Amélie: un cuento para soñadores

30 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la crítica de cine Leah Padalino
La sonrisa tierna y maliciosa de Amélie Poulain se ha quedado grabada en nuestra retina. En este artículo, hablamos del filme que reivindicó el cine francés, que nos invitó a ver fantasía en la realidad, a soñar como lo hacíamos en la infancia.
 

Desde su estreno en el año 2001, Amélie se ha elevado como todo un icono del cine francés, como un mito de la capital francesa en la que, cada año, los seguidores del filme tratan de descubrir y recorrer los escenarios de la película.

Jean-Pierre Jeunet nos regaló una comedia romántica verdaderamente atípica, encantadora y con una personalidad inconfundible. La banda sonora de Yann Tiersen, los gnomos de jardín, el canal de Saint-Martin, la cafetería en la que trabaja Amélie… Todo se ha quedado grabado en nuestra memoria para siempre.

Amélie es ese personaje entrañable y, al mismo tiempo, bizarro que nos conquistó a todos a comienzos del nuevo milenio. Un personaje que, tal y como señalaban los carteles promocionales de la película, vino para cambiar nuestras vidas.

La belleza de su fotografía y su atención por los detalles logran sumergirnos en una fábula en la que lo cotidiano parece convertirse en mágico, en la que lo extraño y lo común se funden alegremente. Sobre todo ello reposa una historia de amor un tanto peculiar, pero cautivadora. Creativa y original, Amélie sigue siendo, para muchos, todo un referente.

Una infancia solitaria

Como suele ocurrir en los cuentos y en la construcción más arquetípica del héroe, Amélie es presentada desde el origen, es decir, desde su infancia. De hecho, aunque con tintes cómicos, observamos un pasado bastante oscuro y una infancia solitaria, tal y como ocurre con los héroes. Así, Jeunet nos presenta a nuestra heroína como la única hija de un matrimonio que no le presta demasiada atención.

 

Igualmente, como en los cuentos, tenemos un narrador omnisciente, una voz en off que conoce al detalle las vidas de los personajes y nos invita a descubrirlos a través de sus curiosidades y peculiaridades.

Este narrador nos guía por una infancia solitaria de una niña a la que se le prohíbe acudir a la escuela y que, pronto, sufrirá la trágica pérdida de su madre. Ante tanta tristeza, la pequeña Amélie decide refugiarse en un peculiar mundo imaginario.

Esta inconfundible presentación nos ayuda a comprender, un poco más a la Amélie adulta. Una joven que, pese a vivir en París y trabajar como camarera, mantiene esos rasgos que ya la caracterizaron en su infancia. Introvertida y extraordinariamente soñadora, la vida de Amélie cambiará en el mismo día que un trágico accidente ensombreció la historia contemporánea: la muerte de Lady Di.

La noticia de este hecho conocido se utiliza desde la ironía y la inteligencia para descubrirnos cómo Amélie, ante su asombro, encuentra un pequeño tesoro encerrado en su apartamento de Montmartre.

La solitaria vida de Amélie parece, al fin, tener un objetivo: ayudar a los demás de forma altruista. En su afán por encontrar al propietario de la caja metálica que lleva escondida 40 años en su apartamento, Amélie descubrirá que la mejor vía para su felicidad es, probablemente, mejorar la vida de quienes la rodean.

“Pienso que es mejor dedicarle mi vida a los demás que a un gnomo de jardín”.

-Amélie-

 

La presencia del amor

Amélie no solo habla de altruismo, sino también de amor y, en este sentido, podemos observar diversos rumbos. Una de las principales dudas que me asaltaba antes de volver a ver la película era cómo habría sobrevivido al paso del tiempo. No hay que olvidar que, en los últimos años, existen ciertas historias que ya no pasarían por el filtro actual.

Amélie, como muchas de las comedias románticas de principios de los 2000, cae, precisamente, en mostrarnos una idea del amor romántico absolutamente mitificada. Una idealización que, en realidad, ha estado -y sigue estando- muy presente en el cine. De hecho, podríamos afirmar que el cine ha contribuido enormemente a crear un imaginario que ha alimentado las fantasías de muchos.

