este suele encontrarse con el consumo de proteínas animales como pescado, pollo, leche o productos lácteos.

Por último, tenemos la vitamina B6. Esta es de gran importancia para el funcionamiento del cerebro. Participa en la producción de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina. Además, impulsa un correcto funcionamiento de estos en los procesos que intervienen. Suele encontrarse principalmente en cereales integrales, pescados, plátanos, brócoli y patatas.

¿Cómo afectan las grasas saturadas en la alimentación y cerebro?

Como sabemos, las grasas saturadas son las que consumimos a partir de alimentación que freímos e ingerimos. Gran parte de la comida rápida o procesada presenta estas características, lo que hace frecuente que consumamos este tipo de alimento. Como sabemos, en el cuerpo el consumo de grasa puede hacer realizar lo siguiente:

  • Dañar la función de las arterias
  • Aumentar la masa corporal
  • Generar desequilibrios en el cuerpo.

En el cerebro, estas grasas hacen que las membranas de las neuronas se vuelvan rígidas y disminuyan la velocidad de comunicación. Asimismo, pueden influir en la hormona de la insulina. Esta última afectación, hace que se produzca una mala utilización de la glucosa en el cerebro. Como resultado afecta los procesos cognitivos como la memoria y el aprendizaje de nueva información.

¿Cómo funciona el cerebro en la alimentación?

El cuerpo humano presenta un balance entre los genes que regulan las funciones ejecutivas y los que intervienen en la generación de estrategias para obtener alimento y almacenarlo en el cuerpo. Por lo tanto, durante el proceso de alimentación están involucrados los cinco sentidos. Estos se asocian, tanto en la selección de los alimentos como en el beneficio energético de los mismos.

Asimismo, existen dos sistemas cerebrales que regulan el consumo de los alimentos. En primer lugar, tenemos el sistema homeostático. Se encarga de obtener un equilibrio entre la necesidad de alimentos y la cantidad que consumimos del mismo.

En este caso, el hipotálamo es una de las principales estructuras involucradas. En ella existen una serie de células, las cuales promueven el consumo adecuada de alimentos. Estas células, no solo afectan el cerebro, sino también el estómago. Por otro lado, está el núcleo arcuato, el cual promueve células las cuales promueven la sensación de saciedad. Todo esto, con el fin de dejar de ingerir alimentos, ya que no van a ser útil para nuestro funcionamiento.

En segundo lugar, está el sistema hedónico. Este participa para dar al sujeto una sensación subjetiva de placer al ingerir alimentos que crean algún beneficio en el organismo. En este sistema toman protagonismo el sistema de reforzamiento, especialmente el área tegmental ventral y el núcleo accumbens. Aquí, lo que ocurre es la liberación de dopamina en este sistema. Esto hace que se desarrolle una sensación del placer en el sujeto mientras realiza el consumo de comida.

Mujer comiendo

¿Qué otras estructuras cerebrales están implicadas en la alimentación?

En el apartado anterior explicamos los mecanismos que regulan el hambre la saciedad y el placer. Aun así, en el momento que nos alimentamos hay otras estructuras cerebrales que se implican en el proceso y nos ayudan en la alimentación. Entre estas estructuras encontramos:

  • Amígdala e ínsula. Estas dos estructuras están implicadas en el consumo de alimentos. Colaboran en la percepción de sabores y generar la sensación subjetiva en la cual la persona se siente segura sobre la comida que está ingiriendo. Asimismo, envían estas proyecciones hacia el hipotálamo.
  • Corteza prefrontal. En este caso, interviene en la selección de alimentos que sean más apetitosos que otros. Por lo tanto, esta se encarga de la motivación que obtenemos al consumir un alimento y no otro.
  • TálamoSe activa para inhibir la respuesta ante un estímulo presentado. En este caso un alimento, el cual produce menor refuerzo o resulta ser menos apetitoso que otro estímulo.

Es innegable la relación existente entre alimentos y cerebro. Como sabemos, este órgano es el que controla gran parte del cuerpo. Aquí, hay una relación recíproca en la cual, por un lado el cerebro interviene de manera notable en el proceso de ingestión de alimentos. Por otro lado, el funcionamiento del cerebro depende de los nutrientes que obtenemos.

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