Anatomía de un beso

Edith Sánchez · 20 diciembre, 2017

Aunque los besos son actos cotidianos, también encierran una suerte de enigma. No hay certeza absoluta sobre la función que cumplen. Tampoco hay acuerdo en si se trata de una conducta instintiva o aprendida. La ciencia ya ha profundizado en ello. El objetivo ha sido el de determinar cuál es la anatomía de un beso y qué efectos tiene.

Charles Darwin, el padre de la teoría evolutiva, anotó alguna vez que este gesto era eminentemente un acto de sociabilidad. En su obra “La expresión de emociones en el hombre y los animales”, Darwin lo señala así. Allí dice que el beso es el resultado del deseo innato de ser reconocido y de establecer relaciones. Es una forma de “recibir placer del contacto cercano con una persona amada”.

Sin embargo, hay datos que ponen en tela de juicio esas afirmaciones. Por ejemplo, se sabe que hay un 10% de culturas en el planeta que no incluyen el beso dentro de sus costumbres. También hay sociedades que le otorgan a este gesto un significado diferente al amoroso. Por eso, parece que la anatomía de un beso, en un sentido universal, no se reduce a una expresión de amor.

Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción”.

-Joaquín Sabina-

La anatomía de un beso, desde la biología

Se puede afirmar que desde el punto de vista físico, un beso es “La orientación boca a boca de dos individuos o la presión de los labios de una persona contra el cuerpo de otra persona”. Esa es la definición que da Sheril Kirshenbaum, una bióloga investigadora de la Universidad de Texas. Esa sería la más básica anatomía de un beso. Vale añadir que dar un beso hace entrar en juego 32 elementos anatómicos.

gif representando la anatomía de un beso

Desde el punto de vista fisiológico, el beso es algo más complejo. Este gesto sería algo así como un intercambio de información sensorial. Esto incluye a los sentidos del gusto, olfato y tacto. También involucra una reacción química, cuyas mensajeras son las feromonas.

Cuando se está dando un beso, comienza una impresionante actividad en las hormonas del cuerpo. La oxitocina empieza a fluir por la sangre. Como se sabe, a este elemento se le conoce como “la hormona del amor” y es generador de bienestar.

Entre tanto, al finalizar un beso hay una fuerte descarga de serotonina. Esta también desata una sensación de bienestar. Por lo tanto, es razonable decir que la anatomía de un beso es también la anatomía de un momento placentero.

Los significados de un beso

Frente a la pregunta de si el beso es una conducta instintiva o aprendida, hay varios hechos que permiten inclinar la balanza hacia la segunda explicación. Uno de ellos es el uso histórico del beso.

Por ejemplo, en la Edad Media hubo un tiempo en el que se prohibió. En aquel entonces, el beso solamente era utilizado por los siervos analfabetas. Lo empleaban para sellar contratos, ante su imposibilidad de firmarlos.

Así mismo, se ha podido establecer que la anatomía de un beso no tiene el mismo significado para una mujer que para un hombre. Las mujeres lo valoran más. Lo perciben como un fin en sí mismo y aprecian este gesto antes y después de las relaciones sexuales. Los hombres, en cambio, lo asocian directamente como un preámbulo del sexo.

obra de Klimt representando la anatomía de un beso

Otros datos interesantes sobre el beso

Aunque parece existir un predominio de lo cultural frente a lo instintivo, también este último factor tiene gran importancia en el acto de besar. Eso se comprueba en un hecho simple. Nuestros ancestros aprendieron a detectar el color rojo más fácilmente. Esto les permitía ubicar más rápidamente los frutos maduros. Estos elementos eran esenciales en su supervivencia.

Muchas de las culturas antiguas también hicieron gran énfasis en destacar los labios de las personas. Especialmente de las mujeres. Por eso, buena parte de ellas desarrollaron métodos para lograr “labios evertidos”. Es decir, moldeados hacia afuera. En ellos, la tonalidad roja era más detectable. Esto sugiere que establecieron una asociación entre los labios y un factor de supervivencia. En ese sentido, quedaría apoyada la tesis instintiva.

Cuando nos besamos con alguien, intercambiamos alrededor de 40 000 microorganismos. También se estimula la producción de saliva y esto mejora momentáneamente el aliento. Se ha comprobado que quienes besan a su pareja en la mañana enferman menos. También tienen menos accidentes de tráfico y viven hasta cinco años más. Aunque nos falten enigmas por desentrañar, lo cierto es que la anatomía de un beso encierra maravillosos misterios que tienen que ver con la felicidad y con la vida.