«Cocodrile», el episodio de Black Mirror sobre privacidad y tecnología

12 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Imagina que el episodio más doloroso de tu vida puede salir a la luz a través de una nueva aplicación tecnológica. ¿Serías capaz de controlar tus recuerdos antes de que salieran a la luz?, ¿hasta dónde llegarías para ocultarlo?

Imagina que el episodio más doloroso de tu vida puede salir a la luz a través de una nueva aplicación tecnológica. ¿Serías capaz de controlar tus recuerdos antes de que salieran a la luz? ¿Hasta dónde serías capaz de llegar para ocultarlo? Cocodrile, el episodio de Black Mirror sobre privacidad y tecnología, hará que asumas este dilema distópico que quizás no esté muy lejos de suceder.

En el capítulo, se nos presenta un mundo donde la vigilancia tiene lugar dentro de los cerebros de las personas y se puede otorgar acceso a cualquiera, sobre todo si se trata de resolver un tema legal.

Una vez más, este futuro distópico que nos muestra la serie no plantea dilemas morales nuevos. La tecnología no es la villana de la película, solo un desencadenante novedoso para que las personas actúen con una guía.

Pareja en un coche

Cocodrile: una tragedia que la tecnología no puede borrar

Tras una fiesta de baile en Islandia, Mia (Andrea Riseborough) y Rob (Andrew Gower) -todavía borrachos- conducen a casa y accidentalmente golpean a un ciclista en su camino. Mia le ruega que llamen a la policía, pero él la convence para deshacerse del cuerpo y no pagar los platos rotos por un accidente.

Finalmente, Mia ayuda a Rob a ocultar la evidencia. Tanto el cuerpo del hombre como su bicicleta desaparecen en el fondo de un fiordo. Fuera de la vista, fuera de su mente.

Años más tarde, Mia se ha convertido en una arquitecta de éxito, poderosa empresaria y madre de familia. Las drogas, el alcohol, Rob y los bailes bañados en sudor parecen haber desaparecido de su vida.

Un recuerdo que Mia nunca dejará que salga solo de su memoria

Durante una estancia en un hotel donde Mia prepara una conferencia, su examigo aparece. Rob vive inmerso en la culpa y el dolor, no ha conseguido superar lo sucedido años atrás. Cuando ve a la ex mujer de la víctima en un periódico y su sufrimiento, termina por decidirse a desvelar su secreto.

Rob le explica que va a confesar en comisaría lo que ambos hicieron en su juventud. Ella no está de acuerdo y cada vez más nerviosa; tras una discusión y forcejeos, consigue callar a Rob para siempre. Lo empuja al suelo y termina por asfixiarlo. Mientras piensa en deshacerse del cuerpo de Rob, Mia mira por la ventana de su hotel con tal mala suerte que presencia como un carro repartidor de pizzas atropella a un viandante.

Será entonces cuando Shazia, la investigadora de una empresa de seguros, la busque como testigo. Usando su «corroborador» de recuerdos, intenta dar con alguien que le permita testificar en contra de la empresa de pizzas. Esa persona por desgracia para ella y para toda su familia, será Mia.

En Cocodrile aparece un personaje más: «el corroborador»

El dispositivo que utiliza Shazia se llama «corroborador», un extractor de memoria que puede convertirnos en el testigo accidental de una situación comprometida. Ni siquiera es necesario que sea un crimen. En Cocodrile  la maldad humana emerge de forma orgánica con una intervención mínima del «corroborador».

En este episodio, un dispositivo del tamaño de un pequeño botón, colocado en la sien de una persona, permite que los recuerdos o «eneagramas» se muestren en una pantalla cercana. Todos, desde los ajustadores de seguros hasta los oficiales de policía están facultados para usarlo. Las personas se convierten en cámaras en movimiento sin que su voluntad pueda impedirlo.

Cocodrile: el descenso al infierno de Mia

Mia no puede escapar de Shazia ni del «corroborador». Es eso o enfrentarse a la policía, que usará los mismos medios y la meterá sin mediar palabra en una celda si se niega. Estimulando su memoria, Shazia ve en su pequeña pantalla como Mia asesinó a un hombre a sangre fría en la noche del atropello.

Mia entonces tiene dos opciones: o asustar lo suficiente a Shazia para que no cuente jamás lo que ha visto en su aparato o terminar con ella y no arriesgarse a ser delatada. Elige la segunda, pese a que Shazia le asegura que nunca revelará lo que ha visto.

No contenta con esto, descubre que el marido de Shazia sabe todos los detalles de su caso, incluido su nombre y su domicilio. Es ahí cuando dispuesta a que nada salga a la luz, revienta el cráneo del esposo de Shazia y sin un escrúpulo le quita la vida al bebé. Por mucho que nos moleste, era la decisión esperable en este descenso al infierno de la protagonista.

Persona poniendo corroborador a Mía

Lágrimas de cocodrilo

Mia llora cada vez que mata, incluso se disculpa con sus víctimas, pero eso no le impide cometer actos horribles. Mia llora entre las víctimas, pero no es menos un monstruo porque tiene los ojos rojos. Cuando aparece fuera de la casa de una futura víctima vestida de negro y empuñando un martillo, es tan fría y aterradora como cualquier villana de terror.

«La finalidad del embustero consiste simplemente en agradar, deleitar, proporcionarnos un placer. Es la base misma de la sociedad civilizada», dijo Oscar Wilde.

Las tecnologías que ofrece Charlie Brooker en Black Mirror deleitan siempre en un principio y hacen creer a los que las poseen que no pueden vivir sin ellas o sin el placer que les proporcionan. Pero no son obligatorias. Es solo un embuste que se ha tragado la sociedad civilizada.

Al final con tecnología o sin ella, el verdadero carácter de las personas sale a la luz, aunque quizás ciertas circunstancias presionen para que sea de una forma más dramática.

En Cocodrile la tecnología no es la villana

Como en la vida, en la mayor parte de la serie de Netflix es el ser humano quien cae voluntariamente en la trampa. En este capítulo, sin embargo, la tecnología se revela como una herramienta para detectar injusticias y fraudes al mismo tiempo que puede acceder a recuerdos de otras personas que no desean que sean revelados.

Una vez más, la difícil decisión de elegir más privacidad o más control de la sociedad. Ese pequeño dispositivo nos hace plantearnos que quizás sea más fácil descubrir lo que una persona ha hecho mal, pero no sabemos si esa persona ante la circunstancia de ver su secreto revelado, puede hacer cualquier cosa mucho peor. Hacia los demás o hacia ella misma.

El egoísmo, la comodidad y la frialdad pueden estar latentes hasta que cualquier dispositivo o persona los destape. Así, la tecnología no es la villana, el capítulo es un «corroborador» de todo lo que los seres humanos podemos a llegar ser capaces de hacer si sentimos la amenaza de alguien paseando sin control por nuestra memoria.