Antoni Gaudí, biografía de un arquitecto prodigioso

Edith Sánchez · 13 mayo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 13 mayo, 2019
Antoni Gaudí paseaba por Barcelona y muchos pensaban que era un indigente. Se sometía a terribles ayunos para agradar a Dios. Al mismo tiempo, creaba varias de las obras que luego fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Antoni Gaudí fue uno de esos hombres a los que se les puede llamar “genio” con todas sus letras. Más que un arquitecto, fue un artista integral que dio muestra fehaciente de su ingenio y sensibilidad en cada una de sus obras. Su estilo es único e inconfundible. No por nada, ocho de sus obras son actualmente Patrimonio de la Humanidad.

Gaudí tuvo tres grandes pasiones durante toda su vida: la naturaleza, el arte y la religión. A cada uno de esos ámbitos le dedicó lo mejor de su talento y de su capacidad. Prácticamente no tuvo vida personal, pues se entregó de lleno a su trabajo y a sus convicciones.

La arquitectura es el primer arte plástico; la escultura y la pintura necesitan de la primera. Toda su excelencia viene de la luz. La arquitectura es la ordenación de la luz”.

-Antoni Gaudí-

Aunque su particular forma de ver la arquitectura fue muy valorada en su tiempo, la verdadera consagración de Antoni Gaudí se produjo tras su muerte. Hoy se le considera uno de los arquitectos más importantes de todos los tiempos y su obra es objeto de investigación y estudio en todo el mundo.

Casa batlló

Antoni Gaudí, un niño silencioso

Uno de los aspectos más notables de la vida de Antoni Gaudí fue que nació en una familia con larga tradición artesanal. Al menos cinco generaciones previas a él habían trabajado en la manufactura de productos de cobre. Su padre y sus dos abuelos eran caldereros. Fabricaban toneles para la destilación de la uva en Tarragona.

Muchas veces Gaudí señaló que las visiones de esos grandes objetos durante su infancia lo habían acostumbrado a concebir el mundo en tres dimensiones. Para él, los materiales rígidos y las grandes figuras siempre podían ser maleables. Aplicaría este concepto único a su arquitectura.

No se sabe si Antoni Gaudí nació en Reus o Riudoms. Él mismo afirmó provenir de uno y otro lugar, a lo largo de su vida. Lo que sí se sabe es que vino al mundo el 25 de junio de 1852 y que su salud era tan frágil, que decidieron bautizarlo al día siguiente, previendo que muriera.

Durante toda su infancia fue enfermizo. Esto lo convirtió en un niño introvertido y silencioso, pero también en un gran observador de la naturaleza. Su arquitectura siempre quiso imitar lo natural. Por eso, prefería las curvas del mundo real a las líneas rectas de los planos. Esto marcó su inconfundible estilo.

Un arquitecto diferente

Su familia fue a vivir a Barcelona y en 1874 Antoni Gaudí entró en la Escuela de Arquitectura. Ese mismo año elaboró sus primeros diseños y se sumergió en el estudio de las obras arquitectónicas de diferentes culturas.

En 1876, murió su madre, de 57 años, y su hermano Francisco, de 25. Este último recién se había graduado como médico. Esto supuso un fuerte golpe para Gaudí. Desde entonces comenzó a trabajar como delineante a medio tiempo, para completar el pago de sus estudios.

Tres años después murió Rosa, la única hermana que le quedaba viva. Tenía una hija y Gaudí quedó a cargo de ella. Ese mismo año conoció a Eusebio Güell, quien se convertiría en su gran amigo y su mecenas. Su fama como arquitecto comenzaba a crecer.

Parque Guell

Infortunio y gloria

Antoni Gaudí solo se enamoró de una mujer. La afortunada fue Pepeta Moreu, una bordadora que le escribió para decirle que el estandarte para la Cooperativa Obrera Mataronense, encargado por el arquitecto, era demasiado difícil de hacer. Cuando él la conoció personalmente quedó prendado.

Desde entonces, asistió puntualmente todos los domingos a comer en casa de Pepeta. Iba en compañía de su pequeña sobrina, Rosa. Cuando por fin le pidió matrimonio, Pepeta lo rechazó. Antoni Gaudí no era precisamente un monumento a la elegancia, sino todo lo contrario. Se dice que Pepeta dijo no poder aceptar a un hombre que “Lleva el bigote lleno de mocos”.

Por aquel entonces, 1883, comenzó la construcción de su obra maestra: La Sagrada Familia. También se convirtió en un anacoreta, más místico cada vez y más entregado a su trabajo que nunca. Iba varias veces al día a misa y aplicaba unos ayunos tan atroces que muchas veces puso en peligro su salud.

Tuvo también que sufrir la muerte de su padre, de su sobrina y de su gran benefactor, Eusebio Güell. Esto lo sumergió aún más en sus creencias religiosas. En 1926 fue atropellado por un coche. Su apariencia de mendigo hizo que lo llevaran a un hospital para menesterosos. Murió tres días después. Todo Barcelona lo lloró.

  • Ramírez, J. A. (1998). La metáfora de la colmena: de Gaudí a Le Corbusier (Vol. 13). Siruela.