Bases neurobiológicas de la agresividad

¿Cómo está relacionada la configuración del cerebro con las conductas agresivas? ¿Qué papel juegan las hormonas y los neurotransmisores en este tipo de conductas? Te lo contamos.
Bases neurobiológicas de la agresividad
María Paula Rojas

Escrito y verificado por la psicóloga María Paula Rojas el 15 diciembre, 2020.

Última actualización: 15 diciembre, 2020

La agresión es un comportamiento que está presente en la mayoría de seres vivos. Los animales la utilizan como manera de defenderse frente a los depredadores o para obtener alimento. Aun así, la funcionalidad de este comportamiento en los humanos ha trascendido, ya que, en muchas ocasiones ejecutamos un acto agresivo por venganza o por algún tipo de psicopatología. Todo esto hace importante conocer las bases neurobiológicas de la agresividad.

Con ella podemos identificar las implicaciones que hay a nivel cerebral para llevar a cabo una conducta agresiva. Entendiendo que no solamente participan algunas partes del cerebro, sino que algunas hormonas y neurotransmisores también tienen protagonismo en estas conductas. Estas ayudan de manera significativa a controlar o mantener las conductas agresivas.

Hombre agresivo

¿Qué es la agresividad?

La palabra agresividad viene del latín aggredi que se traduce al español como ‘provocación o ataque’. Por lo tanto, el término es una cualidad que se asocia a la destrucción o a la violencia. Por otro lado, la agresividad se ha mostrado como imprescindible para la supervivencia de los seres vivos, aunque también está presente en diferentes psicopatologías. De este modo, hablamos de una dimensión en el que las diferencias son sutiles e importantes.

Existen diferentes maneras para clasificar la agresividad. Una de ellas es la desarrollada por Halsband y Barenbaum (2008) en la que la agresividad puede ser impulsiva o predeterminada.

  • La primera es una reacción ante el estímulo percibido como una ofensa o amenaza. Por lo tanto, suele estar motivada por el miedo o la ira. En este caso, las personas que desarrollan la conducta agresiva puede que no acierten a valorar muy bien sus consecuencias.
  • Por otro lado, la agresividad predeterminada se da con un objetivo específico. En este caso, la reacción es calculada y pensada, por ende, su accionar puede llegar a ser más peligroso.

A nivel estructural, ¿cuáles son las bases neurobiológicas de la agresividad?

Como sabemos, en la práctica se ha encontrado que hay pacientes con un comportamiento menos inhibido, más arriesgado y apresurado, con una tendencia a la impulsividad. Esto lleva a ejecutar respuestas o conductas agresivas, afectando la toma de decisiones.

Todo esto nos hace pensar que a nivel cerebral están las bases neurobiológicas de la agresividad. Explorémoslas a continuación.

Nivel cortical

Diferentes investigaciones han demostrado que la corteza prefrontal forma parte de las bases neurobiológicas de la agresividad.

En este caso, se ha encontrado que hay una relación directa con la funcionalidad en la corteza orbitofrontal y la ventromedial. De hecho, existe una hipoactivación en estas áreas que afecta a la inhibición de las respuestas agresivas y genera un aumento de la irritabilidad.

Asimismo, se ha encontrado una vinculación con la agresividad debido a las funciones que tiene esta estructura. Entre ellas encontramos: el control y la regulación emocional, la planificación del comportamiento y la conducta ético moral. Todo esto hace que la persona aumente las conductas relacionadas con la agresividad, especialmente las del tipo impulsivo.

Nivel subcortical

La mejora en la calidad de las técnicas de neuroimagen ha facilitado el hallazgo de diversas estructuras subcorticales que forman parte de las bases neurobiológicas de la agresión.

En primer lugar está la amígdala, que desempeña una función vital en el desarrollo de comportamientos agresivos. Esto se debe a que esta estructura se relaciona con un conjunto de procesos nerviosos como:

  • La cognición social.
  • Regulación de la emoción.
  • El procesamiento de la recompensa.
  • La memoria emocional.
  • Detección de amenazas procedentes del medio ambiente.
  • Excitación de respuesta de lucha o huida.

Todos estos procesos pueden aumentar o ayudar a desarrollar respuestas. Específicamente, se ha encontrado que en personas más agresivas hay una disminución en el volumen de la amígdala. Además, se reporta una mayor activación en esta área cuando hay presencia de conductas agresivas.

En segundo lugar, está el hipotálamo. Esta estructura se encarga de la coordinación de la expresión automática del estado emocional. En específico, registra cambios internos y activa redes neuronales que dan los atributos afectivos a un estímulo que se esté presentando.

Por lo tanto, el hipotálamo también forma parte de las bases neurobiológicas de la agresividad, debido a que puede generar una reacción específica ante un estímulo externo que se presente.

Hipotálamo

Bases neurobiológicas de la agresividad a nivel químico

Sin lugar a dudas el neurotransmisor más relacionado con este comportamiento es la serotonina (5-HT). Se ha encontrado que a bajos niveles de serotonina, las conductas agresivas aumentan notablemente. Esta reducción se da especialmente en el núcleo accumbes, el cual se encarga de la anticipación y preparación para la confrontación.

La serotonina también se ve reducida en la corteza prefrontal, encargada de la regulación emocional y las funciones cerebrales más complejas.

De igual manera, la noradrenalina también forma parte de las bases neurobiológicas de la agresividad. Diferentes investigaciones han demostrado que cuando disminuye la actividad de este neurotransmisor se reducen las conductas agresivas. Por lo tanto, el exceso de noradrenalina puede generar comportamientos agresivos.

La dopamina también se relaciona con los comportamientos agresivos. De hecho, el aumento de su densidad en el espacio intersináptico está asociada al comportamiento agresivo. Además, haciendo una análisis más riguroso vemos que, dependiendo al receptor de la dopamina, también desciende la probabilidad de que se produzca una conducta agresiva.

Por otro lado, se ha encontrado que las hormonas también son protagonistas en el tema que estamos tratando. Por ejemplo, se ha encontrado que el aumento de los andrógenos genera enfado y puede hacer que se desarrolle tendencia a la agresividad.

Específicamente, se habla del incremento de la testosterona asociado al aumento de conductas agresivas. De igual manera, estas investigaciones han demostrado un aumento de las conductas agresivas cuando hay un acrecimiento de la vasopresina y la oxitocina.

Como vemos, en los comportamientos agresivos están implicadas estructuras corticales y subcorticales del cerebro. Además, es clara la influencia que tienen algunas hormonas y neurotransmisores. Lo que demuestra la complejidad de algunas conductas agresivas y la necesidad de que en algunos casos intervenga un profesional de la salud mental.

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