¿Cómo actuar cuando un hijo tiene ira?

Hay padres que no saben actuar cuando un hijo tiene ira. Lo primero es aprender a gestionar esa emoción uno mismo para enseñar después cómo hacerlo.
¿Cómo actuar cuando un hijo tiene ira?
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 04 agosto, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 04 agosto, 2021

Última actualización: 04 agosto, 2021

La cólera es una de las emociones más difíciles de gestionar, tanto en uno mismo como en los demás. Esto lleva a que, por ejemplo, muchos adultos no sepan cómo actuar cuando un hijo tiene ira. Lo usual es que respondan con más ira, o que se vayan al otro extremo y se sientan intimidados para hacer algo.

Ningún extremo representa una forma adecuada de actuar cuando un hijo tiene ira. El objetivo central no debe ser aplacar el sentimiento o reprimirlo, sino enseñarle cuál es la mejor manera de gestionar esa emoción, de modo que no dañe a otros ni tampoco a sí mismo.

Aunque con los niños más pequeños es más difícil, también es cierto que cuanto más pronto se comience con esa crianza emocional, más saludable será el desarrollo psicológico del chico. De este modo, cada vez serán menos las explosiones y los berrinches. Entonces, ¿cómo actuar cuando un hijo tiene ira? Veamos.

La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde”.

-Giovanni Papini-

Padre gritando a su hijo

La edad de los hijos: un factor decisivo

No es lo mismo abordar la ira de un niño de 2 años, que la de uno de 7 o de 14 años. En teoría, aunque no siempre en la práctica, cuanto más pequeño sea, menos control tiene sobre sus emociones. Esto, se debe a que en edades tempranas, los niños no identifican bien las emociones, ni las comprende del todo. Aunque, también es cierto que, cuanto más grande sean, la ira puede estar más enraizada.

En condiciones ideales, el niño debe aprender a tramitar su ira desde muy pequeño. No se va a lograr de un momento a otro, pero si se forjan unas bases sólidas, el niño va a desarrollar las herramientas necesarias para gestionar lo que siente de la manera más constructiva posible. Esto, por supuesto, no significa que siempre lo logrará, pero será excepcional que no lo consiga.

Con los adolescentes, que son muy dados a la irritabilidad, la actitud debe ser un poco más pasiva. Se trata de una edad que amerita flexibilidad y amplitud, siempre que no se crucen los límites de lo razonable. Con el adulto, más que inculcarle hay que definir sin rodeos las fronteras del respeto.

Cómo NO actuar cuando un hijo tiene ira

Comencemos por identificar qué es lo que NO se debe hacer cuando un hijo tiene ira. En primera instancia, y sin importar la edad, no es adecuado responder con la misma o mayor ira. Eso rompe los límites de la autoridad del padre y convierte un conflicto filial en un problema entre iguales. Se enseña, se inculca y se gana autoridad con el ejemplo.

Tampoco, y nuevamente sin importar la edad, es bueno adoptar una actitud de lástima. Al frente está una persona invadida por un sentimiento destructivo, así que un mimo no es la respuesta más adecuada, ya que prácticamente equivale a un premio. El objetivo es llevar la situación al terreno de la razón.

Finalmente, no se debe apresurar una respuesta, sin importar la forma de expresión de la ira. Comenzar a opinar, juzgar o tratar de explicarle lo que sucede no es bueno en primera instancia. Eso incluso puede ser asumido como una ofensa y es posible que lo sea, en la medida en que se habla de una subjetividad ajena, así sea la de nuestro hijo.

Lo que se debe hacer

Padre e hijo hablando sobre la ira

En todos los casos, la forma de actuar cuando un hijo tiene ira comienza por tranquilizarnos. Esto también se aprende y poco a poco se vuelve más fácil apretar el botón y contenerse antes de actuar. Si definitivamente uno siente que también va a explotar en ese momento, lo mejor es pedir tiempo: “hijo, en este momento no estoy en condiciones de hablar contigo”.

De cualquier modo, en un comienzo es importante no actuar, no hablar y más bien escuchar lo que el chico tiene que decir. Ese silencio e inacción le van a ayudar a calmarse; incluso si grita u ofende, la impavidez del padre o la madre le envían un mensaje: no son vulnerables a la situación y por la vía de la agresividad no van a conseguir nada.

Cuando esté más calmado es el momento de hacer preguntas estratégicas: “¿Qué es lo que te molesta?”, “¿por qué no me explicas en detalle lo que quieres para ver si puedo ayudarte?”. Si no se calma, hay que decirle que en esas circunstancias es imposible hablar y que pueden retomar el asunto cuando se sienta mejor.

No hay que olvidar que las emociones se educan y que buena parte de la crianza consiste precisamente en eso. Para que un hijo aprenda a gestionar la ira, lo que se debe hacer es ayudarle a encontrar los caminos para calmarse y tratar de comprender lo que siente, ayudándole también a que él lo entienda. Es uno de los grandes regalos que se le puede hacer a los hijos.

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  • Alzina, R. B., & Escoda, N. P. (2012). Educación emocional: estrategias para su puesta en práctica. Avances en supervisión educativa, (16).