20 consejos para mejorar la relación con los adolescentes

Mantener una buena relación con los hijos en la adolescencia puede ser todo un reto. A continuación compartimos una lista de consejos aprobados por los expertos.
20 consejos para mejorar la relación con los adolescentes
Marcelo R. Ceberio

Escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio el 12 marzo, 2021.

Última actualización: 12 marzo, 2021

No hay duda de que la adolescencia es uno de los ciclos evolutivos más importantes, pero también un desafío para los padres que deben llevar a cabo la crianza de estos futuros adultos. Por ello, muchos se preguntan cuáles pueden ser los consejos más adecuados para mejorar la relación con los adolescentes.

Hace unos años, el Laboratorio de Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS) desarrolló una encuesta simple basada en la siguiente premisa: de acuerdo con la experiencia clínica de trabajo con padres de adolescentes, ¿cuáles serían las cinco recomendaciones básicas, más allá de la problemática individual, que podrían brindar los psicólogos a los padres, a modo de orientación?

Una vez realizada dicha encuesta, se recopiló la información y se seleccionaron los 20 consejos principales. No obstante, se destacó un top 3, a modo de recordatorio:

  • Estimular la comunicación
  • Fomentar la expresión del amor
  • Poner límites.

A continuación, desglosamos los 20 consejos que todo padre debería tener en cuenta para mejorar la relación con los adolescentes.

1. Decir “te quiero”

No hay que dejar de expresar a los hijos todo el cariño posible. El amor de madres y padres es el único amor incondicional, sin especulaciones.

Aunque los adolescentes sean aparentemente ariscos y rechacen manifestaciones de afecto, siguen siendo muy sensibles a ellas. De cara a la fachada de rebeldía, se halla la búsqueda de reconocimiento. ¡Amor y paciencia! 

Madre hablando con su hijo adolescente

2. Poner límites

Para mejorar la relación con los adolescentes, es importante definir (y expresar) qué es negociable y qué no.

  • Hay que aprender a decir “no”, sin culpa.
  • También hay que aprender a decir no sin caer en un mandato dictatorial, sino como una negativa basada en el buen amor, en un límite que permita discernir hasta dónde se puede llegar.
  • Es necesario establecer límites claros, estables y flexibles. Los límites son normas y criterios básicos para la convivencia, pautas que le permiten al joven un aprendizaje y, a su vez, un ejercicio de libertad y  responsabilidad.
  • El castigo sería el fracaso del límite.

3. Ser directo y concreto

No es necesario abundar en explicaciones. Seguramente su hijo ya escuchó lo que le dijiste y ahora está haciendo su respectivo proceso. No le des más vueltas. A veces, dar demasiadas explicaciones resulta tedioso.

Hay que saber explicar con mesura para reflexionar. De lo contrario, el adolescente desconectará y simplemente no nos escuchará.

4. No colocarse como ejemplo

Una manía que tienen los padres es colocarse como ejemplo: Yo cuando tenía tu edad… Sin embargo, hacer esto no es lo más acertado. El adolescente necesita transitar sus propias experiencias.

Predicar con teorías extraídas de la propia experiencia no es positivo, puesto que esto nos hace exaltarnos y descalificar la experiencia de los jóvenes.

Además, hay que recordar que se aprende más de los errores que de los aciertos. Un error invita a pensar, reflexionar, cambiar de tentativas, ejercitarnos en soluciones y, mientras tanto, se aprende.

5. Mejor preguntar en vez de suponer

Para mejorar la relación con los adolescentes hay que procurar, en la medida de lo posible, suponer menos y preguntar más.

  • Es importante aprender a traducir la suposición en pregunta, y también saber cuándo plantearla.
  • Si afirmamos lo que suponemos, sentaremos en el “banquillo de los acusados” a nuestros hijos y entonces, lo único que les quedará será defenderse, lógicamente.
  • Aprender a escuchar, liberándonos de prejuicios y supuestos, es una forma de establecer un diálogo libre y franco, sin defensas ni ataques.

6. Escuchar más y sermonear menos

Debemos aprender a escuchar a nuestros hijos, conteniéndonos del hábito de aconsejarlos desde la arrogante creencia de que somos “la voz de la experiencia”.

Recordar la propia adolescencia ayuda a traer a la memoria cómo nos sentíamos en ese período, nuestros sueños y confusiones, qué deseábamos, cuáles eran nuestras necesidades. Esto, más que aprovecharlo como material para dar un sermón, puede servirnos para empatizar más profundamente con nuestros hijos.

