¿Sabes cómo generar un cambio en los demás?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 20 febrero, 2015
Yamila Papa · 20 febrero, 2015

Si has entrado aquí con la idea de aprender a manipular a alguien, te has equivocado. Este artículo va y pretende otra cosa. Así, lo que pretendemos vamos a intentar es darte algunas pautas para que, si quieres, puedas generar un cambio en unas circunstancias en las que no solo intervienes tú, sino también otras personas.

Voy a empezar recomendándos un libro curioso e interesante, “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” de Dale Carnegie. En sus páginas podéis encontrar muy buenos consejos y técnicas para generar un cambio. El escritor lo redactó en el año 1934, sin embargo, leyéndolo hoy podemos seguir tomando sus recomendaciones. Se trata sin dudas de uno de los ejemplares que no pueden faltar en nuestra biblioteca.

Las maneras que tienes a tu disposición para incentivar un cambio en los demás, según Carnegie en su libro son:

-Iniciar la conversación con aprobación y apreciación honestas.

-Marcar los errores del otro sin hacerlo de manera directa.

-Hablar primero de las equivocaciones propias antes de citar las de los demás.

-Dejar que la otra persona se defienda “de las acusaciones” y pueda dar su punto de vista.

-Elogiar cada vez que se produce un cambio o una mejora.

-Generar y fomentar la buena reputación del otro, hablando a terceras personas sobre sus virtudes.

-Usar la motivación y la inspiración para lograr que los errores o fallas se vean como cosas fáciles de modificar.

-Hacer que los demás se sientan felices con las decisiones que han tomado y tú también por los resultados obtenidos.

Entonces, ¿Es posible conseguir cambios en los demás? ¡Por supuesto que sí! Aunque, como siempre ocurre, existen algunas cuestiones a tener en cuenta. En primer lugar, no se trata de moldear a todos los que tenemos al lado para que sean nuestros súbditos, no puedan pensar por sus propios medios y tengan que decirte a todo que sí. Se trata de ayudarles o de favorecer un bien común, nunca de aprovecharte de ellos.

Pongamos un ejemplo sencillo de comprender. Estamos en una relación y nuestra pareja es muy desordenada. Además, tenemos hijos en una edad en la que gatean y se lo llevan todo a la boca. En esta situación, ¿No sería bueno generar un cambio o ayudar a que este se produzca?

Algunos pueden decir “le has conocido de esa manera” o “si no te gusta, puedes conseguir a otro”. Sin embargo, las cosas no son tan absolutas. La primera medida siempre es abrir un diálogo en torno al cambio, es fundamental que la otra persona lo acepte y que entienda lo positivo del mismo. Vamos a necesitar tanto su consentimiento como su ayuda.

Frases como: “siempre lo dejas todo tirado”, “eres un desordenado”,  “me molesta que lo dejes todo de cualquier manera” probablemente no van a tener demasiado éxito. ¿Por qué?

1. Hasta el más desordenado de los desordenados alguna vez ordena, luego ya no es “siempre”.

2. Una persona no lleva en su naturaleza ser un desordenado o ser un ordenado. Una persona practica el desorden, pero esta práctica es cambiable. No podemos cambiar lo que somos, pero sí lo que hacemos.

3. Tus sentimientos de mal estar son tu responsabilidad, no la responsabilidad de tu pareja. No los proyectes sobre el otro o por cualquier cambio que haga nunca terminará tu malestar.

Entonces. ¿Cómo hacerlo? Aglutina razones: siendo más ordenado le niño va a correr menos peligro, vamos a poder causar una mejor impresión a las personas que vengan de fuera, vas a encontrar todo antes, nuestra relación va a mejorar, etc.

Después de conseguir el acuerdo, lo importante es fijar una serie de medidas concretas para llevar a cabo. Esto es importante porque de esta forma trasladamos el compromiso a tareas pendientes en la memoria, mucho más fáciles de ejecutar. Además, con tareas concretas el objetivo va a ser mucho más fácil de evaluar y de recompensar.

influir2

Con pequeños cambios en nuestra actitud y en nuestras palabras, en cómo nos expresamos y en el orden en el que estructuramos nuestro mensaje, podemos ayudar o contribuir al cambio. En otras ocasiones, será necesario ser un ejemplo para que el otro lo siga o bien agradecer y resaltar las pequeñas evoluciones que se produzcan en la dirección que hemos pactado previamente.

Es bueno tener en cuenta que para conseguir el fin acordado, no vale utilizar todo tipo de estrategias. Con esto nos referimos a aquellas que son poco éticas, como el chantaje emocional. No podemos argumentar la razón del cambio en nuestro sufrimiento ni señalarnos como la razón última del mismo.

Ni que decir tiene que frases como “Si no haces esto, es porque me quieres poco” quedan descartadas. Si en el fondo de tu corazón piensas que lo que hace es porque no te quiere, lo que deberías hacer es dejar la relación pero no utilizar esto para manipular.

Por último, te ofrecemos las reglas de Dale Carnegie en el libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas” para tener relaciones más felices:

1- No reniegues ni rechaces sin dar una explicación. Ayuda a la otra persona a construir una explicación sana de tu negativa.

2- No intentes mejorar al otro a toda costa. Los cambios más maravillosos y trascendentales de tu vida van a ser lo que seas capaz de generar en ti.

3- Si criticas, hazlo de manera constructiva. Evita el “esto no se hace así”, cámbialo por “esto se podría hacer mejor de esta manera”.

4- Sé agradecido, atento y no descuides los pequeños detalles.

Esperamos que este artículo te haya sido de ayuda y como siempre esperamos tus comentarios y sugerencias!