Cáncer de mama: juntas podemos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 18 octubre, 2018
Valeria Sabater · 19 octubre, 2018
Las tasas de supervivencia del cáncer de mama son cada vez más esperanzadoras. Sin embargo, hay aspectos de los que no siempre se habla, como por ejemplo el linfidema o el miedo a la recaída.

Cada cáncer de mama es diferente, tanto a nivel molecular como en el emocional. Unos serán más invasivos y otros lo serán menos. Sin embargo, en ese duro y valiente recorrido lo de menos es una cabeza desnuda o la cicatriz de un pecho ausente donde sigue habitando un amor inmenso. Lo grandioso es estar vivas y afrontar el desafío sabiendo que juntas, podemos.

La ciencia, como bien sabemos, nos sorprende de forma cotidiana con nuevas y esperanzadoras noticias en materia de medicina oncológica. Los tratamientos son cada vez más precisos, como es el caso de la inmunoterapia, ahí donde “entrenar” a nuestro organismo para que un anticuerpo guíe al sistema inmunitario con el fin de combatir las células malignas sin dañar el tejido sano.

La medicina se vuelve más afinada y menos invasiva, es cierto, pero los diagnósticos de cáncer de mama se suceden a diario. De hecho, en la actualidad, y según datos del World Cancer Researh Fund, sigue siendo el más común entre las mujeres. Si bien es cierto que las tasas de mortalidad descienden cada año, es inevitable fijarnos en el impacto social y emocional que sigue teniendo esta enfermedad.

Cada una de estas mujeres tiene nombre y apellidos, una historia propia y un cáncer con un perfil biológico particular. Sin embargo, a todas ellas las une el miedo y la inevitable angustia. Todas estas mujeres excepcionales están obligadas a iniciar un trayecto particular y tremendamente duro para el que nadie, absolutamente nadie, está preparado.

Pero eso sí, la gran mayoría de ellas lo superan a través de un viaje transformador, para convertirse así en nuestra mejor inspiración. En ese reflejo de la esperanza más real para demostrarnos que, efectivamente, juntas podemos con todo.

mujer con lazo rosa simbolizando el cáncer de mama

Cáncer de mama, orgullosa de mis cicatrices

Álvaro Rodríguez-Lescure, vicepresidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), nos señala que el cáncer de mama sigue siendo a día de hoy el más diagnosticado. Cabe señalar, eso sí, que hay países donde el cáncer de pulmón se alza ya como uno de los factores de mayor mortalidad femenina. El tabaquismo y sus serios efectos están sin duda tomando ventaja en este sector de la población, y esto es algo que merece nuestra atención.

Ahora bien, a pesar de que la tasa de supervivencia del cáncer de mama se sitúa ya en cifras más que esperanzadoras, sigue quedando la cuestión del “por qué yo”. La Universidad de Australia Occidental realizó un estudio en el 2014 donde se discutía qué atribuciones solían hacer las mujeres sobre esta enfermedad, demostrando así que una gran parte lo relacionaban con los antecedentes genéticos y hábitos de vida.

Sin embargo, los estudios clínicos nos explican que solo el 5 y el 10 % de los cánceres de mama están relacionados con una mutación genética heredada, la relacionada con el gen BRCA1 o BRCA2. Queda claro que sí hay unos factores que elevan el riesgo de desarrollar esta enfermedad, pero debemos asumir que (al menos a día de hoy) aún no es posible prevenirlo al 100%.

Lo más importante, la estrategia más necesaria es poder detectarlo en las fases más tempranas a través de las mamografías.

Una mujer, una historia

Uno de los hitos más significativos en el campo de la oncología fue descubrir y entender la heterogeneidad del cáncer de mama. Cada subtipo precisa de un tratamiento específico y diferenciado. Así, habrá mujeres con intervenciones más o menos invasivas, con más o menos ciclos de quimio y radio, y posteriormente, con un número determinado de años siguiendo el tratamiento con tamoxifeno u otro fármaco complementario.

Ahora bien, más allá del historial médico está la historia personal. Hay mujeres muy jóvenes que ven su vida interrumpida de la noche a la mañana. Hay otras quienes reciben el diagnóstico estando embarazadas. Muchas de ellas se niegan a hacer un alto en el camino en su vida profesional y siguen saliendo al mundo con su pañuelo, sus cicatrices y esas citas pendientes en las salas de quimio.

Una parte de esas mujeres desearían ser también guerreras y valientes luchadoras, pero no pueden. El cáncer de mama metastásico o recurrente, por ejemplo, no siempre deja espacios para una victoria. Habrá épocas de remisión y momentos de súbito avance, pero el diagnóstico en etapa IV es a menudo sombrío. De ahí que sus historias sean otras, más delicadas, más admirables si cabe.

puño de boxeo venciendo el cáncer de mama

La supervivencia es un viaje transformador donde quedan cicatrices

El cáncer de mama tiene múltiples cicatrices que no se ven ni se aprecian. No hablamos de esa herida que a veces delimita el espacio de un pecho vacío. Hablamos, ante todo, de esas marcas que toda mujer que sobrevive a un cáncer lleva en silencio.

  • A menudo, queda el miedo permanente a la recaída.
  • Tras pasar por radioterapia, terapia hormonal, quimioterapia o cirugía, es común que la libido de la mujer se reduzca. Muchas, están obligadas también a aceptar su nueva imagen, abriéndose ante ellas un periodo donde necesitar apoyo, tanto social como profesional.
  • Asimismo, muchas cirugías de cáncer de mama implican la extirpación de los ganglios linfáticos. Algo así tiene serios efectos a largo plazo, como por el ejemplo el linfidema. Se trata de una acumulación de líquido en esa área intervenida, donde además, aparece inflamación, dolor y movilidad reducida. Algo que puede dificultar tareas tan simples, como cepillarse el cabello, o coger peso.
Mujer con cáncer de mama y su terapeuta

De este modo, es necesario entender que cuando una mujer supera un cáncer de mama, su viaje continua. Ese trayecto transformador se da cada día, venciendo cada miedo, lidiando con las secuelas, atendiéndose a sí misma, cuidando de otros e incluso dando apoyo a más mujeres en la misma situación.

Juntas podemos. El cáncer de mama cambia la vida pero no la detiene, porque cuando nos queda tanto por vivir hasta las cicatrices nos ayudan a ser más fuertes.