El caso de Elizabeth Smart, un ejemplo de resiliencia

Edith Sánchez · 30 noviembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 30 noviembre, 2019
Elizabeth Smart es una activista estadounidense, que con base en su propia experiencia trabaja incansablemente en contra de la trata de personas y en pro de los desaparecidos. Supo convertir su tragedia en un vehículo de sabiduría y en un mensaje valioso para el mundo.

El caso de Elizabeth Smart fue ampliamente difundido por los medios de comunicación en su momento. Las características escabrosas de lo que le había ocurrido llamaron la atención, primero de la audiencia de Estados Unidos, donde tuvo lugar el caso, y luego de todo el mundo. Lamentablemente, los esfuerzos de esta joven y su resiliencia ante lo ocurrido no han tenido igual difusión.

La prensa y el público son muy sensibles a la aparición de sujetos considerados “psicópatas” y a sus acciones. Estos individuos despiertan fuerte indignación, pero también podría decirse que una especie de fascinación.

Son muchos los que quieren conocer los pormenores de su conducta. También lamentablemente, este manejo informativo a veces se convierte en aliciente para individuos similares.

Es muy frecuente que este tipo de sujetos sientan una enorme satisfacción al “salirse con la suya”. Ver que tienen conmocionada a toda una comunidad y que nadie es capaz de atraparlos.

Elizabeth Smart ha emprendido una campaña que ya lleva años en contra de estos individuos. Su mensaje es que la educación y la prevención son las armas para derrotarlos.

«La vida no es cuestión de tener buenas cartas, sino de jugar bien con una mano pobre».

-Robert Louis Stevenson-

Sombra de una mujer

La historia de Elizabeth Smart

Elizabeth Smart nació el 3 de noviembre de 1987, en Salt Lake City, Utah (Estados Unidos). Viene de una familia acomodada, que profesa la religión mormona. Tiene cuatro hermanos y una hermana. Vivía normalmente en un suburbio exclusivo hasta el 5 de junio de 2002.

Eran aproximadamente las 2 de la mañana cuando un hombre, con apariencia de vagabundo, se infiltró a su casa por una ventana de la cocina. El sujeto subió las escaleras y llegó hasta la habitación donde Elizabeth, de 14 años, dormía junto a su hermana de 9 años. Lo que la despertó fue un cuchillo que aquel hombre le puso en la garganta. Le dijo que si se movía o hablaba, mataría a toda su familia.

Su hermana, Katherine, despertó y fue testigo de todo lo que sucedía. El hombre obligó a Elizabeth Smart a salir con él de la habitación y luego de la casa. Tan pronto como el sujeto salió del cuarto, Katherine se desplazó con cuidado hasta la habitación de los padres y les contó lo ocurrido. Sin embargo, ya era tarde. Elizabeth había sido secuestrada.

Una pesadilla y una búsqueda angustiosa

Comenzó entonces una búsqueda infructuosa, por parte de la familia y de las autoridades. Estas últimas tenían un sospechoso que estaba en prisión. Katherine aseguraba haber identificado al agresor: decía que era Emmanuel, un vagabundo al que su familia le había permitido arreglar el jardín unos meses antes a cambio de unos cuantos dólares.

Nadie escuchaba a la niña, que para entonces ya había cumplido 10 años. Ante la falta de resultados, y debido a que el único sospechoso había muerto en prisión, decidieron tomarle la palabra a la pequeña. Luego se habló del caso de Elizabeth Smart en un programa de televisión y se hizo un retrato hablado del presunto agresor.

Muy pronto, una pareja reconoció al sujeto en la calle en compañía de dos mujeres que se cubrían el rostro. Alertaron a las autoridades y así lo capturaron.

Katherine tenía razón. Habían pasado nueve meses y Elizabeth Smart estaba ahora de regreso. Había vivido un infierno: fue violada diariamente por su secuestrador, con la anuencia y la motivación de la propia esposa del hombre. Ambos fueron capturados.

Sombra de un hombre en el suelo

Una historia de resiliencia

El secuestrador era un hombre llamado Brian David Mitchell, también era mormón y había dicho que era un elegido de Dios. Debía tener siete esposas y la segunda tenía que ser Elizabeth. Pese a sus historias, el jurado encontró que era consciente de sus actos y finalmente lo condenaron a dos cadenas perpetuas sin libertad condicional.

Entre tanto, Elizabeth Smart se refugió primero en sus convicciones religiosas. Partió hacia Francia para realizar una misión con su congregación y este trabajo en pro de otros dio buen resultado. En Francia conoció a otro misionero con quien se casaría más adelante. Después, se convirtió en una activista en contra de la trata de personas y en pro de hallar a las personas desaparecidas.

Su principal mensaje es que los niños pueden aprender a no ser víctimas de este tipo de sujetos. Así mismo, ha señalado que no es bueno darle tanto valor a la sexualidad. Alguien que ha sido víctima de abuso sexual no está “dañado” o “defectuoso”. Tampoco tiene por qué vivir de ahí en adelante como víctima. La vida de Elizabeth Smart ha sido llevada al cine y a varios libros. Es, sin duda, un ejemplo de resiliencia.

Marqués, L. B. (2014). Hiedra, cerezos y tulipanes: La iluminación holística del objeto natural en Maria-Mercè Marçal, Elizabeth Smart y Sylvia Plath. Revista de lenguas y literaturas catalana, gallega y vasca, 19.