Ana Julia Torres, hermana de los animales

Edith Sánchez·
10 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
10 Junio, 2020
Ana Julia Torres es una mujer que ha dedicado su vida a proteger a animales abandonados, maltratados o enfermos. Les construyó un refugio con sus propios recursos, y ha recibido de ellos un afecto incondicional y conmovedor.

Ana Julia Torres es una mujer dotada de una especial sensibilidad hacia los animales, especialmente aquellos que son explotados de diferentes maneras por el hombre. Esa complicidad con otros seres de la naturaleza la llevó a emprender una labor que a muchos les resulta quijotesca. Consiste en rescatar a los ejemplares que son víctimas de alguna forma de abuso.

Para acoger a los animales y proporcionarles todo aquello que requieren, Ana Julia Torres creó un espacio al que llamó Villa Lorena, en una zona pobre de la ciudad de Cali, en Colombia. Allí, y durante más de dos décadas, ha construido un hogar para diferentes especies.

La obra de Ana Julia Torres se volvió famosa no tanto por la obra en sí, que es maravillosa, sino por la particular relación que diferentes animales establecieron con ella. Se hicieron célebres las imágenes de ella abrazada a un enorme león. Este no ocultaba su apego a la mujer y lo expresaba no solo a través de esos singulares abrazos, sino también con “besos”.

Hasta que uno no ha amado un animal, una parte del alma sigue sin despertar”.

-Anatole France-

Ana Julia Torres besando a un tigre

Ana Julia Torres y una labor encomiable

Ana Julia Torres es maestra desde hace mucho tiempo y se ha preocupado por inculcarle a sus alumnos un gran amor por la naturaleza. Cuenta que hace unos 22 años le pidió a los estudiantes que llevaran sus mascotas a la escuela y se las presentaran a los otros niños. En esa ocasión, y por primera vez, notó que muchas personas tenían fauna exótica en sus casas.

Unos meses después, un amigo suyo le regaló un búho que había adquirido en un mercado ilegal. El hombre lo había comprado porque le parecía curioso, pero bien pronto se hartó de su adquisición. Como sabía que Ana Julia amaba a los animales, se lo obsequió y eso suscitó en ella el deseo de rescatar a todos esos ejemplares que, quizás, pasaban por situaciones similares.

Fue así como poco a poco comenzó a adquirir lotes en una zona pobre de Cali, ya que allí había suficiente terreno y no era muy costoso. Al mismo tiempo, se propuso rescatar a todos aquellos animales que fueran rechazados por sus dueños, o que pasaran por situaciones de explotación. Al final, logró construir el refugio en un terreno de 25 hectáreas y hoy tiene más de 900 animales.

Las historias de los rescatados

Ana Julia Torres enfiló su búsqueda principalmente hacia un escenario en el que suele haber animales en malas condiciones: el circo. También le hizo publicidad a su proyecto para que todo aquel que supiera de abusos a cualquier índole, los reportara. A lo largo de todos estos años ha logrado acopiar muchas historias de amor y de dolor que involucran a sus protegidos.

Recuerda con especial ternura a “Yeyo”, un mono araña que vivía con un hombre alcohólico. Supo de él porque los vecinos denunciaron que escuchaban gritos del animal, casi a diario. Ella misma reportó el caso a la policía y los agentes comprobaron que el hombre pateaba al mono frecuentemente. Se encontraron rastros de sangre y heridas en todo el cuerpo del animal.

También se refiere con especial emoción a un elefante que rescató de un circo. El animal tenía un ojo ciego, heridas en las patas, carecía de cola y le habían cercenado una oreja. Ana Julia Torres tuvo que buscar un grupo de amigos para protestar todos los días delante del circo hasta que le entregaron al ejemplar. El elefante la abrazaba y la estrechaba con su trompa, tras rescatarlo.

Ana Julia Torres

El caso de Júpiter

El huésped más famoso de Ana Julia Torres fue un león llamado Júpiter. Había sido rescatado de un circo cuando tenía apenas tres meses de edad. Para ese entonces ya le habían arrancado las uñas y presentaba signos de maltrato. Desde entonces, ella lo adoptó, lo alimentó y se convirtió en su mejor amiga.

Al lado de Ana Julia, Júpiter parecía una mascota doméstica. Creció siendo un animal amoroso, sociable y muy inquieto. Ya tenía 16 años cuando la autoridad ambiental visitó el refugio Villa Lorena y determinó que no era apto para albergar a un león como Júpiter. Por la vía legal, decidieron que debía ser trasladado a un refugio estatal en otra ciudad del país.

Un par de años después, Ana Julia decidió visitar a su antiguo amigo. Para su sorpresa, lo encontró gravemente enfermo y distante. Cuando lo había entregado, el animal pesaba 240 kilos; ahora, su peso no pasaba de 90. No se alegró de verla y ni siquiera se incorporó porque no tenía fuerzas para hacerlo.

Ana Julia buscó el apoyo de los medios de comunicación y así consiguió que se lo entregaran de nuevo. Lo llevó a Villa Lorena y después de una semana logró que comenzara a comer con cierta normalidad. También volvió a mostrarse afable con ella. Sin embargo, dos semanas después, murió. El caso está en investigación. Ana Julia, la quijotesca, lloró a mares cuando perdió esta batalla, pero sabe que su lucha debe continuar.

Seguel, P. A. V. (2009). El discurso de los y las jóvenes ambientalistas, veganos, vegetarianos y animalistas; y la construcción de la identidad juvenil (Doctoral dissertation, Universidad de Chile).