7. Recordar que la matemática no es el único tipo de inteligencia

Recordemos que hay siete tipos de inteligenciay que no solamente existe la inteligencia que exaltan los colegios: la matemática.

Las inteligencias son un sinónimo de habilidades y si nuestros hijos tienen predilección por el arte, la pintura, la música, o si son sabios emocionalmente, tenemos la obligación de hacerlos brillar en ello.

Ojo, esto no implica que no debamos asegurarnos de que cumplan con sus tareas escolares y continúen con el proceso de la educación formal, sino de que aprendan a desarrollar, valorar y aprovechar su propia inteligencia, a la par que las otras, sin sentirse “menos” por no tener tan agudizada cualquier otra habilidad.

8. Valorar y estimular la autoestima

Reconocer y valorar las cualidades y habilidades de nuestros hijos, aún si se equivocan, es importante para mantener una comunicación sana en casa. También ayuda a prevenir el gaslighting y otras conductas afines.

Hay que aprender a hacerles ver el error, pero siempre alentándolos a seguir adelante. Esto motivará a nuestros hijos a moverse seguros, y a hacerles saber qué hacer y cómo.

La actitud de confianza hacia nuestros hijos inspira en ellos una actitud responsable. Por ende, no desaprovechemos cualquier oportunidad que tengamos para felicitar un comportamiento de nuestros hijos que merezca ser felicitado.

9. Distinguir entre exigencia productiva vs. hiperexigencia destructiva

Para mejorar la relación con los adolescentes hay que aprender a distinguir entre lo que es la hiperexigencia destructiva y la exigencia productiva.

Aunque en primera instancia pudieran dar la impresión de ser muy parecidas, en realidad, tienen matices completamente distintos. Una ayuda a mejorar, a partir de la crítica constructiva, mientras que la otra, tal como lo indica su nombre, destruye.

  • No olvidemos que los adolescentes se encuentran en pleno “ensayo y error”, como forma de aprendizaje de vida.
  • La exigencia es estimulante y productiva, mientras que la hiperexigencia es restrictiva y no valorizante.
  • Pensemos: si no existe la paternidad perfecta, ¿por qué exigir la perfección en nuestros hijos?

10. Ejercer autoridad, no autoritarismo

El ejercicio de ser padres implica encontrarnos en una asimetría relacional por arriba. Estamos en el lugar de la enseñanza, la guía, la experiencia, la escucha, la valoración y rectificación, pero por sobre todo, del afecto. Somos una autoridad afectiva.

Los padres no somos amigos, somos padres. Podremos ser más horizontales, más cercanos, pero no por ello  debemos perder la asimetría de la autoridad. Y nuestros hijos no deben confundirse.

11. De la protesta a la propuesta

Es muy, pero muy importante que los padres abandonemos la queja y la crítica para mejorar la relación con los adolescentes. Ambas son desvalorizantes y crean malestar y un clima familiar de tensión.

La queja y la crítica marcan lo que falta y paralizan (mientras que nos quejamos, no hacemos). Y tomar conciencia sobre este mecanismo hace que logremos pasar de la protesta a una propuesta, es decir, acciones que lleven al cambio de conductas.

12. Ordenar no es lo mismo que pedir

Desde nuestra asimetría por arriba, los padres mostramos la imagen de la autoridad, es decir, que desde ese lugar son dadas las prerrogativas que pueden ser establecidas como órdenes. Sin embargo, como padres, podemos pedir.

Debemos diferenciar las órdenes de los pedidos.

  • La orden es imperativa, no da opciones y debe ser cumplida.
  • En cambio, el pedido se hace -casi como una sugerencia- y, si es aceptado, se lleva a cabo. Por ello, los pedidos se pueden dar entre pares horizontales.

Si pide, espere. Si ordena, exija.

13. Respetar la intimidad, clave para mejorar la relación con los adolescentes

Los hijos reclaman sus espacios personales, puesto que están pasando del nosotros al yo, y esta individuación es la cimiente de su futura autonomía. Por tanto, es necesario respetar su intimidad. No hay que caer en el control invasivo. 

A medida que crecen, van ganando autonomía progresivamente y hay que ir soltando la mano a medida que hacen fuerza para liberarse. Hay que otorgarles libertades crecientes, acordes a las normas pautadas con antelación.