La aparición central del amor la encontramos en la historia de la protagonista con Nino, un joven al que ni siquiera conoce. El público apenas sabe de él e irá descubriendo la información de forma progresiva, acompañando a la protagonista en su historia de amor. Una historia totalmente mitificada que responde, en parte, a la idea que tenemos de “cuento de hadas”.

Podríamos reprocharle a Amélie este enamoramiento irracional e incluso podemos ver en ella a un personaje que, si lo analizamos en profundidad, resulta un tanto perturbador. Sin embargo, pasamos por alto estos detalles y nos dejamos llevar por la magia de la fábula.

Al fin y al cabo, Amélie se despliega ante nosotros como una película con mucho encanto y detalle. En definitiva, aunque se mitifique el amor romántico, lo mejor es disfrutar de la película, olvidar un poco el contexto actual y entenderla como lo que es: un cuento de hadas en un marco real.

 

Sin embargo, hay una historia que sí podríamos someter a juicio. Hablamos del personaje de Joseph, un hombre obsesionado con una de las compañeras de Amélie.

El personaje es caracterizado como un acosador y Amélie, con el fin de ayudar a su compañera, decide vengarse. Pero no se trata de una venganza del todo positiva, sino que decide hacer de celestina entre Joseph y otra de sus compañeras. El problema se solventa desde la comicidad y, aunque los tiempos han cambiado, la película es perfectamente disfrutable.

Además de estas historias en las que el amor hace acto de presencia, cabe destacar que la propia Amélie terminará por darse cuenta de que no hay amor más importante que el propio. En este sentido, la protagonista toma conciencia de que su afán por ayudar a los demás carece de sentido si no decide ayudarse a sí misma; y ese es, probablemente, el mayor acto de amor que vemos en el filme.

“Cualquier otra chica habría llamado enseguida, habría citado al chico en una terraza para devolverle el álbum y así sabría si valía la pena seguir soñando o no. Eso se llama enfrentarse a la realidad, pero eso no es lo que Amelie quiere”.

-Amélie-

Amelie con su chico
 

Amélie: una puesta en escena cuidada

En Amélie todo parece dulzura, pero la joven no dudará en mostrar su carácter cuando sea necesario. Tras esa sonrisa tímida, se esconde una joven que, ante las injusticias, actuará de forma vengativa e incluso infantil. No olvidemos que Amélie es toda una soñadora que parece vivir en un cuento imaginario constante, una joven que no ha abandonado su lado más infantil.

Todo ello se plasma en su puesta en escena, como apuntábamos en las primeras líneas, la banda sonora resulta clave para dibujar toda esta fantasía. Es como si percibiéramos los escenarios desde los ojos de la protagonista; a pesar de estar en el mundo real, en una ciudad conocida como París, no dejamos de tener la sensación de estar ante algo mágico, imaginario.

El uso del color, los decorados e incluso las vestimentas de los personajes desvelan detalles de todo este entramado. Conocemos la personalidad de cada uno de ellos gracias a sus hogares, a su ropa, a su mímica… La fotografía está absolutamente cuidada y nos regala imágenes verdaderamente bellas.

De esta manera, la cinta se revela ante nosotros como una comedia romántica atípica, en la que su protagonista vive su fantasía y trabaja desde las sombras para ayudar al prójimo. La ambientación resulta clave para comprender todo este mundo soñado por Amélie y la voz en off aparecerá en los momentos clave para “leernos” algunas peculiaridades de los personajes.

Absolutamente creativa y original, Amélie se convirtió en todo un éxito entre el público, llegando a ser la segunda película francesa más taquillera, superada solo por Intocable (Nakache, 2011). Igualmente, se hizo con casi todos los galardones en los César, obtuvo dos BAFTA y varias candidaturas a los Óscar.

 

Sin duda, se trata de la comedia romántica con tintes de fantasía por excelencia, la película francesa que todos recuerdan. Amélie nos conquistó con su dulzura, pero también con su venganza. De alguna manera, cumplió con lo que rezaban los carteles y cambió nuestras vidas, invitándonos a ver el mundo desde otra perspectiva.

“Son tiempos difíciles para los soñadores”.

Amélie