Artritis reumatoide: síntomas, causas y tratamiento

María Hoyos · 11 junio, 2018

Se calcula que la artritis reumatoide afecta a un 0,5-0,8 % de la población mundial, aunque existen personas no diagnosticadas. En España, se estima que unas 200.000 personas la padecen. Este trastorno afecta sobre todo a mujeres de entre 30 y 50 años, y disminuye en gran medida la calidad de vida de los pacientes, ya que reduce la movilidad de las articulaciones y hace doloroso cualquier movimiento.

El término es un compuesto de palabras de origen griego y significa ‘inflamación de la articulación’, ya que esta es la manifestación principal de la enfermedad. Pese a que puede manifestarse en gran parte del cuerpo, esta inflamación es más acusada en las articulaciones y viene acompañada con frecuencia de dolor muscular o fiebre.

¿Qué es la artritis reumatoide?

La artritis es, como hemos visto, una inflamación de las articulaciones; el término “reumatoide” es un término inespecífico que hace referencias a dolores semejantes en articulaciones, huesos, cartílagos, músculos, ligamentos, tendones y el tejido conjuntivo. No hay que confundir el término con el de “artrosis”, relativa a los huesos.

La artritis reumatoide no cuenta con un origen conocido. Ya encontramos su cuadro clínico descrito en textos de hace siglos, pero aún no se ha identificado una causa clara. Se conoce la participación del sistema inmunológico, por lo que se considera una enfermedad autoinmune, y algunos factores de riesgo sí pueden tenerse en cuenta.

Artritis reumatoide

Se trata de una enfermedad degenerativa, lo que significa que sus síntomas se agravan inevitablemente con el tiempo, y únicamente pueden tratar de paliarse. Las articulaciones de un paciente de artritis se deforman dolorosamente hasta adoptar posturas incómodas que no podrán deshacerse. Necesariamente, los afectados por la enfermedad verán reducida su autonomía y no podrán desarrollar su vida con normalidad.

Factores de riesgo de la artritis reumatoide

Los principales factores de riesgo de la artritis son genéticos: alrededor del 60% de la artritis reumatoide tiene factores genéticos. Esto significa que si tenemos familiares, sobre todo de primer grado, con esta enfermedad la probabilidad de que nosotros también la padezcamos aumenta.

Otro factor de riesgo ya mencionado es el sexo del paciente. Las mujeres tienen de dos a tres veces más posibilidades de padecer artritis reumatoide. Se cree que esta propensión se debe a la presencia de una mayor cantidad de estrógenos, los cuales estimulan el sistema inmunológico. Otra hormona que se relaciona con la AR es la testosterona: los hombres con bajos niveles de testosterona son más susceptibles a padecerla.

Efectos de la artritis reumatoide en el cuerpo

Al tratarse de una enfermedad autoinmune, la AR tiene una predilección por las articulaciones. Durante la primera etapa de la enfermedad, solo podemos observar síntomas de la misma en sangre, donde se desarrolla una producción de anticuerpos mayor de lo habitual.

Es en la segunda etapa donde aparece el síntoma más común: la inflamación de las articulaciones, lo cual da el dato clave para el diagnóstico de la enfermedad. La segunda etapa se caracteriza por el crecimiento de estructuras sinoviales alrededor de la articulación. La tercera etapa se caracteriza por la inflamación crónica. En esta etapa, las estructuras que rodean la articulación llegan a degradar el cartílago y el hueso.

Por otro lado, que la AR tenga predilección por las articulaciones no se traduce necesariamente en una afectación única: otras zonas o sistemas de nuestro cuerpo pueden sufrir también. La anemia, por ejemplo, es una consecuencia común de la AR, así como la pleuritis, fibrosis pulmonar y nódulos pulmonares.

Mujer con dolor en la mano

Tratamiento de la artritis reumatoide

Entre los tratamientos más comunes se encuentran los antiinflamatorios, que actúan sobre las áreas afectadas por la enfermedad. En las fases iniciales de la AR se recomienda el ejercicio moderado que ayuda a retrasar la aparición de inflamación más seria. En otras ocasiones el reposo es más acertado, acompañado de visitas al fisioterapeuta. Otras recomendaciones son: la modificación de la dieta y el abandono de hábitos poco saludables, como el consumo de tabaco o alcohol.

Como ya hemos visto, la artritis reumatoide de momento no tiene cura, por lo que su tratamiento será siempre paliativo. Esto es, los medicamentos empleados en el tratamiento tendrán como objetivo retrasar las últimas fases de la enfermedad y garantizar al paciente el desarrollo normal en su día a día. No obstante, al tratarse de una enfermedad degenerativa, este propósito no siempre puede cumplirse.