Más allá de la autoestima: autoconsciencia, autoaceptación y automotivación

22 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas
La autoestima es un tema central en nuestros días. Un gran número de libros, conferencias y charlas tratan sobre ella. Sin embargo, ¿es verdad que tener autoestima nos hace más felices y nos ayuda a tener éxito?

La autoestima es un tema con cierto protagonismo en nuestros días. Un gran número de libros de autoayuda, charlas y talleres se refieren a este concepto como una de las claves fundamentales para sentirnos bien con nosotros mismos y alcanzar la ansiedad felicidad.

Ahora bien, ¿de verdad nos hace más felices y nos ayuda a tener éxito? Desde luego eso es lo que nos prometen. Sin embargo, que sea un tema muy recurrente también abre más posibilidades a que sea mal entendido, mal utilizado y que finalmente acabe por no corresponderse con su verdadero significado. Profundicemos.

Hoja con forma de corazón

El mito de la autoestima

La palabra autoestima tiene diferentes interpretaciones.

  • El psicólogo humanista Carl Rogers la definía como la constitución del núcleo básico de la personalidad y explicaba que en la raíz de de muchos problemas se encuentra un fuerte sentimiento de desprecio hacia uno mismo.
  • Por su parte, la psicoterapeuta estadounidense Virginia Satir afirmaba que la autoestima estaba constituida por la experiencia de sentirse digno de ser amado y por el sentimiento de sentirse capaz.
  • Según Nathaniel Branden, la autoestima se correspondía con la experiencia y posibilidad de llevar una vida significativa, abarcando dos componentes esenciales: un sentimiento de valía personal y un sentimiento de capacidad personal.
  • Mientras que para el psiquiatra Luis Rojas Marcos, se define como el sentimiento de aprecio o rechazo resultante de la valoración global que hace la persona sobre sí misma.

Sin embargo, una de las más comunes es la que considera que tener autoestima es realizar valoraciones y juicios positivos sobre uno mismo y creérselos.

Por otro lado, además de existir diferentes concepciones sobre este concepto, también existen una serie de afirmaciones o creencias populares sobre la autoestima que la mayoría de personas dan por válidas:

  • El aumento de la autoestima mejora los niveles de rendimiento.
  • Las personas que tienen una autoestima más elevada son agradables, causan mejor impresión a los demás y tienen mejores relaciones.
  • Quienes tienen alta autoestima son mejores líderes.

Ahora bien, ¿son estas afirmaciones ciertas? Para responder a esta pregunta, en el 2003, la APA ( American Psychological Association) encargó a un equipo de psicólogos de universidades de prestigio que investigara sobre ello. Los investigadores revisaron un gran número de estudios y buscaron evidencias científicas que confirmaran o refutaran esas creencias populares y finalmente encontraron que eran falsas.

Sin embargo, el grupo de investigadores descubrió una serie de aspectos muy llamativos sobre la autoestima:

  • Los altos niveles de autoestima están estrechamente relacionados con el egoísmo, el narcisismo y la arrogancia.
  • La alta autoestima está relacionada con un mayor número de prejuicios y discriminaciones.
  • Por último, también encontraron que los altos niveles de autoestima se relacionan con el autoengaño y con la adopción de actitudes defensivas ante comentarios sinceros. 

Increíble, ¿verdad? Sin duda, estos resultados nos invitan a reflexionar sobre el concepto de autoestima y todo lo que conlleva. Y más si tenemos en cuenta que cuando las personas con baja autoestima intentan animarse a través de afirmaciones positivas se acaban sintiendo peor. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Mujer en el espejo descubriendo su belleza escondida

Hay otros aspectos más importantes…

Según el psicoterapeuta Russ Harris, la autoaceptación, la autoconciencia y la automotivación son más importantes que la autoestima.

El poder de la autoconciencia

La autoconsciencia es la llave que abre la puerta a la autoaceptación, la automotivación y la autoestima. Se trata de la capacidad de ser consciente de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Solo cuando somos plenamente conscientes, podemos desprendernos de los pensamientos inútiles, implicarnos de forma total con lo que hacemos y actuar con eficacia y desde el compromiso.

Todo ello conlleva una adecuada gestión de las emociones, lo que quiere decir que no nos dejaremos llevar por nuestros impulsos y sentimientos, sino que aprenderemos cómo identificarlos, experimentarlos y manejarlos.

La importancia de aceptarse a uno mismo

Aceptarse a uno mismo también es importante porque implica que a pesar de que fallemos, nos equivoquemos y las circunstancias no ocurran como pensábamos, tendremos nuestro apoyo libre de juicios. 

