Brontofobia o el miedo a los truenos, rayos y relámpagos

14 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
La brontofobia puede llevar a una persona a obsesionarse con el pronóstico climático e, incluso, a recluirse en casa. Descubre sus síntomas y las posibilidades de intervención en este artículo.

Las tormentas son fenómenos naturales comunes y, generalmente, inofensivos. Sin embargo, para la persona que padecen brontofobia resultan algo realmente aterrador. La ansiedad que siente ante su presencia es elevada, especialmente si se acompaña de truenos, rayos y relámpagos.

Este temor resulta común durante la infancia, pero si no se aborda adecuadamente puede extenderse a la edad adulta, convirtiéndose ya en una fobia. La interferencia de este trastorno en la vida del individuo hace que, muchas veces, sea necesario recurrir a tratamiento psicológico.

Mujer con brontofobia

Brontofobia: una fobia específica

La brontofobia forma parte de las denominadas fobias específicas. Todas ellas comparten una serie de características en las que lo único que varía el estímulo principal. En las fobias específicas se experimenta un temor desproporcionado e irracional ante un estímulo o situación concretos. La persona es incapaz de controlar el temor, incluso sabiendo que este es ilógico.

Entrar en contacto con el estímulo fóbico, o prever que va a aparecer, desencadena en el individuo un elevado malestar. Por ello, suelen ponerse en marcha distintas conductas de escape y evitación que tratan de evitar a toda costa la cercanía con el objeto o situación.

En el caso de la brontofobia, el temor que se experimenta ante las tormentas y todos los elementos relacionados es excesivo e ilógico. Por ello, la persona fóbica trata de evitar todo contacto con los mismos. Sin embargo, cuando la evitación no es posible, lo soporta a costa de una gran ansiedad. También aparecen síntomas como temblores, sudores o falta de respiración que empeoran estando a solas.

Este temor provoca una interferencia significativa en la vida de la persona, limitando su actividad cotidiana. Es común que quienes padecen esta fobia se obsesionen con el pronóstico del clima, se pongan nerviosos en épocas de lluvia y eviten salir de casa si existe probabilidad de tormentas.

¿Por qué ocurre esta fobia?

Muchas veces el individuo fóbico no es capaz de darle una explicación lógica a su temor. Por otro lado, se han determinado algunas causas probables en el origen del mismo:

  • Haber vivido algún suceso o acontecimiento desagradable o traumático relacionado con las tormentas.
  • Ser testigo del impacto negativo que las tormentas han tenido en alguna persona cercana. Por ejemplo, tener un familiar que se vio involucrado en un accidente automovilístico en un día de fuertes lluvias.
  • Recibir información acerca de sucesos catastróficos relacionados con tormentas que nos impacta emocionalmente.

Psicóloga con paciente

Tratamiento de la brontofobia

Afortunadamente existen tratamientos eficaces para el abordaje de este trastorno. La psicoterapia cognitivo-conductual ofrece los mejores resultados en términos de reducción de la ansiedad y de las conductas de evitación. Para lograrlo, combina una serie de técnicas con las que modifica los síntomas de la fobia a todos sus niveles: cognitivo, fisiológico y conductual.

A nivel cognitivo

Se lleva a cabo una modificación de creencias erróneas y disfuncionales acerca de las tormentas. Mediante la reestructuración cognitiva se ayuda a la persona a comprobar la veracidad de sus pensamientos y a buscar interpretaciones alternativas. Esto es, más adaptativas y realistas.

A nivel fisiológico

Se utilizan diversas técnicas de relajación, las cuales ayudan al individuo a controlar su nivel de activación. Al obtener este cierto grado de control, logra enfrentarse a los estímulos temidos sin que sus niveles de ansiedad se disparen.

A nivel conductual

Se trata de ir exponiendo a la persona a sus temores de forma gradual. El objetivo es que sea capaz de permanecer en la situación hasta que la ansiedad disminuya, evitando cualquier conducta, como las de evitación, que puedan aumentarla a largo plazo. Mediante esta técnica se rompe la asociación existente y se comprueba que los estímulos, en realidad, son inocuos.

Para realizar este último ejercicio en las fobias, normalmente, se emplea la exposición en vivo. Mediante ella, la persona se expone frente a frente ante el estímulo temido y va experimentando una disminución de la ansiedad. Sin embargo, en el caso de las tormentas no es posible programar sesiones de exposición en vivo a nuestra voluntad. Esto es debido a que no podemos controlar el clima.

Por ello suelen utilizarse otras variantes, como la exposición en imaginación o la realidad virtual. La efectividad de la primera depende en gran medida de la capacidad de visualización del paciente. En cambio, la segunda, ofrece una experiencia vívida y realista y gran eficacia en el tratamiento de las fobias.

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