14. Tolerar que ya no se es “padre ideal”

Para mejorar la relación con los adolescentes hay que hacerse a la idea de que ya pasó la etapa en la que se era “un padre ideal” y que esto forma parte del proceso de crecimiento de los jóvenes.

En la infancia, los hijos idealizan a sus padres, los creen “todopoderosos” y que tienen todas las respuestas a sus preguntas. Sin embargo, cuando son adolescentes comienzan a “desmitificarlos” y a “hacerlos más reales”.

15. Aceptar que puede equivocarse

Nadie enseña el oficio de ser padres, por lo tanto, podemos cometer equivocaciones en el camino. El hecho de ser padres y adultos no es garantía de tener todas las respuestas y mucho menos, de ser poseedores de la “verdad absoluta” o las formas correctas en todos y cada uno de los escenarios. Podemos equivocarnos.

Si hubo error, es importante reconocérselo al hijo. Esta es una manera de enseñarle a pedir disculpas mediante la propia actitud.

16. Mantener la coherencia entre lo que dice y hace

No solamente los padres dicen, sugieren, ordenan con palabras. Las acciones son, consciente o inconscientemente, observadas por nuestros hijos. Después de todo, somos una gran película en la que ellos se proyectan, aprenden, copian estilos y formas de proceder.

Ser consecuentes entre lo que decimos y lo que hacemos es una vía de comunicación saludable que evita la confusión y acrecienta el vínculo afectivo.

17. Repartir tareas de la casa, otra estrategia mejorar la relación con los adolescentes

Para mantener la casa en orden hace falta la colaboración de todos.

Atrás quedó el niño y ahora nuestro hijo adolescente poco a poco deberá tomar responsabilidades en la que también es su casa. Para ello, debe empezar por su habitación y luego podrá ir incorporando diferentes tareas.

Una de las grandes quejas de las madres gira en torno al orden y limpieza de la habitación de los hijos adolescentes: olorosas, con papeles, chicles, caramelos, bolsas con restos de patatas fritas en algún rincón, ropa sucia, etc., pero estas son parte del paisaje.

Señalar estos elementos del paisaje -desde el reclamo- hace los hijos se sienten invadidos en su territorio, lo que se convierte en una fuente de escaladas y malas contestaciones.

18. Motivar a la práctica de deporte

Aunque a muchos les pueda sorprender, para mejorar la relación con los adolescentes, también es importante motivar a la práctica de deporte o alguna otra actividad física.

Es necesario que se motive a los hijos a la práctica deportiva. No solo por la salud física (sistema músculo-esquelético y cardiorespiratorio) sino por toda la turgencia hormonal. Esta es la que a menudo se traduce en explosiones y que, con ejercicio físico, se logra drenar.

Además, la práctica deportiva posibilita la socialización, mediante la relación con grupos de pares, favorece la amistad en un ambiente de salud, lejos de cualquier cuestión adictiva (tabaco, drogas, alcohol) que, aunque son inevitables en el universo adolescente, pueden verse disminuidas por la gran incompatibilidad.

Adolescentes haciendo deporte

19. Estimular hacer amigos

Motivar a los jóvenes a establecer y cultivar la relación con pares, compañeros de colegio, clubes, es una forma de ayudarlos a que inicien a construir su mundo afectivo. Estas no serán relaciones impuestas, sino surgirán de la espontaneidad afectiva.

En la medida que se establecen relaciones, se acrecientan espacios íntimos, sentimientos, confidencialidades, etc.

20. La culpa no es buena compañía

La culpa entorpece la comunicación clara. Es lo que ablanda, por así decirlo, la alocución y opaca la firmeza. En todas sus formas, la culpa no es un sentimiento sano. Por ello, más que culpar, es importante hablar de asumir responsabilidades.

Si nos responsabilizamos por por nuestras actitudes como padres, nuestros hijos serán responsables de sus conductas. Recordemos que todos somos parte de un juego relacional, en el que debemos asumir nuestra cuota de participación.  

Estos han sido los 20 consejos para mejorar la relación con los adolescentes que los expertos han considerado que todo padre de adolescente debe tener en cuenta. Lo ideal sería empezar a aplicarlos en el día a día, hasta hacerlos parte de la rutina y la propia dinámica entre padres-hijos, no solo tenerlos en cuenta de manera puntual cuando algo va mal o se ha resentido la comunicación.

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  • Consejos de expertos a padres de adolescentes (LINCS-ESA, 2013).