Esto no quiere decir que no prestemos atención a cómo nos comportamos y que olvidemos las consecuencias y el impacto de nuestras acciones, sino que simplemente no nos atacaremos con dureza, no nos criticaremos ni nos trataremos mal. 

No podemos olvidar que cometer errores es un aspecto fundamental del proceso de aprendizaje, pero latigarnos por ello no -aunque hayamos entrenado durante años a nuestra mente-. Sin embargo, ¿en algún momento valió la pena?

Juzgarnos a nosotros mismos no nos ayuda, de hecho provoca todo lo contrario: comenzamos a sentirnos peor y al final nos ahogamos en las profundidades del malestar.

Ahora bien, saberlo no impide que ocurra y más cuando llevamos tanto tiempo con este hábito. Lo que sí podemos hacer es comenzar a desprendernos de los juicios sobre nosotros mismos, tanto positivos como negativos.

  • Si nuestra mente comienza a atacarnos o alabarnos, lo ideal es que etiquetemos ese tipo de pensamientos como «juicios», los observemos y los dejemos ir. Porque nuestra mente no somos nosotros. 
  • Las palabras son solo palabras, lo que importa es: ¿son útiles? Ahora bien, también tenemos la experiencia de que aquellas que nos decimos cambian como el viento. Algunos días nuestra mente nos dirá que somos personas maravillosas y otros que somos egoístas y estúpidos. La clave está en no creer lo que nos dice porque, al fin y al cabo, son solo historias.
  • Son más importantes las cosas que hacemos y cómo nos comportamos más que las historias que nos contamos a nosotros mismos.
  • También hay que dejar de juzgar a los demás. Esto solo reforzara el hábito de clasificar a la gente -y a nosotros mismos- según ciertas categorías y lo cierto es que no hay «ganadores» y «perdedores», sino personas que a veces pierden, a veces ganan… Los matices, las alternativas, las escalas de grises están ahí.

«Lo más importante que he aprendido en el transcurso de los años es la diferencia entre tomarse en serio el trabajo de uno y tomarse a uno mismo en serio. Lo primero es necesario; lo segundo, desastroso».

-Margaret Foney-

Mujer con los ojos cerrados sonriendo

¿Cómo podemos motivarnos?

La automotivación es otro de los aspectos importantes que según Harris se encuentran por encima de la autoestima. Se trata de esa dosis de energía que nos ayuda a recorrer el camino hasta nuestros objetivos. Ahora bien, ¿cómo podemos obtenerla?

Lo primero es tener claro que la motivación simplemente es el deseo de hacer algo. Y luego, saber qué decisiones queremos tomar y cuáles de nuestros valores pueden sustentarlas. De alguna forma, estos funcionan como una brújula: nos ayudan a mantener el rumbo. El siguiente paso consiste en comprometernos.

Además, es importante tener cuidado con nuestra mente cuando experimentamos falta de motivación, ya que nos recordará que no somos disciplinados ni tenemos fuerza de voluntad, pensamientos que pueden quebrar nuestro grado de implicación y compromiso.

  • Así, cuando la mente nos lance el mensaje de que no estamos motivados, tenemos que reconocer que eso es imposible. Cada acción que ponemos en marcha siempre trata de conseguir algo. Luego, reflexionemos sobre qué tipo de deseo experimentamos: ¿es el deseo de evitar el malestar o es el deseo de actuar con nuestros valores y enriquecer nuestra vida?
  • Después es recomendable cuestionarnos que si dejásemos que ese deseo rigiera nuestros actos, ¿lo haría en la dirección que queremos?
  • Y por último, reflexionar sobre la idea de que si no nos sintiéramos motivados, ¿estaríamos dispuestos a hacer aquello que enriqueciera nuestra vida?

Las respuestas a esas preguntas nos mostraran en qué territorio queremos movernos y hasta qué punto tenemos motivación para conseguir lo que queremos.

Como vemos, ser conscientes de nosotros mismos, de todo nuestro repertorio (emocional, cognitivo y conductual), aceptarnos tal y como somos y ser capaz de motivarnos desde nuestros valores son pilares básicos sobre los que apoyarnos y fundamentales si queremos sentirnos bien con nosotros mismos. Porque entonces, ¿cómo vamos a valorarnos y vivir en plenitud?

Harris, Russ (2012). Cuestión de confianza. Del miedo a la libertad. Sal Terrae.