Asertividad en el trabajo: 5 claves

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 24 marzo, 2018
Sara Clemente · 24 marzo, 2018

La asertividad en el trabajo tiende a confundirse muchas veces con otros conceptos, como la agresividad u hostilidad. Pero nada más lejos de la realidad, porque ésta se basa en el respeto en el respeto. Es decir, ser asertivos es conocer y defender los propios derechos que se tienen como individuo y ciudadano, sin atentar contra los de los demás. Como vemos, también se encuentra en las antípodas de la pasividad, que precisamente deja la decisión en manos de otros.

Aplicada al ámbito laboral, la asertividad tiene importantes beneficios, tanto para el trabajador como para la organización en la que éste desempeña su labor. Por eso, es importante desarrollarla y ponerla en práctica. ¿Cómo podemos hacerlo?

Defiende tu trabajo

En ciertas ocasiones, los jefes se atribuyen el trabajo de sus empleados. Esto resulta muy frustrante para los subordinados, que ven cómo su esfuerzo se desmerece. Por ejemplo, imaginad que lleváis trabajando en un informe clave para la compañía durante semanas, pero que a la hora de exponérselo a los clientes, vuestro superior ni nos menciona o ni siquiera nos convoca a la presentación.

Policia hablando con un testigo

La asertividad en el trabajo nos impulsa a no quedarnos callados y a transmitir nuestro malestar al jefe. Así, una vez terminaba la reunión, podemos ir a hablar con él y solicitar que se ponga en valor nuestro trabajo. No es cuestión de enfadarse ni de hablarle en un tono desafiante, sino de exteriorizar nuestra desmotivación fruto de un derecho no reconocido.

Da tu opinión sin pasarte y sin quedarte corto

Se convoca una reunión de todo el departamento en el que trabajas. Es una junta clave: se van a tomar decisiones importantes de cara al futuro que te afectan directamente. Por eso, se pide la opinión de todos los empleados de la planta. Ante un cónclave así, la mayoría de trabajadores adoptan dos posturas: agresividad o pasividad.

Pongamos que la cuestión a debatir es la siguiente: ¿crees que la empresa debería aumentar la partida presupuestaria dedicada a tu departamento? ¿Cómo responderías?

  • Agresividad: “Claro que sí. No nos llega ni para la máquina de café”.
  • Pasividad: “Me da igual. A mí de momento no me afecta”.
  • Asertividad: “Del año pasado a éste, hemos notado grandes cambios en negativo como consecuencia del reducido presupuesto asignado. Sería conveniente que nos lo aumentaran de nuevo a niveles anteriores para poder realizar con acierto las tareas propias del departamento”.

Como vemos, la primera y la segunda generan tensión. La tercera deja constancia de que la asertividad en el trabajo es una habilidad social que nos permite comunicarnos de manera más satisfactoria con los demás. Con ella expresamos nuestras necesidades, comprendiendo las posibles reticencias que pueda tener el otro a satisfacerlas e incluso facilitando salidas intermedias en caso de que nuestras solicitudes no puedan encontrar exactamente la respuesta que queremos.

Ponte en valor

Si ya consigues dar tu opinión de forma asertiva, ten cuidado de no cometer un error de principiante: desvalorizar tu mensaje. “No sé si servirá…”; “era solo una idea”; “igual es demasiado pronto…”; “puede parecer una tontería…”. Trata de evitar esas coletillas: no son buenas aliadas. Todo lo contrario. Denotan que sientes inseguridad y poca confianza en ti mismo. Además, difícilmente se podrán adoptar tus sugerencias si das señales de que ni tú apuestas en firme por ellas.

Usa la comunicación subjetiva

La comunicación subjetiva se basa en manifestar en primera persona lo que sentimos o pensamos. Es aquella que nos permite hablar sin culpabilizar, enjuiciar, criticar y buscar responsabilidades ajenas.

Pongamos un ejemplo. Dados los resultados que está obteniendo la empresa gracias a nuestro esfuerzo y dedicación, creo que sería justo que me aumentara el sueldo. Hay dos maneras de comunicar esto al jefe de personal: “me gustaría hablar sobre mi salario” o “hay que hablar de mi sueldo”.

El primero es mucho menos agresivo que el segundo, que es más impersonal. Un simple detalle añade respeto, naturalidad e importancia a lo que estás diciendo.

Grupo de trabajo negociando

Claridad y brevedad

Para poder hacer uso de la asertividad en el trabajo hay dos aspectos a clarificar. Por un lado, los objetivos a los que quieres llegar. Y, por otro, la idea central de tu mensaje.

Si sabes cuál es tu meta, podrás ir acercándote a ella de manera gradual. Si no, poner en práctica esta habilidad social será mucho más difícil y habrá ciertos casos en los que consigas incluso el efecto contrario. De hecho, un error muy frecuente de las personas que quieren ser más asertivas es comenzar a decir que “no” a todo lo que se les propone. Niégate cuando lo que te dicen entre en conflicto con tus derechos; no por querer parecer más duro.

Asimismo, evita andarte por las ramas. Si puedes decir en un minuto lo que antes dirías en cinco, mejor. Hazlo, porque si das demasiados rodeos, los allí presentes pueden dejar de prestarte atención y disminuirá el valor de lo que les planteas.

Estudiada a través del Modelo de los 5 factores de Costa y McRae, la asertividad se encuentra dentro del rasgo de personalidad de extraversión. Nadie es asertivo por naturaleza, sino que, como vemos, es una destreza social que puede ir entrenándose; algo que requiere esfuerzo y conocimiento de lo que realmente significa este concepto.