Mantener la concentración en la época de las distracciones

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 mayo, 2018
María Hoyos · 15 mayo, 2018

Vivimos en un mundo globalizado, donde las demandas son constantes y se nos exige la eficiencia y la rapidez. Tenemos plazos cada vez más ajustados y menos tiempo que distribuir como queramos. Así, a menudo es inevitable que seamos incapaces de mantener la concentración y que se nos solapen las actividades. Como consecuencia, para ahorrar tiempo, nuestra mente intenta ocuparse de más de una tarea a la vez. Esta forma de trabajar muchas veces termina en desastre, ya que la cantidad de estímulos relevantes también aumenta, nuestra atención se fatiga y no tardamos en perder la concentración.

A continuación, veremos cuáles son las distracciones más habituales a las que nos enfrentamos, así como algunas formas de controlarlas. De esta manera, no permitiremos que nos “molesten”, por ejemplo, tareas que no vamos a realizar en el presente más inmediato. En este sentido, no son solo los estímulos externos los que nos pueden distraer, sino también los pensamientos intrusivos, a menudo en forma de preocupaciones, que no tienen nada que ver con lo que estamos haciendo.

¿Por qué nos distraemos?

Perdemos la concentración porque de alguna manera estamos programados para ello. Nuestro cerebro, en su caja de estrategias, tiene múltiples formas de defensa que implican a la concentración.

Mujer preocupada por ser incapaz de mantener la concentración

Una muy importante tiene que ver con el dolor: solemos apartar la atención de aquello que nos hace o nos ha hecho daño, con el fin de no sufrir. Es una habilidad sobre la que podemos actuar: generalmente, las personas deciden apartarse de aquello que las hiere, buscando una vía de escape. Este daño puede ser psicológico o físico: buscar una actividad para evitar asaltar la nevera también es una forma de distracción.

Viéndolo de esta forma, las distracciones son positivas o, al menos, pueden jugar a nuestro favor. Sin embargo, la imagen mental que nos formamos al hablar de las distracciones es negativa. Esto es porque la falta de concentración en muchos casos nos enlentece y perjudica nuestra ejecución. A menudo, el problema es que soltamos el control de nuestra atención y dejamos que sea el entorno o los pensamientos aleatorios los que la dirijan.

¿Qué nos distrae?

Hay distracciones tan antiguas como el ser humano, otras son consecuencia del estilo de vida moderno. Podemos distraernos con el vuelo de una mosca o con la luz parpadeante de nuestro teléfono. También es importante entender que existen patologías que afectan directamente a la atención, aunque aquí nos centraremos en cuestiones que podemos solucionar sin requerir tratamientos médicos.

No todos somos igual de susceptibles a las distracciones, pero muchos coincidimos en que, tras la llegada de las nuevas tecnologías, nuestra forma de relacionarnos con el entorno ha cambiado. Hoy en día manejamos nuestra vida en dos planos: el físico y el virtual. El problema directamente relacionado con la existencia de estas dos vidas es no dejamos de ser un único individuo.

El tiempo con el que contamos es el mismo que con el que contábamos hace 100 años. De hecho, según un estudio de la plataforma Udemy, el 36% de los “millenials” y la “generación Z” dicen pasar 2 horas o más al día mirando sus teléfonos y realizando actividades personales en ellos. Esas dos horas hace 100 años podrían suponer un pequeño descanso, un rato de lectura o un paseo por el parque. Una vez entendido esto, será más fácil poner en práctica algunos ejercicios de concentración.

¿Qué puedo hacer para mantener la concentración?

Estos son algunos de los ejercicios que puedes realizar para mantener la concentración:

  • Establece prioridades: ni el trabajo ni la familia ni tu perfil de Facebook lo son todo. Elige qué es importante para ti y qué no para poder relegar a un segundo plano aquello que no es fundamental en tu vida.
  • Entiende que las distracciones son necesarias: no somos máquinas; necesitamos descansar, comer, y socializar. Para practicar esto puedes escribir en tu calendario no solo aquellas tareas que necesitas tener listas para el trabajo, sino también las salidas con los amigos, tu rato de lectura y un café con los amigos. Si lo consideras importante, ¿por qué no está en tu agenda?
  • Desconecta: como hemos visto, nuestra vida virtual se resta de la física. Si te preocupa tu uso de las redes sociales, destina un momento del día para ello, con un tiempo limitado.
  • Haz una tarea cada vez: nos han intentado convencer de que la multitarea (multitasking) es para todos, pero si sufres al mantener la concentración en dos cosas al mismo tiempo, quizá no sea la mejor estrategia. Trata de completar las actividades que comienzas, una a una.
  • Plantea retos posibles: no trates de ser quien no eres. Si sabes que no eres capaz de terminar algo en dos horas, no te engañes, trata de darte el tiempo que realmente necesitas.

Mujer respirando con los ojos cerrados

Como vemos, la distracción es algo natural que no debe preocuparnos en exceso. De no tratarse de la consecuencia de una patología, es importante controlarlas, pero también aceptarlas.

Nuestro cerebro no está programado para estar activo a un rendimiento alto cuando nosotros lo necesitemos. Debemos aprender a interpretar lo que nuestro cuerpo pide y dárselo. Toma un descanso, come, ejercítate. Todo esto repercutirá positivamente en tu capacidad de mantener la concentración.