Carl Müller-Braunschweig: biografía, ética y ambigüedad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 10 febrero, 2019
Edith Sánchez · 10 febrero, 2019
Las acciones de Carl Müller-Braunschweig desataron fuertes polémicas en el interior del movimiento psicoanalítico. Este psicoanalista colaboró con el régimen nazi, aparentemente, para mantener vigentes las tesis de Freud.

La historia de Carl Müller-Braunschweig constituye una de esas páginas sombrías en la trayectoria del psicoanálisis. Es cierto que fue autor de interesantes obras, casi todas alrededor de la ética. Sin embargo, él mismo representa un cuestionamiento a la práctica analítica, principalmente, porque se convirtió en colaborador del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Su posición ha sido objeto de un gran debate. Por un lado, están quienes piensan que de ninguna manera el psicoanálisis ha debido ponerse a las órdenes de un régimen a todas luces perverso. Esto sería un contrasentido, pues semejante ideología es, por sí sola, una afrenta a la salud mental.

“La aceptación oficial es el signo inconfundible que la salvación nos ha sido negada otra vez; es el signo más claro de una fatal incomprensión y es también el beso de Judas”.

-James Agee-

De otro lado, están quienes piensan que el psicoanálisis es una práctica científica, sometida a las leyes de la epistemología, y que, por tanto, está por encima de ideologías o formas de poder. En ese sentido, no importa si se adelanta en el marco de un estado fascista o de uno liberal. Finalmente, lo único importante es que se ajuste a los estatutos metodológicos que lo rigen. Carl Müller-Braunschweig comulgaba con esta posición.

Persona con luz en la mente

¿Quién era Carl Müller Braunschweig?

Carl Müller-Braunschweig nació el 8 de abril de 1881 en la localidad de Braunschweig. Anexó el nombre de dicha localidad a su propio nombre. Inicialmente, su nombre era, sencillamente, Carl Müller. Era hijo de un carpintero alemán, con cierta prestancia.

En principio, recibió una amplia formación en filosofía. Algunos de sus maestros fueron: Crock von Brockdorff, Jonas Cohn, Carl Stumpf, Paul Menzer, Georg Lasson y Alois Riehl entre otros. Todos ellos eran grandes pensadores de la época. Carl Müller-Braunschweig también se formó en otras ciencias como física, biología, antropología, historia, psicología, química y economía. Obtuvo su doctorado en filosofía en 1905, en la Universidad de Berlín.

Fue entonces cuando entró en contacto con las ideas psicoanalíticas, que capturaron su atención de forma inmediata. Se psicoanalizó primero con Karl Abraham y, posteriormente, con Hans Sachs. El psicoanálisis cautivó a Müller y se volvió un auténtico seguidor de las ideas de Sigmund Freud. Pero, finalmente, su carrera se inclinaría más hacia actividades burocráticas que al psicoanálisis.

Carl Müller-Braunschweig y el nazismo

Como se sabe, la mayoría de los pioneros del psicoanálisis fueron judíos. Con el paulatino ascenso del nazismo, su posición quedó en entredicho. En aquel entonces, el psicoanálisis todavía no era demasiado conocido. Únicamente, despertaba el interés de algunos grupos intelectuales, que se correspondían a sectores reducidos de las clases medias-altas. En otras palabras, no era muy amplio el número de personas interesadas en proteger al psicoanálisis.

El nazismo exigió que fueran despedidos todos los judíos que ocuparan lugares prestantes en entidades u organizaciones de carácter científico. En aquel tiempo, las organizaciones psicoanalíticas más importantes se encontraban en las ciudades de Berlín y Viena. Fue entonces cuando Carl Müller-Braunschweig quedó a cargo de la organización alemana, que los nazis llamaron “Sociedad Psicoanalítica Alemana”.

La nueva institución quedó al servicio de los nazis que, poco después, bautizaron como “Instituto Göring”, en honor a su fundador, Mathias Göring, primo hermano del famoso mariscal nazi. La postura de Freud fue la de solicitar que se mantuviera el psicoanálisis en Alemania, aunque no se preservara su nombre. Los nazis estaban interesados en esta corriente, pero querían borrar todo posible huella judía de ella.

La postguerra

La posición de Carl Müller-Braunschweig fue ambigua. Preservó el psicoanálisis, pero al mismo tiempo, se amoldó a las exigencias del nazismo. Desde 1938, Müller se vio inmerso en una crisis depresiva. Estos episodios se repitieron varias veces a lo largo de su vida. Hacia 1946, con la guerra ya concluida, emprendió un trabajo de reconstrucción del psicoanálisis en Alemania. Contó para ello con Ernst Jones y Ana Freud.

Más adelante, John Rickman fue encargado de visitar Alemania para evaluar a quienes se encontraban al frente del psicoanálisis en ese país. Su misión era determinar si eran aptos para dirigir la formación de nuevos analistas. A su juicio, Carl Müller-Braunschweig resultó incompetente para dicha misión. Sustentó su posición en el evidente deterioro psíquico que este presentaba. Sin embargo, se especuló con que esto habría sido una retaliación por el compromiso de Müller con los nazis. Es decir, de alguna manera, pudo tratarse de una especie de castigo hacia Müller por haber adoptado una posición ambigua.

Cabeza de una persona con un mecanismo en su mente simbolizando la antipsiquiatría de David G. Cooper

En 1950, Müller-Braunschweig fundó una nueva organización psicoanalítica que, con el tiempo, fue reconocida por la comunidad internacional de psicoanalistas. Posteriormente, Müller se dedicó a la práctica privada del psicoanálisis y a la enseñanza del mismo en la Universidad de Berlín. Buena parte de sus escritos constituye un intento de justificar su colaboracionismo con el nazismo. Falleció en Berlín, el 12 de octubre de 1958.

Sin duda, la de Müller es una historia un tanto oscura, que demuestra cómo los conflictos políticos e internacionales pudieron ejercer su influencia sobre el psicoanálisis. Hay situaciones en la historia en las que resulta difícil adoptar una posición neutral o tomar una decisión.

Como apuntábamos al principio, hay quienes consideran que no importa quien esté en el poder, lo importante es poder desarrollar y seguir avanzando en las investigaciones. Claro que, en este punto, entrarían muy en juego ciertas cuestiones de ética y moralidad. ¿Nos sometemos y preservamos la investigación? ¿Es mejor resignarse o intentar luchar aunque la batalla esté perdida? La investigación y la ciencia deben estar muy por encima de los intereses políticos o económicos, pero a veces, la respuesta no es tan sencilla.

  • Müller-Braunschweig, C. (1951). "El “Neoanálisis” de Schultz-Hencke, desde el punto de vista psicoanalítico". Revista de psicoanálisis, 8(2), 284-285.