¿Cómo conseguir niños amantes de la lectura?

11 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Sergio De Dios González
Son muchos los padres que desean poner en su hijos la semilla del amor por la lectura. Sin embargo, a menudo no es una tarea sencilla, por eso hoy queremos darte algunas pistas.

Conozco a muchos padres y ninguno de ellos ve con malos ojos la idea de que sus hijos engrosen el grupo de niños amantes de la lectura. Esta actividad goza de una enorme aprobación social, está asociada a la inteligencia y a la cultura. Los adultos entendemos que una persona que lee, que goza del placer de la letra escrita, es una persona instruida, curiosa y con suficientes conocimientos para hacer críticas que tengan valor.

Por otro lado, muchos de los que hayáis llegado hasta aquí compartiréis estas ideas. Me atrevería a decir que el 99 % -siempre hay algún despistado con una gran habilidad para estar donde no quiere estar-. Gracias a la lectura, habréis vivido aventuras y viajado a lugares que de otra forma no habríais conocido. En un instante podemos estar en Brasil y en cinco minutos haber aterrizado en París.

Por eso me gustaría empezar este artículo con una dosis de realidad que os puede resultar chocante, pero que es necesaria si queremos niños amantes de la lectura. Todas las ideas que expuestas hasta ahora tienen mucho de mito. Es posible la cultura, el conocimiento y el criterio al margen de la lectura.

Dicho de otra manera, no pasa nada porque a un niño no le guste leer; ese deseo, el de que los niños sean amantes de la lectura, no deja de ser un deseo nuestro. Que no sean grandes lectores en la infancia no significa que nunca vayan a descubrir este placer nunca, tampoco significa que vayan a tener una mala calidad de vida o a no a cumplir sus sueños.

Recordemos este precioso fragmento de la película El indomable Will Hunting y los efectos de subestimar el valor de la experiencia directa frente a la indirecta -como la que nos ofrecen los libros-.

Niños amantes de la lectura, infantes que disfrutan

“Si te hablo de amor, me recitarás un soneto; pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable”. Leer puede ser una actividad maravillosa, pero ni es el principio ni tampoco el final. Ahora bien, no es menos cierto que comparto vuestro deseo. Me gustaría que mis seres queridos pudieran disfrutar del placer que puede llegar a generar la palabra escrita… y, por lo tanto, que también mis hijos formaran parte del grupo de niños amantes de la lectura.

Porque sí, la palabra clave es placer. Un gusto químico en el cerebro parecido al que desata el chocolate o el orgasmo. El deleite con el proceder en sí, de manera independiente a lo que nos pueda aportar. Gozar de la posibilidad de ponernos en el lugar de otros, de vivir en alientos ajenos, más o menos largos, o de conocer qué es lo que sucede al otro lado del planeta.

La parte más positiva de todo esto es que nosotros, como padres o educadores, podemos ayudar a que los más pequeños disfruten leyendo. Así, vamos a hacernos una pregunta, ¿qué es lo que más les gusta a los niños? ¿A qué no les tenemos que obligar?

A los niños lo que más les gusta es jugar. Jugar con las muñecas, con los coches, con sus amigos, con nosotros, con sus hermanos, con el vecino. No hay mayor motivación en la infancia que una promesa de diversión. Así, si queremos que los niños quieran leer, pongamos en sus manos libros divertidos y emocionantes. Llenos de acción y con descripciones escuetas. Tiempo tendrán de llegar al realismo y disfrutar, por ejemplo, de las obras de Galdós.

En este sentido, recordemos que nosotros jugamos el papel de facilitadores, nunca de obligadores. Cuando obligamos a los niños a leer, lo que conseguimos es que se convierta en una actividad que solo funcione bajo la presencia de refuerzos o castigos.

Personalmente, doy gracias a la fortuna por poner a mi alcance aquellos libros que me enamoraron mucho antes de aquellos otros con los que me aburrí profundamente y que solo terminé por la necesidad de aprobar una asignatura. Con los últimos, creo que a lo último que dedicaría mi tiempo sería a leer.

Niña leyendo en una biblioteca

La lectura como un fenómeno global

Por otro lado, existe todo un mundo de lectura más allá de los libros. Están las revistas, por ejemplo. Uno de los regalos que más ilusión les ha hecho a mis sobrinos ha sido la suscripción a una de ellas en la que se publican contenidos adaptados a su edad. También están los cómics, que están repletos de esa misma acción de la que hablábamos antes.

Además, es muy difícil que los niños se acerquen a un libro si no ven a alguien disfrutar leyendo. Igual que disfrutan jugando, también es un hecho que, en la medida de sus posibilidades, tienden a imitar a los adultos. En este sentido, como padres o educadores somos un ejemplo a imitar; la buena noticia es que podemos utilizar esta realidad para conseguir niños amantes de la lectura.

Si nos ven reír delante de la televisión, inmediatamente prestarán atención a la pantalla: entenderán que ese objeto puede producir experiencia divertidas. Lo mismo sucederá con un libro, un cómic o una revista.

Así, hacerles testigos de cómo leemos y de cómo disfrutamos aumentará la posibilidad de la curiosidad, por eso que parece tan divertido que se les convierta en niños amantes de la lectura. Por el contrario, si nosotros no disfrutamos de la lectura, será muy difícil que el resto de iniciativas les animen.

Finalmente, destacar que los niños amantes de la lectura rara vez adquieren este gusto cuando somos nosotros, los adultos, quienes les imponemos unas determinadas lecturas. Es más fácil que lleguemos al hábito si los pequeños tienen autonomía para elegir el formato y el contenido. Así, ¿por qué no dejarles libres en su biblioteca o en la sección dedicada a ellos en la librería?

Hemos visto en este artículo cómo es posible la felicidad lejos de la lectura. También hemos hablado de que, si bien esta idea es cierta, no lo es menos que leer puede ser un auténtico placer.

La lectura es un goce que podemos ayudar a experimentar si ponemos al alcance de los más pequeños opciones divertidas y les inspiramos dejando que sean testigos de cómo disfrutamos con una revista, un cómic o un libro. De esta manera, las excursiones a la biblioteca o a la librería se pueden convertir en uno de los momentos más emocionantes de la semana.