Cómo relacionarse con una persona autista

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 16 julio, 2018
Sara Clemente · 16 julio, 2018

Si pensamos en un niño con autismo, quizá nos dejemos llevar por el rasgo más conocido de este trastorno: el ensimismamiento. Nos imaginamos a un pequeño extravagante, absorto en su realidad, que no juega ni tampoco habla con nadie. Tal es así, que ignora al resto del mundo, incluyendo a sus padres y familiares más cercanos. Por eso, es tan importante saber relacionarse con una persona autista.

El autismo es un trastorno generalizado del desarrollo, que afecta a la persona durante toda su vida y se manifiesta antes de los 3 años de edad. Según el DSM-5, se caracteriza por deficiencias en la comunicación y las relaciones sociales; por la alteración de los patrones de comportamiento y por intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.

Explícale tus emociones

Los sujetos con este tipo de trastorno del espectro autista (TEA) padecen lo que se conoce como ceguera mental. Un término basado en la teoría de la mente, que se refiere a la incapacidad para atribuir estados mentales a sí mismo y a los demás. Esto está muy relacionado con la falta de empatía. Es decir, no saben leer las emociones, ni tampoco expresar las suyas propias.

Por eso, para relacionarse con una persona autista adecuadamente es esencial la paciencia y la comprensión. Para socializar con él, es fundamental que le expliques cómo te sientes y el porqué de tus emociones. Si eres capaz de establecer una buena conexión con el niño o el adulto autista, su introversión, ausencia de reciprocidad social y de sus respuestas emocionales podrán verse disminuidas y favorecer esa interacción.

Madre con hija autista

Adecúa las reglas sociales a sus valores

En muchas ocasiones, los autistas tienen un fuerte sentido de la justicia. Incluso pueden llevarla al extremo. Pongamos un ejemplo. Acudimos con un adolescente que padece este trastorno a un concierto de su cantante favorito. Pero hay una larga fila esperando a entrar en el pabellón.

Este niño puede creer que está al principio de la cola, y no al final a pesar de haber llegado el último, porque es su fan número uno. Su convicción puede hacer que empuje a los que están esperando y se cuele sin contemplaciones ni remordimientos. Pero hay que tener en cuenta que para él, no es saltarse la cola, sino lo justo.

Por eso, la persona que le acompañe ha de hacer gala una vez más de su tolerancia y paciencia y explicarle que cuando se llega a un sitio nuevo, hay que ponerse al final de la fila. Explicándoles cómo encaja esa regla social en sus valores se pueden realizar grandes avances.

Realiza cambios graduales

Otra peculiaridad del autismo es la preocupación por preservar la invariabilidad del medio. Debido a su hipersensibilización al cambio, pueden presentar malestar ante modificaciones irrelevantes, que el resto de personas perciben sin importancia o muy sutiles. Por ejemplo, pueden sentir malestar cuando las cortinas se abren o cuando encuentran su silla desplazada unos centímetros.

La introducción o explicación de estas pequeñas alteraciones en su entorno son fundamentales. Si no se les avisa o pide “permiso” de esos cambios, pueden reaccionar de manera exagerada y hasta llegar a autolesionarse.

Rutina, conductas estereotipadas

Esa hipersensibilización está muy relacionada con la importancia que tiene la rutina para estos pequeños. De hecho, suele ser un aspecto crucial en sus vidas, sin el cual, las dificultades para relacionarse socialmente se incrementan exponencialmente. Por eso, a la hora de relacionarse con una persona autista, se deben tener en cuenta las costumbres y las actividades que realiza, respetando sus tiempos, su espacio y su manera de ejecutarlas.

Ten en cuenta sus habilidades

Alrededor de un 60% de las personas autistas presenta un cociente intelectual por debajo de 50. Esto evidencia un déficit intelectual importante. No obstante, también es cierto que estos niños obtienen mejores resultados en tests que miden habilidades manipulativas o visoespaciales; así como los que evalúan memoria automática.

Mujer con un niño autista hablando sobre sus habilidades

No cortes su autoestimulación

Es un síntoma característico de este tipo de TEA, la realización de conductas autoestimuladoras (repetitivas y estereotipadas). Por ejemplo, el balanceo, aplaudir con las manos, dar vueltas a los objetos, ponerse siempre la misma ropa, manifestar una obsesión constante al hablar del mismo tema o repetir palabras que ha escuchado (ecolalia).

Estos comportamientos son persistentes y con el tiempo suelen agravarse. Su función es proporcionar al niño de retroalimentación sensorial o cinestésica. Pero, ¡cuidado! Porque para relacionarse con una persona autista de manera adecuada se ha tener en cuenta que cortarle o interferir en ese momento de automatismo puede ser contraproducente. Es más conveniente ignorarle sistemáticamente o reforzar otro tipo de conductas que motiven al niño.

Como se puede observar, mantener una interacción social adecuada con una persona con autismo es difícil. Por eso, conocer este trastorno en profundidad es el primer requisito deseable para todos aquellos que deseéis establecer un vínculo afectivo o una buena conexión con ella.