Seis pistas para detectar el chantaje emocional

Yamila Papa · 20 abril, 2014

Todos las personas que practican el chantaje emocional tienen rasgos en común, “habilidades” que alimentan su conducta de manipulación o de extorsión. Se nutren del miedo, de la culpa, de la obligación para que la otra persona haga lo que desean.

Los chantajistas emocionales dejan de ver a la otra persona como lo que es y pasan a verla como un mero instrumento al que pueden manipular para conseguir lo que desean sin importarles cómo pueda sentirse.

El chantaje emocional utiliza los sentimientos como arma

El miedo que hay detrás del chantaje emocional

En el uso que hacen o intentan hacer de los demás los chantajistas emocionales el miedo suele adquirir un papel protagonista: pueden tener miedo a perder al otro hasta ser rechazado, dejar de tener poder o de cambiar… Pero casi siempre, se trata de eso, del “miedo a perder” (algo o alguien).

Mujer con miedo

 

Esto puede tener un origen antiguo remontándose a la niñez, por ejemplo. Aunque también puede ser una respuesta automática, la reacción para no enfrentar la baja autoestima, la inseguridad o la falta de confianza en ellos mismos, etc.

Cualquier persona puede ser chantajista, según informan los expertos, dependiendo especialmente del modelo de aprendizaje que haya tenido y de su historial comunicativo. Puede ser más sencillo de lo que se cree que ciertos hechos desencadenen este modo de actuar, como un divorcio, la pérdida del trabajo, una enfermedad, etc.

Con esto no se pretende afirmar que todas las personas que se divorcian, se queden sin empleo o se enfermen sean o vayan a convertirse en chantajistas o manipuladores emocionales, pero lo cierto es que aumentan las probabilidades al existir un hecho que puede actuar como desencadenante.

Cómo te hace sentir un chantajista emocional

De algún modo, cuando una persona comienza a ceder frente a un chantajista el precio que puede llegar a pagar es muy caro. El problema es que no siempre nos damos cuenta de lo que está ocurriendo.

Las personas que practican la extorsión hacen sentir al otro: desequilibrado, avergonzado y sobre todo, culpable. La burla, la manipulación y la falta de acción facilitan que la víctima caiga en la emboscada.

Cuando nos relacionamos con un manipulador emocional podemos empezar a dudar de la capacidad de mantener nuestras propias promesas, perdemos la confianza en nosotros mismos, los niveles de autoestima van descendiendo y lo peor es que nos dejamos convencer con sus tácticas y acabemos perdiendo nuestra integridad, independencia, sueños, deseos, etc.

Mujer dudando de sí misma

 

Si bien un chantaje emocional no está considerado como un abuso psicofísico violento, no por ello deja heridas menos profundas, sino todo lo contrario. Cuando convivimos con una persona con estas características, daña lo más hondo de nuestro ser, algo que es más difícil de recuperar que unos cuantos golpes físicos.

¿Cómo saber si estamos sufriendo chantaje emocional?

Para que el comportamiento del otro pueda ser denominado “chantaje emocional” es preciso que cuente con varios componentes. Analizando los límites es más sencillo saber si estamos en una situación de estas magnitudes:

1 – La exigencia

Los chantajistas no siempre expresan con claridad lo que quieren, sino que permiten que el otro “lo adivine”. Pero no es tan sencilla la ecuación, porque le da tanta importancia al tema que la otra persona no tiene más alternativa que terminar cediendo o aceptando esa situación.

2 – La resistencia

Cuando pensamos diferente al chantajista, no se siente feliz, se enoja, hace que el otro se crea responsable por su tristeza. Se resiste a pensar como su pareja, su amigo, su padre, etc. No acepta nada que no sea como quiere o como le gustaría que fuera.

3 – La presión

Hombre gritándole a otro

 

Cuando se tiene que “enfrentar” a un carácter fuerte es cuando comienza a actuar de una manera más directa o bien esto ocurre cuando le cuesta conseguir lo que desea. Presiona todo el tiempo hasta que el otro cambia de parecer, discute, reclama, llora, grita, se enoja, da igual. La cuestión es que “convence” (no de la mejor manera) de que su punto de vista es el más acertado. Utiliza la culpa y la lástima para continuar con su juego.

4 – La amenaza

Si todavía así no puede conseguir lo que quiere, si ve que sus deseos se chocan con la negativa del otro, comienza a “contar” cuáles pueden llegar a ser las consecuencias por esta decisión equivocada. La amenaza puede ser a través del dolor, de la desdicha o incluso, la muerte. Podrá decir cuánto está sufriendo por esto, que no puede vivir de esta manera, que es mejor separarse, etc.

5 – La obediencia

Como la otra persona no desea verlo mal ni separarse de él/ella, cede y acepta la propuesta, la idea, la opinión. Esto no quiere decir que esté de acuerdo o que haya cambiado de parecer, pero simplemente lo hace para no generar más problemas y para que no sufra. Así, se está empezando a ceder terreno, muy difícil de recuperar.

hombre como maniquí

6 – La reiteración

Si los cincos puntos anteriores vuelven a ocurrir una y otra vez, con un lapso de paz y tranquilidad, es porque estamos en un gran problema. Ya la presión, la lástima, la culpa, echar en cara o el artilugio preferido no será usado para ese tema, sino para otro.

Si te manipula, si te culpa, es chantaje emocional

Y así es como ingresamos en un círculo vicioso del que no se puede escapar. Es vital prestar atención a la primera señal de alerta de chantaje emocional, el primer “si me dejas me mato” o “no podré vivir sin ti”, porque después puede ser demasiado tarde.